Raúl Toledo: del viaje con USD 1 y la calle en Nueva York a seis barberías y una caída de más de USD 1 millón por la pandemia

Imagen gracias a: Primicias

Raúl Toledo: del viaje con USD 1 y la calle en Nueva York a seis barberías y una caída de más de USD 1 millón por la pandemia

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Raúl Toledo, migrante ecuatoriano que llegó a Nueva York con prácticamente nada, aprendió la carpintería y la barbería, construyó un negocio con seis locales en Queens y empleó a decenas de personas. La pandemia cerró sus puertas y lo llevó a pérdidas que calcula en más de USD 1 millón, mientras él continúa pagando deudas y mirando hacia el futuro.

Raúl Toledo recuerda su infancia en Cuenca y la vida en un hogar humilde, donde estudiar lo básico era apenas el punto de partida antes de salir a buscar trabajo. Hijo de agricultores, creció en una familia de 10 hermanos y relata que sus padres insistieron en que todos cursaran lo necesario, mientras cada uno se encargaba de buscar su sustento.

“Somos 10 hermanos. La situación era muy difícil. Mi papá y mi mamá nos hicieron estudiar lo básico y teníamos que salir cada quien a buscar nuestras fuentes de trabajo para poder ayudar”, dijo en una entrevista con PRIMICIAS desde Nueva York.

Desde joven, Toledo se enfocó en oficios que terminarían definiendo su camino: la carpintería y la barbería. A los 15 años ya cortaba el pelo, una habilidad que con el tiempo se convertiría en su herramienta de supervivencia en Estados Unidos.

Al observar Nueva York como “la ciudad de las oportunidades”, su aspiración era más concreta: llegar para reunir USD 10.000 y comprar un carro. “Yo venía solamente para juntar USD 10.000 y comprarme un carro. Era mi máximo sueño y a lo que aspiraba unos meses después de trabajar en Nueva York. Siempre me ha gustado trabajar y siempre me han gustado los retos”, explicó.

El trayecto hacia Estados Unidos fue una prueba larga. Toledo salió de Ecuador y tardó cerca de siete meses en llegar a Estados Unidos, caminando durante extensos tramos por Centroamérica, enfrentando engaños de coyotes y perdiendo parte del dinero que llevaba. “Caminé por casi tres meses. Los coyotes a uno lo robaban, lo dejaban botado. Gracias a Dios avancé a llegar a este país”.

Cuando arribó a Nueva York, en 2003, lo hizo con apenas USD 1. “Yo llegué aquí a Nueva York con USD 1”. Aunque tenía familiares en Estados Unidos, decidió abrirse camino sin depender de ellos. “Tengo muchos primos acá, pero emprendí solo y tengo la suerte de decir que no les pedí favor a ninguno de ellos. Me desenvolví solo”.

Los primeros meses fueron los más duros. Sin dinero, sin empleo y sin un lugar donde dormir, vivió tres meses en las calles de Nueva York. Durante semanas, sobrevivió sin comida, sin agua y sin acceso a una ducha. “Yo tenía como cuatro o cinco días andando en la calle. Sin comer, sin agua, sin tener dónde dormir, sin dónde bañarse”. Toledo asegura que esa etapa fue de las más difíciles que vivió y que, más allá del hambre, le aterraba la noche: “La noche. La noche sin saber dónde caer, qué le va a pasar en un país sumamente extraño que uno no conocía de nada”.

La situación comenzó a cambiar cuando aparecieron dos personas que influyeron directamente en su destino. Primero, un mexicano lo encontró desanimado en la calle y le habló de una oportunidad laboral. Después, una mujer dominicana decidió darle trabajo en una barbería. “Ella me abrió las puertas de su negocio y empecé a trabajar”, contó. Esa posibilidad le permitió salir de la calle y reconstruir su vida.

Antes de alcanzar estabilidad, también enfrentó obstáculos dentro de su propia comunidad. Al buscar empleo en una barbería donde trabajaban ecuatorianos, uno de ellos le pidió USD 300 para hacerle una prueba y permitirle trabajar. “El mismo paisano me quería cobrar USD 300 por enseñarme y para darme el trabajo”. Sin dinero para pagar ni herramientas propias, aquella puerta se cerró.

Toledo llegó endeudado. Calcula que el viaje le costó unos USD 16.000, pero entre préstamos, intereses y pérdidas durante la travesía, la deuda superaba los USD 30.000. En su primera semana de trabajo, sus ingresos fueron bajos: “Ganaba USD 70 a la semana. Con las propinas llegaba a USD 80 o 100”. Trabajaba de día como barbero y, en las noches, limpiaba restaurantes y oficinas hasta las cinco de la mañana: “Me pagaban USD 270 por semana”. Su objetivo era pagar deudas, alquilar un cuarto y comenzar desde cero.

Con el tiempo, el esfuerzo se convirtió en un proyecto propio. En 2008 abrió su primera barbería propia en Nueva York. La decisión nació de su inconformidad con las reglas de los negocios donde había trabajado: no le gustaba el trato distante hacia los clientes ni prácticas que, según él, alejaban a las personas. Con el avance del negocio, Toledo llegó a tener seis locales distribuidos en Queens antes de la pandemia.

El emprendimiento creció y generó empleo para decenas de personas. En total, contaba con 65 empleados entre barberos, manicuristas, personal de limpieza y su contador de confianza. Para Toledo, ese momento significó estabilidad económica, reconocimiento y una estructura empresarial sólida.

Luego llegó la pandemia y, de acuerdo con su relato, todo se derrumbó. Los locales tuvieron que cerrar y él pasó seis meses enfermo en casa. “Seis meses que casi me mató el Covid-19”. Mientras tanto, las rentas continuaban acumulándose: cada mes debía pagar aproximadamente USD 63.000 solo en arriendos. Por seis meses, se endeudó en más de USD 300.000.

Cuando pudo regresar, encontró órdenes de desalojo en varios negocios. Los propietarios exigían pagos imposibles para permitir la reapertura de los locales. Además, por su situación migratoria en ese momento, no accedió a ayudas gubernamentales y considera que las asesorías que recibió fueron equivocadas. “No tuve ayuda del Gobierno. No pude hacer nada. Es perder mis negocios, cerrar los negocios”.

La magnitud de las pérdidas le resulta difícil de medir. “La inversión mía fue de USD 770.000 y más 300 mil que me quedó a rentas. Para mí fue sobre USD 1 millón”. A ello se sumó un préstamo de USD 100.000 obtenido en Ecuador para invertir en Estados Unidos: “Para mí ha sido ese tiro mortal al cuello”.

Tras el golpe, Toledo se dedicó durante los últimos años a pagar deudas, vender activos y reconstruir lentamente su economía. “Ha sido un reto. Privarse de muchas cosas, buscar nuevas metas, nuevas salidas, pensar cómo echar para adelante”. Hoy conserva un negocio, mantiene una clientela construida durante más de dos décadas y afirma que mira el futuro con optimismo.

Aunque lleva más de dos décadas en Estados Unidos, aún no ha regresado a su país. Son 24 años sin pisar Ecuador. Dice que hoy tiene documentos, estabilidad y la posibilidad de viajar, pero reconoce que siente nervios por volver a un lugar que ya no reconoce, porque todo será nuevo y diferente. Aun así, conserva intacto el deseo de reencontrarse con su familia: “Pienso uno de estos días sorprenderle a mi familia y regresar a disfrutar con mi gente”.

Sus padres siguen vivos y también sus dos hijas, a quienes describe como su mayor orgullo. Una de ellas, por la que decidió emigrar, ya es médica. “Yo vine aquí a trabajar para que mi hija pudiera estudiar. Hoy en día mi hija es médico y me da tanto orgullo”.

Con 44 años, después de llegar con USD 1, dormir en la calle, construir seis negocios y perder más de USD 1 millón, Raúl Toledo sostiene la misma convicción que lo acompañó desde Cuenca: “Doy gracias a Dios por darme salud, darme vida y darme la oportunidad de llegar a este país”.

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