Polémica electoral en Colombia rompe la camiseta de la selección antes del Mundial

Imagen gracias a: El País (América)

Polémica electoral en Colombia rompe la camiseta de la selección antes del Mundial

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Abelardo de la Espriella, candidato de ultraderecha, busca apropiarse de la camiseta amarilla de la selección Colombia y una jueza de Bogotá le prohíbe usarla en actividades de campaña. Iván Cepeda, del Pacto Histórico, reordena su estrategia y convierte el fútbol en eje de su narrativa para defender la prenda como símbolo nacional.

La rivalidad entre el senador de izquierda Iván Cepeda y el abogado de ultraderecha Abelardo de la Espriella, ambos finalistas de la segunda vuelta presidencial en Colombia, ha terminado por instalar una disputa alrededor de la camiseta amarilla de la selección nacional de fútbol. Aunque el Mundial de Norteamérica 2026 aún no inicia, la campaña, marcada por una polarización extrema y por dos proyectos políticos abiertamente enfrentados, ha comenzado con una lucha por el símbolo más visible del fútbol colombiano.

De la Espriella, vencedor de la primera vuelta y seguidor de la línea de otro político ultra, el brasileño Jair Bolsonaro, intenta presentarse como dueño del uniforme como emblema de patriotismo. Cepeda, en cambio, arrancó la semana cuestionando el oportunismo de su rival y luego terminó recibiendo la camiseta como un regalo de las barras, después de modificar su estrategia de comunicación.

Cepeda aseguró el jueves que la camiseta “no es un mero objeto mercantil” y sostuvo que representa a la nación: “No le pertenece a nadie, nos pertenece a todas y a todos y por eso no podemos permitir que nos la roben”. En el mismo acto, al que acudieron 32 barras y 18 colectivos de distintos equipos del fútbol profesional colombiano, agregó: “No podemos dejar que alguien venga y se arrogue la potestad de decir que representa sus ideales”. También lanzó una frase directa contra De la Espriella: “No sea ladrón, no se nos robe la camiseta”.

El lunes temprano, Cepeda había insistido en que la camiseta es un símbolo nacional que debería tener restricciones. Lo hizo mediante una carta dirigida a la Federación Colombiana de Fútbol, en la que señaló que la entidad no asume postura política alguna ni distribuye el accesorio. Esa reacción inicial fue interpretada como una salida en falso.

En el desarrollo de su campaña, Cepeda tuvo que ajustar el rumbo: a lo largo de la semana cambió el enfoque y adoptó una narrativa centrada en la decencia, un rasgo que asocia al aspirante del Pacto Histórico. El lenguaje de comunicaciones, inspirado en el fútbol, planteó la idea de que el país está en el “medio tiempo”: aunque la izquierda pierda por la mínima diferencia, todavía quedaría la segunda parte para remontar. La campaña describió la dicotomía entre “vida y muerte” y llamó a transmitir a “la hinchada” una ilusión de esperanza movilizadora. En esa línea, la congresista María Fernanda Carrascal arengó a la militancia para “salir a contagiar de alegría a los colombianos y colombianas”, mientras vestía la camiseta amarilla, siguiendo una práctica que también adoptaron varios de sus copartidarios tras dejar atrás reclamos.

Mientras tanto, la controversia escaló con intervención judicial. Una jueza de Bogotá le prohibió a De la Espriella usar la camiseta en “actividades de campaña”, después de una acción de tutela. El aspirante ultra respondió de inmediato que no cumplirá la orden judicial y que continuará vistiendo la prenda. La misma postura la sostuvo su fórmula vicepresidencial, el economista José Manuel Restrepo.

El trasfondo de la disputa remite a la relación previa de De la Espriella con el fútbol. En su biografía, el estratega Ángel Becassino afirma que Abelardo detesta el fútbol, que nunca ha ido a un estadio y que “le importa un rábano” lo que ocurra en un Mundial. En el libro, el propio candidato habría dicho: “Es lo peor que hay para mí (…) los únicos deportes que he practicado toda mi vida son la caza, la pesca y el boxeo”. Sin embargo, en esta etapa se suma a una práctica reciente de la derecha colombiana, que en la última década suele usar camisetas blancas o de la selección cuando se moviliza.

La primera vez que De la Espriella pidió a sus seguidores vestirse de amarillo fue el fin de semana anterior a la primera vuelta del domingo pasado, durante el gran evento de cierre de campaña en Barranquilla. Su ciudad adoptiva también es la sede de la Selección Colombia, donde juega como local, además de ser un bastión vinculado a la familia Char, un clan político que respalda su candidatura. En la tarima vistió la camiseta y también la usó al celebrar el 43,7% de los votos que obtuvo en la jornada electoral. En campaña, además, ha sumado apoyos públicos de futbolistas como Faustino Asprilla o Teófilo Gutiérrez, una figura veterana del Junior de Barranquilla, propiedad de los Char.

El estilo de De la Espriella, con el lema “firme por la patria” y su saludo militar, recuerda a Bolsonaro. Como presidente de Brasil, el antiguo capitán del Ejército utilizó símbolos como la bandera y la camiseta verdeamarela de la selección. En 2022, en un escenario de polarización extrema, Jair Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva disputaron la Presidencia en la antesala del Mundial de Qatar, que se jugó en una fecha inusual por el clima del país sede. En esa ocasión, la política terminó por desgarrar el fútbol, con jugadores y viejas glorias enfrentados en distintos espacios.

En el marco brasileño, Bolsonaro solicitaba a sus seguidores acudir a las urnas con la prenda, habitual en sus mítines. Los brasileños más progresistas dejaron de sentirse cómodos con la camiseta e incluso con la combinación de los colores verde y amarillo. Lula, que ganó por un margen estrecho aquella segunda vuelta y ahora busca la reelección, se propuso “rescatar” esos símbolos de orgullo nacional “secuestrados” por el bolsonarismo. Para profundizar el paralelismo, Flávio Bolsonaro, hijo del patriarca y rival de Lula en los comicios de octubre, brindó su apoyo a De la Espriella.

El uso político del uniforme de Colombia durante campañas presidenciales también se ha convertido en una tradición por coincidencia de ciclos: las elecciones presidenciales en Colombia ocurren mientras se disputan los mundiales de fútbol, cada cuatro años. En otras palabras, el país suele elegir presidente en medio de la Copa del Mundo. En este contexto, el presidente Gustavo Petro, que apoya sin disimulo a Cepeda, despidió el jueves vestido de amarillo a la selección colombiana que competirá en el Mundial de México, Estados Unidos y Canadá. Ese momento generó múltiples especulaciones por la forma en que los jugadores saludaron al mandatario, acompañado de su hija Antonella.

La costumbre de los mandatarios de vestir la camiseta es recurrente. Juan Manuel Santos (2010-2018) apareció en una alocución con la que usaron los jugadores en la Copa de Brasil 2014. En la campaña de 1994, cuando hubo segunda vuelta y fue de las más reñidas desde entonces, Ernesto Samper sorprendió con un comercial en el que Carlos el Pibe Valderrama apoyaba su candidatura.

Humberto de la Calle, exnegociador de paz y senador hasta el año pasado, recordó otro episodio. En 2018, antes del Mundial de Rusia, la campaña de Iván Duque comenzó a usar la camiseta. De la Calle contó que, ante “ciertas molestias”, compró camisetas para todos los demás candidatos. En un debate donde estaban todos, les propuso que cada uno tomara la suya como regalo y que luego las firmaran. Dijo que conserva esa prenda histórica con todas las firmas y que la intención era señalar que, aunque la camiseta no es un símbolo nacional oficial, era mejor preservar su neutralidad en la política partidista.

Con el avance de la campaña de este año, la discusión alrededor de la camiseta se ha intensificado y el escenario se encamina hacia una radicalización cada vez más marcada.

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