
Imagen gracias a: El Universo
PSG y Bayern protagonizaron un duelo histórico que reaviva el debate sobre el fútbol de antes y de ahora
El partido PSG 5 - Bayern Munich 4 dejó una sensación difícil de igualar: ambición ofensiva, ritmo altísimo, intensidad y definición. A la vez, volvió a surgir la discusión sobre si el fútbol actual es mejor o si solo es distinto al de décadas pasadas.
Recuerdos de pantallas antiguas y la evolución del deporte se mezclan en una misma idea: el fútbol de hoy impresiona por su velocidad, por la información disponible y por el nivel físico y técnico de los protagonistas. Antes, mirar un partido implicaba imaginar jugadas con pocos recursos: señal irregular, pocas cámaras y una imagen que a veces no acompañaba. Con el paso de los años, la experiencia se transformó por completo.
Esa comparación también aparece en la forma de entender el juego. Con 8 años, la primera visita a la cancha de Independiente quedó marcada con Independiente 2 - River 1. Fue en un estadio viejo, con el campo poceado y poca presencia de césped, donde el fútbol se vivía con romanticismo y sencillez. En aquella época no había VAR ni cambios, los arbitrajes eran muy malos y el ritmo parecía más lento: grandes espacios, marcas a distancia y un juego que se movía a dos kilómetros por hora. Aun con ese contexto, el gusto por el fútbol se consolidó, con ídolos de los 60 y 70 como Pavoni, Yazalde, Bernao, Santoro y Pastoriza.
Sin embargo, el reconocimiento del fútbol actual no se discute: se lo considera superior, producto de 150 años de evolución. Esa evolución se explica por la acumulación de experiencias y la transferencia de conocimientos. En esa línea, el foco se pone en el partido del martes pasado: Paris Saint Germain 5 - Bayern Munich 4, un choque que inmediatamente después del pitazo final instaló una gran pregunta en medios de todo el mundo: si había sido el mejor partido de la historia del fútbol.
La respuesta es difícil. Lo que se destaca no es solo la cantidad de goles (nueve), sino la ambición ofensiva de los dos equipos, el planteamiento generoso de los técnicos, el ritmo supersónico con que se jugó y la definición en muchos de los tantos. También sobresalió el ida y vuelta, la intensidad y varias actuaciones individuales. Hubo entrega, presión y técnica, con un desarrollo que hacía que, si alguien se levantaba, se perdían goles. Todo ocurrió además con las dificultades propias del fútbol moderno: pocos espacios, marcas encima, presión, velocidad que favorece el error y arqueros mucho más efectivos.
El juego se volvió especialmente desbordado y los protagonistas mostraron un costado más libre, como si se hubieran soltado ataduras e instrucciones. En una semifinal de Champions, el resultado pesa y nadie lo olvida. Y no es un caso aislado: se mencionan otros enfrentamientos notables en Champions. Antes, en etapas en las que se buscaba el 0 a 0, se decía que en semifinales había que cuidarse. También se recuerda el año anterior, cuando el Inter venció al Barcelona 4 a 3, luego de una ida que había terminado 3 a 3. En la final, el PSG cerró con un 5 a 0 ante el Inter.
A pesar de lo que dejó el partido, surgieron críticas, especialmente desde el periodismo: “Falta de rigor defensivo”, “Planteamientos demasiado abiertos”, “Defensas mal posicionadas”, “Muchos errores individuales” y “No hubo control táctico”. Luis Enrique, DT del PSG, respondió con dureza, calificando esas críticas como “críticas de mierda”, y añadió que los atacantes superaron muchas veces a los defensas, pero no porque hubiera un mal trabajo defensivo. La idea central de la defensa de ese análisis es que no hubo fallas puntuales en los goles, ni problemas de marcación o de ubicación; la virtud estuvo en el ataque.
En redes sociales también se multiplicaron las opiniones en contra de las alabanzas. Se menciona a Juan Mojica, quien escribió que batir récords actuales no implica que los atletas de antes fueran malos, sino que hubo avances en preparación física, tecnología y recuperación, y que con la preparación de hoy seguramente Pelé sería el mejor jugador del mundo. Esa postura refuerza el argumento de que no se trata de que una época sea “mala” y la otra “buena”, sino de que el deporte avanzó y el espectáculo es hoy más veloz, más vivaz y mejor jugado, aun con mayor oposición.
Frente a quienes preferirían un 1 a 0 en un partido cerrado, la postura es que no hace falta negar el pasado para valorar lo actual. Se plantea un “túnel del tiempo” hacia 1960: la exhibición de fútbol que se ve hoy no habría existido con la misma forma. Y, aun así, la discusión se mantiene: hay quienes se aferran a la Edad de Piedra y reclaman tecnología para la vida cotidiana, pero quieren que el fútbol sea como en 1930.
En ese debate aparece otra comparación: en Colombia se comentó que antes había varios mejores que Luis Díaz, y se plantea una negativa a esa idea. También en Ecuador se asegura que Willian Pacho no tendría comparación inicial con zagueros de los años 50, y se insiste en que no existían “Pachos” ni “Hincapiés”. Bajo esa lógica, se sostiene que sí se pueden comparar épocas por jerarquía, logros y grado de dificultad, y que la actualidad es más exigente.
La dificultad actual se explica por velocidad, falta de tiempo y espacios, presión de marca e intensidad. Se argumenta que los defensores son atletas fuertes y ágiles, los arqueros mejoraron “un mil por ciento”, y que antes defendían cinco y ahora diez. Además, el volumen de información sobre el rival es enorme: se recuerda el caso de 1958, cuando Garrincha debutó frente a Rusia y su marcador no sabía nada sobre él, mientras que hoy el defensor que tendría que custodiarlo habría visto videos y tomaría recaudos, con indicaciones como “anticípalo”.
Con todo eso, el cierre del razonamiento es directo: en cualquier partido de la Premier o de la Champions de hoy resulta más complejo destacar que en décadas anteriores. Por eso, lo de ahora se considera extraordinario y se invita a aceptarlo, tomando como ejemplo el PSG 5 - Bayern Munich 4.
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