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Hace un siglo llegó George Capwell a Guayaquil: el impulso que marcó a Emelec y al deporte porteño

Imagen gracias a: El Universo

Hace un siglo llegó George Capwell a Guayaquil: el impulso que marcó a Emelec y al deporte porteño

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En 1926 arribó a Guayaquil George Capwell, quien en 1929 dio vida legal a Club Sport Emelec y consolidó una etapa decisiva para el fútbol y otras disciplinas. Su legado material fue la construcción del estadio que lleva su nombre y que luego albergó el Campeonato Sudamericano de Fútbol en 1947.

Jorge Rivadeneira Vergara, hermano menor de River, el caricaturista deportivo que durante casi sesenta años deleitó a los lectores de EL UNIVERSO, recordó con su comentario que la visión y el buen humor también forman parte del folclore futbolero. Mientras tanto, por el lado de Emelec, el recuerdo de su pasado brillante sigue vigente, aunque el presente administrativo enfrente críticas y tensiones entre socios e hinchas.

En ese contexto, Juan Sebastián Vera, un joven seguidor eléctrico dedicado a investigar la trayectoria de George Capwell en Guayaquil, ha reunido hallazgos sobre la historia del “Gringo guayaquileño”. Entre los datos que tiene listos, figura que Capwell no era enemigo del fútbol, como se ha sostenido hasta hoy. También conserva un borrador de una alineación de fines de los años 20 en la que Capwell aparece como defensor en un partido, y trabaja en un libro con revelaciones sobre su vida deportiva, aunque hoy le cuesta encontrar apoyo para publicarlo.

Vera también recordó el centenario del arribo de George Capwell a Guayaquil. El nuevo funcionario de la Empresa Eléctrica llegó el 14 de abril de 1926, acompañado del belga Gustavo Bross y sus compatriotas Kart O’Brien y Nathan Myers. El cargo asignado era el de ingeniero eléctrico en la planta que se instalaba en las calles Eloy Alfaro y Portete. En enero de 1927, fue promovido a Superintendente General de la Empresa Eléctrica del Ecuador.

A partir de 1926 y durante veinte años, el deporte guayaquileño tuvo en George Capwell a uno de sus principales impulsores. Nacido a inicios del siglo XX en Olean, estado de Nueva York, Capwell dio un paso clave en 1929 al lograr la vida legal del Club Sport Emelec. Con el tiempo, el club se convertiría en una de las entidades más importantes de los años 30 y siguientes, destacando por sus éxitos deportivos, por el ejemplo de su estructura institucional y por la disciplina rigurosa que se aplicaba dentro de la organización.

Entre 1929 y 1946, la vida de Emelec giró alrededor de la personalidad arrolladora de Capwell. No solo fue el organizador y propulsor del club, sino también el deportista apasionado que competía en las piletas, en los diamantes beisboleros y en los courts de baloncesto, contribuyendo a que Emelec sumara múltiples títulos que engrandecieron su historia y que permanecen como orgullo hasta el día de hoy.

Esa pasión deportiva generó rivalidades con otros clubes y empujó el crecimiento del deporte guayaquileño. Guayaquil llegó a ser conocida como la “Capital Deportiva del Ecuador” por el aumento, en cantidad y calidad, de clubes que tenían como objetivo principal vencer a Capwell y al Emelec. Así surgieron duelos con Liga Deportiva Estudiantil (LDE) en natación, béisbol y básquet, que se mantuvieron durante toda la década del 30. Con Capwell como receptor y con el aporte de grandes jugadores nacionales y estadounidenses, Emelec tuvo que competir intensamente en los diamantes no solo contra LDE, sino también contra Oriente y Maldonado. En los años 40, la disputa beisbolera alcanzó un nivel épico entre Emelec, Reed Club, Oriente, Barcelona y Everest, y esa etapa formó parte de la grandeza que luego permitió al béisbol conquistar dos títulos sudamericanos en años posteriores.

En natación y saltos ornamentales, Capwell también influyó en la tecnificación. En esas disciplinas había sido un as durante su permanencia en la Zona del Canal, Panamá, y en el Rensselaer Polytechnic Institute de Troy, Nueva York, donde se graduó de ingeniero eléctrico. En el mismo periodo se dieron duelos en la pileta entre Capwell y el joven velocista porteño Luis Alcívar Elizalde, quien fue el primero en derrotarlo en los 50 metros estilo libre.

La rivalidad entre Emelec y LDE en las piscinas impulsó un crecimiento cualitativo que desembocó en la “Hazaña de Lima”, cuando Ecuador conquistó el título sudamericano en Lima en 1938. De manera similar, se reflejó en las pruebas desde el trampolín de la Piscina del Malecón entre el Gringo y los saltadores nacionales Elí Jojó Barreiro, Oswaldo Reinoso y Fidel Miranda, de Liga Deportiva Estudiantil.

Capwell sobresalió además en el baloncesto y sostuvo en los años 30 el duelo clásico guayaquileño entre Emelec y la LDE, iniciado en 1929 y que se mantendría por al menos tres décadas. Entre las batallas más recordadas se mencionan las protagonizadas por los eléctricos encabezados por Christian Bjarner y los ligados capitaneados por Juvenal Sáenz. Más adelante, Justo Cuto Morán y Alfonso Quiñónez elevaron la enseña emelecista frente a la LDE de Juvenal Sáenz, Víctor Caballito Zevallos y Miguel Cuchivive Castillo, además del Athletic de Alfredo Arroyave y el Nene Guerrero; el Everest de Édgar Andrade y el Ferroviarios de Pablo Sandiford, Herminio García, Gonzalo Aparicio y Samuel Cisneros.

En los rings porteños también se vivieron batallas entre emelecistas y púgiles de otros clubes. Sin el aporte de Capwell y la rivalidad generada por Emelec, no habrían surgido boxeadores como Eloy Carrillo, Ruffo López, Carlos Guapala Paladines, Diógenes Fernández, Pepe Barriga, César Salazar Navas, Luis Robles Plaza y muchos más.

La otra obra capital de Capwell, en lo material, fue la construcción del estadio que fue bautizado con su nombre por los socios de Emelec. Agradecidos por haber dado a Guayaquil un escenario elegante con cancha de césped —el primero en la ciudad—, el recinto se levantó inicialmente para el béisbol, pero luego se convirtió en el lugar donde el fútbol alcanzaría cotas de gran popularidad. Ese estadio sería sede del Campeonato Sudamericano de Fútbol en 1947.

El doctor Raúl Clemente Huerta, socio de Emelec, se refirió a Capwell en un artículo publicado en El Telégrafo el 28 de diciembre de 1956: “Las primeras raíces, la savia vital, la trajo aquel extraordinario ‘gringo’ Capwell, que pronto vino a constituirse en una suerte de institución guayaquileña. Es que George Capwell no solo fue y es un gran deportista como cultor del músculo y de la destreza física. Fue mucho más. Fue un forjador de hombres. Bajo la égida de su energía y personalidad múltiple, surgió una generación que, al par que aspiraba a obtener la victoria en las lides deportivas, mantenía un alto sentido del pundonor y la caballerosidad”.

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