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Paul Seixas apunta a la victoria en la Lieja-Bastoña-Lieja frente a Tadej Pogacar

Imagen gracias a: El País (América)

Paul Seixas apunta a la victoria en la Lieja-Bastoña-Lieja frente a Tadej Pogacar

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El ciclista francés, con una progresión destacada a sus 19 años, llega a la clásica de este domingo dispuesto a pelear por el triunfo con el esloveno Tadej Pogacar, invencible en la carrera.

2006 fue un año decisivo para el ciclismo. El 24 de septiembre, cuatro meses después de la Operación Puerto en Madrid, nació en Lyon Paul Seixas, en un contexto ya sin el rastro de prácticas como las redes de sustento y abastecimiento vinculadas a viejos campeones. Con el paso del tiempo, la generación que llegó después cambió el modo de prepararse: preparación científica individualizada, herramientas de entrenamiento y métricas cada vez más precisas, junto a una vida profesional construida desde edades tempranas.

En su cohorte, otros ciclistas de finales de 2006, como el alicantino Héctor Álvarez o el italiano Lorenzo Finn, ya se medían con él en juveniles y lograban resultados frente a Seixas en varias ocasiones. Sin embargo, el francés dio un salto de rendimiento que hizo que esos talentos, pese a su nivel, empezaran a mirarlo alejarse hacia otra dimensión.

Con 1,86 de altura e 66 kilos, Seixas destaca por un perfil que recuerda al de Indurain, aunque con una delgadez mayor. Su fortaleza aparece tanto en contrarreloj, donde fue campeón mundial júnior a los 17, como en la escalada. En rampas exigentes, demarra en progresión y combina una aceleración sostenida con capacidad para imponer ritmo en tramos duros, dejando sin opciones a quienes intentan seguirle en las subidas más duras, incluyendo el muro de Huy. Su estilo, descrito como un trabajo de larga mecha, se ha convertido en una amenaza constante en los momentos decisivos.

Seixas combina cualidades de pegador y fajador con una faceta escaladora y de resistencia. Su rendimiento se sustenta en características físicas y de potencia que le permiten sostener exigencias altas: fibras IIa y I, elevada potencia máxima aeróbica y una gran capacidad para metabolizar y consumir el ácido láctico. Además, se le reconoce como especialmente competitivo en esfuerzos cortos e intensos de hasta tres minutos, así como en puertos largos de media hora o más.

Su crecimiento se aceleró a partir del invierno de 2021, cuando su impulso por florecer se tradujo en una explosión de energía y ambición. A partir de ahí, su papel en el ciclismo se consolidó, y también se abrió un debate sobre su futuro: con 19 años, surge la pregunta de si deberá debutar en el Tour este julio y qué ocurriría con una carrera diseñada para triunfar si no lograra el objetivo.

En el plano mental, Seixas ha sido descrito como alguien con una capacidad notable de cálculo y pensamiento. En su etapa en cadetes, a los 14 años, incluso llegó a recibir el apodo de Seixas Instruments, por la idea de que resolvía multiplicaciones complejas en el tiempo que otros tardaban en sacar la calculadora. Su forma de ser se ha caracterizado también por una mezcla de concentración y desconexión: frío en carrera, con una aparente facilidad para gestionar la presión.

Tras ganar la Flecha Valona el miércoles pasado, Seixas dejó claro su enfoque: “Soy el líder del equipo”. Desde entonces, su trayectoria ha despertado atención constante en medios y portadas, construyendo la figura del relevo del ciclismo francés.

La historia personal de Seixas también explica parte de su motivación. Su abuelo portugués, aficionado al ciclismo, fue clave: desde que Paul tenía cuatro años, se sentaba a su lado para ver carreras por televisión. Más adelante, cuando en su familia todavía no era común montar en bicicleta, su camino se retrasó. En una etapa inicial practicó kárate, deporte de su padre, hasta que con ocho años la bicicleta acabó llegando.

A los 14 años se convirtió en el campeón de Francia cadete más joven de la historia. Sus resultados no solo se basan en ganar: se le ha descrito como un ciclista capaz de “machacar” a rivales y de sorprenderse incluso de su propio rendimiento. Se ha definido como “un escalador puro” y ha expresado que no sabía que podía marcar la diferencia en circuitos sin dureza.

Actualmente, Seixas pertenece a la estructura del Ag2r, que se vincula con su actual Decathlon, y trabaja con Alexandre Pascot. Sin embargo, quienes más han acompañado su preparación desde el inicio son sus padres, Emmanuel y Emmanuelle, que le han llevado a carreras y entrenamientos, incluyendo el velódromo de Lyon desde Anse, en el Beaujolais.

Con la referencia de Tadej Pogacar como espejo generacional, Seixas mantiene un perfil similar: ambos hermanos en términos de edad relativa, con precocidad y ambición. Todavía no ha cumplido los 20 años y ya suma victorias relevantes, como la Itzulia, donde ganó la general y también tres etapas. Además, se convirtió en el más joven en ganar una gran carrera de una semana y en el más joven que se impuso en la Flecha Valona, dejando sorprendidos a rivales y aficionados.

Este domingo, en la Lieja-Bastoña-Lieja, Seixas afronta el monumento que más desea y que mejor se ajusta a sus condiciones. Ya lo había ganado como júnior hace dos años. En el recorrido, la referencia es Pogacar, tres veces ganador desde la Redoute hasta Lieja, los 35 kilómetros que definen la “Decana”. Con la emoción del duelo entre dos prodigios de su generación, Seixas se muestra listo para competir y reconoce que tendrá que tener en cuenta a Pogacar.

El plan apunta a estar delante en los momentos clave: descenderá en cabeza la cuesta de Desnié y buscará colocarse en la ruta hacia La Redoute, donde el desenlace suele definirse. La carrera enfrenta a Seixas con Tadej Pogacar, y el francés llega con la intención de pelear por el triunfo en la clásica.

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