MotoGP refuerza la protección craneal con nuevos estándares y cascos con tecnología anti-rotación

Imagen gracias a: El País (América)

MotoGP refuerza la protección craneal con nuevos estándares y cascos con tecnología anti-rotación

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La FIM actualizó normativas para mejorar la seguridad de los pilotos en MotoGP, incorporando un protocolo específico ante posibles conmociones cerebrales y nuevas pruebas de impacto para cascos. En paralelo, marcas como AGV presentaron el AGV Pista GP R3 con un sistema externo para reducir la rotación tras el impacto.

Alex Márquez recordó el impacto que sufrió en el GP de Catalunya, donde protagonizó el accidente más grave de su trayectoria. El piloto español enseñó el casco dañado tras su caída en el Circuit de Barcelona-Catalunya el pasado 17 de mayo: “Perdí el conocimiento varios minutos, pero los estándares de seguridad del casco me salvaron la vida”, explicó, con la protección de cabeza equipada por la empresa japonesa Shoei.

A comienzos de 2026, la Federación Internacional de Motociclismo (FIM) introdujo cambios relevantes en materia de protección. Por un lado, eliminó definitivamente su anterior estándar de seguridad para los cascos en la élite. Por otro, impulsó un nuevo protocolo de respuesta ante posibles conmociones cerebrales en accidentes con golpes fuertes en la cabeza.

Estos ajustes afectaron al inicio de temporada, ya que varios pilotos de MotoGP no pudieron emplear sus cascos habituales al no llegar algunos fabricantes a tiempo con las homologaciones requeridas. Entre las novedades destacan las pruebas de impacto (estándar FIM FRHPhe-02), que evalúan con mayor detalle los golpes lineales y oblicuos, así como la reacción frente a fuerzas rotacionales. Además, contemplan que las viseras no se desprendan para proteger los ojos y revisan la facilidad con la que los médicos pueden retirar la protección en caso de accidente grave.

El director del servicio médico de MotoGP, el doctor Ángel Charte, explicó que la normativa se actualizó ese año y que el protocolo de actuación ante traumatismos craneoencefálicos fue reformado. “Antes se tenía estas situaciones como algo secundario, casi banal, y en cambio ahora estamos muy encima de ellas. Un piloto con un traumatismo craneoencefálico diagnosticado clínicamente, por mucho que las pruebas complementarias salgan negativas, debe pasar un periodo obligatorio de adaptación de 48 horas”, subrayó. En consecuencia, si una conmoción cerebral ocurre un viernes, el piloto no puede correr hasta el siguiente gran premio.

Durante el GP de San Marino, disputado la semana pasada, AGV presentó el modelo AGV Pista GP R3, una propuesta orientada a modificar el comportamiento de la cabeza ante el impacto. El casco incorpora una tecnología que limita la rotación que se produce tras la caída y, de acuerdo con las pruebas de laboratorio del Instituto de Investigación en Ingeniería de Aragón (I3A), de la Universidad de Zaragoza, permite reducir hasta seis veces el riesgo de sufrir una conmoción cerebral.

Ferdinando Cervigni, CMO de Dainese, matriz de AGV, explicó el enfoque: “Hasta ahora, la mayoría de cascos se desarrollaban para resistir una fuerza vertical, y sin embargo cualquier caída siempre comporta cierto ángulo, lo que genera una rotación y una fuerza colateral”. Añadió que estas fuerzas son especialmente peligrosas porque el cerebro, dentro de un fluido, no puede soportar la velocidad de rotación a la que se expone la cabeza, lo que deriva en conmociones y traumatismos cerebrales con consecuencias graves. También recordó que los problemas resultantes no son operables y que han provocado la muerte de muchas personas.

Tras valorar soluciones ya presentes en el mercado, como el sistema MIPS desarrollado por un neurocirujano sueco y aplicado en varios cascos de alta gama para distintas disciplinas, AGV trabajó con la startup británica Release Layer System (RLS) para implementar una innovación similar, con una diferencia destacada. Su sistema, denominado ‘Sphera’, es externo en lugar de interno, con el objetivo de aminorar la velocidad de rotación tras el impacto y reducirla casi por completo.

La solución se aprecia de forma visual como una especie de burbujas: se trata de minúsculas esferas de policarbonato contenidas por una cáscara exterior que se rompe en el momento del impacto. Esa rotura permite transformar la energía rotacional antes de que llegue a la cabeza. En ciclismo, un estudio de la Universidad de Estrasburgo cifró que en el mundo real un ciclista tiene una probabilidad del 64% de sufrir una lesión cerebral grave tras una caída, mientras que con este sistema la cifra se reduce al 9%.

La doctora Domna-Maria Kaimaki, jefa de investigación de la firma británica que colaboró con AGV para llevar la tecnología hasta MotoGP, señaló: “La rotación en la cabeza es un riesgo que los cascos convencionales nunca han encarado del todo. Nuestro deseo es que estos descubrimientos contribuyan a transformar cómo se mide, diseña y entiende la seguridad de los cascos”.

En el paddock, además, se destacó otra ventaja práctica del sistema. Al quedar más visible el resultado del impacto, ya que la cáscara exterior se desprende, se refuerza una norma esencial para cualquier casco: una vez ha sido golpeado, jamás debería volver a usarse. Esa es, en definitiva, la idea que persiguen las nuevas medidas y tecnologías presentadas para proteger más y mejor las cabezas de los pilotos, tanto amateurs como profesionales.

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