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Sergio Reggiani, coleccionista de Boca Juniors en Quito: 305 camisetas y una promesa para su última morada
En el valle de Los Chillos, Sergio Reggiani convirtió su casa en un espacio dedicado a la música y a Boca Juniors, con una colección de 305 camisetas azul y oro protegidas del tiempo. El músico, que llegó a Ecuador en 2003, explica por qué asegura que “me enterrarán con alguna camiseta de Boca” y qué piezas especiales conserva.
Sergio Reggiani, músico y coleccionista de camisetas de Boca Juniors, transformó su casa en Quito en un lugar que funciona como museo y santuario. En el valle de Los Chillos, la vivienda no se presenta como una residencia convencional: cada rincón está pensado para honrar sus dos pasiones, la música y el equipo argentino.
El ambiente es cálido y rústico. La luz natural entra desde grandes ventanales y, en la sala, se destaca un mueble de madera gruesa con instrumentos de percusión, entre redoblantes y timbales. Reggiani es baterista, dio clases musicales en la Universidad de las Américas y compartió escenario con artistas como Juan Fernando Velasco, Alberto Plaza y Sergio Sacoto.
Sin embargo, su tesoro principal está junto al dormitorio. En el walking closet, iluminado con luces cálidas, reposan 305 camisetas azul y oro de Boca Juniors, rival de Barcelona SC en la jornada del 5 de mayo de 2026 por la Copa Libertadores. Para resguardarlas de la humedad y del deterioro, utiliza fundas de polipropileno y mantiene el orden con etiquetas, como si fueran piezas de museo.
Reggiani evita manipularlas de forma brusca: las acomoda con cuidado y el contacto con las bolsas de plástico produce un sonido suave mientras desliza las perchas, en un clima de respeto por la historia que representan las prendas.
Desde camisetas históricas hasta prototipos
Reggiani, de pelo cano, esbelto y con una actitud amigable, vive en Ecuador desde 2003. Llegó para dictar cursos de música, pero con el tiempo se vinculó con Quito, sus montañas y su gente. Hincha de Boca desde niño, en 2005 comenzó a adquirir camisetas: primero una, luego dos, tres y hasta 10. Con los años superó las 300.
Para hablar del coleccionismo, cita a José Saramago y su idea del horizonte, y sostiene que le ocurre algo similar con las camisetas: cree que las tiene todas, pero aparecen modelos inéditos.
Entre las prendas que distinguen su colección se encuentran camisetas usadas por figuras ligadas a Boca. Menciona una camiseta utilizada por Guillermo Barros Schelotto en 1998. También conserva una usada por Matías Silvestre en la final de la Copa Intercontinental de 2007, y otra de 2003 sudada por Raúl Cascini, en otra Intercontinental de 2003 e intercambiada con Andrea Pirlo.
Reggiani cuenta que, al parecer, Pirlo regaló una camiseta de Boca Juniors a un amigo, quien la comercializó en e Bay. Describe el recorrido del modelo: una Nike con tecnología Cool Motion y el nombre de Raúl Cascini en la parte superior de la espalda, que viajó desde Italia hasta un lugar entre los balnearios de El Tingo y La Merced, en el oriente de Quito.
Además, en su colección hay prendas de utilería y camisetas que solo fueron usadas en uno o dos partidos. Reggiani también busca una reliquia vinculada al título de 1992: una camiseta cuadriculada con el logo de Parmalat en el pecho. Afirma que “solo se usó una vez” en un encuentro que Boca ganó 1-0 a Rosario Central, y lo recuerda con precisión.
Asimismo, sostiene que está tras una camiseta del equipo de voleibol de Boca Juniors usada en 2007: “toda blanca y con una franja azul, como Gimnasia de La Plata”. Explica que la vio una vez y se le escapó, pero asegura que está cerca de conseguirla.
Música y fe azul y oro
La colección no es el único eje de su vida. En su casa, la pasión musical se refleja en una batería Gretsch con platillos Zildjian. Con picardía, comenta que cuando coinciden conciertos con partidos del 'xeneize', coloca el celular cerca de su estación de trabajo para seguir el desarrollo del juego.
Reggiani define a Boca como parte central de su identidad: “Boca es mi patria. Si tengo que escoger entre la bandera argentina y la de Boca, escojo la de Boca”. Su fe en los colores azul y amarillo se traduce en una representación simbólica para sus camisetas: “La camiseta de Boca es un escudo de vida. Yo tengo un mal día, un día difícil y me pongo una camiseta del equipo o un pin y digo: yo puedo con esto”.
Asegura que su coleccionismo se mueve con prudencia y que no incurriría en desvaríos financieros ni en deudas para conseguir una rareza. Aun así, reconoce una rutina de vigilancia: en más de una ocasión ha dejado la pantalla del computador encendida durante la noche y programado alarmas para no perder oportunidades.
También ha recibido propuestas “equivalentes al precio de un auto” para vender alguna de sus camisetas, pero no cedió a la tentación de comercializarlas. Aunque no descarta hacerlo en el futuro si aparecieran emergencias médicas o personales.
Una visita a la cancha el 5 de mayo de 2026
El 5 de mayo de 2026, Reggiani planea estar en las gradas del estadio Banco Pichincha apoyando a Boca Juniors en el partido ante Barcelona SC, correspondiente a la Fecha 4 de la fase de grupos de la Copa Libertadores. Sobre su futuro, afirma con convicción cómo quiere despedirse: “Me enterrarán con alguna camiseta de Boca Juniors, eso es seguro. Cuando me muera voy a elegir una para que me entierren con ella y los bichos saben que no me lo pueden comer tampoco”.
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