Pogacar domina la Vuelta a Suiza mientras Landa se aleja del Tour: dolor y calor marcan la diferencia

Imagen gracias a: El País (América)

Pogacar domina la Vuelta a Suiza mientras Landa se aleja del Tour: dolor y calor marcan la diferencia

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La Vuelta a Suiza dejó la confirmación de un Tadej Pogacar intratable y, en el otro lado, el adiós de Mikel Landa tras retirarse por una lesión que complica su presencia en el Tour de Francia. El esloveno cerró el recorrido con el objetivo del mes de julio cada vez más cerca, impulsado por su rendimiento y el impacto del calor.

La Vuelta a Suiza volvió a reflejar esa idea de que la energía y los estados de ánimo se transforman: a la alegría de Tadej Pogacar le corresponde el contraste del dolor que atraviesa Mikel Landa. El alavés se retiró el último día de la carrera suiza, afectado por la fractura de pelvis que sufrió tras ser derribado por un coche en la Itzulia hace dos meses y medio. Su ausencia se suma a un escenario complicado para el mejor español en los Tours de la década, condicionado por desgracias que amplían su particular “landismo”, una filosofía ligada a la resistencia.

Landa, de 36 años, admitió que su participación en el Tour (4 a 26 de julio, desde Barcelona) luce muy improbable. “No pinta bien la cosa. Es todo muy precipitado para que salga bien”, aseguró el domingo pasado, y añadió: “no sé si seremos capaces de ir al Tour o hay que darle al cuerpo el tiempo que necesita”. El ciclista también describió los detalles de la lesión: “Fue bastante golpe aunque a veces caer rápido ayuda, pero caí a 68 km/h”, dijo sobre el accidente del 8 de abril, en el que además se golpeó la cabeza y del que reconoció no recordar con claridad. Explicó que la rotura está en la inserción del isquion y que el edema óseo afecta al aductor y al isquiotibial, una lesión “muy molesta” y de recuperación lenta.

La recuperación, según sus propias palabras, se le hizo especialmente dura: “No son tiempos fáciles la verdad. Verlo desde lejos y sin saber si volveré es muy extraño”. En ese contexto, señaló también que la edad no ayuda. Mientras tanto, el Landa que comenzó la Vuelta a Suiza buscaba entender si estaba en condiciones de competir con fuerza de cara al Tour, y aun así mostró energía suficiente para mantenerse entre los mejores en una carrera marcada por ritmos muy distintos: la velocidad “atómica” de Pogacar y sus UAE, frente a un pelotón que mantuvo un ritmo más humano.

El contraste también se vio en el factor climático. Pogacar se quejó del calor, aunque no en el mismo grado que otros. El ciclista que llega del frío y que en los Alpes se inflama, entrenó de forma específica con sesiones de calor artificial en la altura de Sierra Nevada durante mayo y junio. De ese modo, a medida que subía el termómetro, las diferencias se hicieron más evidentes también en Suiza, donde se vivió una ola de calor.

Con la conclusión de las cinco etapas de la Vuelta a Suiza, la lectura general quedó clara: si Landa se perderá el Tour, al menos Pogacar, siempre alegre, cerrará julio canicular levantando su quinto trofeo de ganador en los Campos Elíseos. A sus 27 años, el esloveno alcanzó un nivel de perfección inaudito en rendimiento y resultados, sin que las caídas o los incidentes mecánicos alteren su regularidad. En su carrera suma 121 victorias en 391 días de competición. En 2026, lleva 16 días de competición, con 13 victorias: Strade Bianche, Milán-San Remo, Tour de Flandes, Lieja-Bastogne-Lieja, Tour de Romandía (más cuatro etapas), Tour de Suiza (más tres etapas). Además, registró un segundo puesto en París-Roubaix y un cuarto, un sexto, un octavo y un 12º en las cuatro etapas que no ganó.

La grandeza de Pogacar también se mezcló con la dureza que despierta en el pelotón. El primer día destrozó la carrera con una escapada de 72 kilómetros, en una media montaña: solo los 27 siguientes llegaron a menos de 10 minutos a meta de Sondrio. El resto fue entrando de uno en uno, como una hilera de condenados. Si en el segundo y tercer día respetó las fugas hasta que su instinto lo superó, el cuarto y el quinto día intensificó aún más la persecución, impulsado por la petición de su novia, a la que visitó en el hospital: “no puedes fallar, quiero aquí el domingo el maillot amarillo”.

Pogacar conectó esa motivación con el resultado. “La fortaleza de Urska ante su caída y su petición me dieron una motivación extra para intentar ganarlo todo”, afirmó. Urska Zigart sufrió una caída en la versión femenina de la Vuelta a Suiza. En el mismo marco, el esloveno aprovechó la preparación con lactato exógeno en su dieta de carbohidratos y estrenó bicicleta de contrarreloj medio kilo más ligera el sábado: “una bici que va como un cohete, sobre todo en las subidas y bajadas”, según sus diseñadores. Esa contrarreloj obligó a Mathieu van der Poel a sumarse a la lista de los que no pudieron evitar el peso del campeón.

El nieto de Poulidor fue la víctima más cercana en una contrarreloj especialmente igualada: Pogacar lo superó por solo cuatro centésimas de segundo, con una diferencia de 60 centímetros en un recorrido de 23.700 metros. El domingo final, la compasión se trasladó al escalador francés Lenny Martínez, alcanzado a 800 metros de la meta, en el cierre de una razzia iniciada por Pogacar al pie de la subida final. El ataque se encadenó desde los 10 primeros kilómetros del col de la Croix hasta Villars sur Ollon.

Tras la jornada final, Pogacar resumió el día y el contexto: “Ha sido un día brutal, y además hacía muchísimo calor”. Ya con la vista puesta en el Tour, añadió que probablemente el escenario se parezca: “Probablemente, así será el Tour, con este calor y tantos desniveles antes. Así que fue muy bueno ponerlo a prueba: las piernas, el corazón, los pulmones, todo, en la última subida. Y estoy a punto”.

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