México confía en su historia para enfrentar a Inglaterra con el impulso de su mejor Mundial

Imagen gracias a: El País (América)

México confía en su historia para enfrentar a Inglaterra con el impulso de su mejor Mundial

NOTICIAS

Durante este Mundial, México dejó atrás complejos y encadenó logros que alimentan la esperanza. Ahora, su siguiente gran prueba es Inglaterra, un rival que llega con el peso de una élite y un plantel de primer nivel.

México ha dejado atrás los complejos durante este Mundial para buscar superarse a sí mismo. El siguiente paso representa una de las pruebas más exigentes de su historia: enfrentarse a Inglaterra.

Hay motivos para creer en la selección mexicana incluso cuando la estadística marque lo contrario. En el torneo, México ha roto varias maldiciones futboleras, incluyendo no ganar un partido inaugural, mantener un paso perfecto en fase de grupos y sostener la portería imbatida. Aun así, aparecen las críticas desde la comodidad del análisis, pero el fútbol también se define por el azar y por la capacidad de responder en el momento indicado. El objetivo que persigue México es claro: regresar a los cuartos de final y ubicarse entre los mejores diez del mundo.

El reto de este domingo es Inglaterra. Los ingleses sostienen el prestigio de su competición, la Premier League, y cuentan con una de las plantillas más sólidas de todo el Mundial. Para México, el desafío es mayúsculo y el pesimismo suele surgir de la idea de que la selección es la de los “ratones verdes”, la de “sí se puede”, la del ya merito o la de “jugamos como nunca perdimos como siempre”. Son frases que ya suenan gastadas, pero el paso del tiempo también mostró que el fútbol mexicano ha tenido chispazos de éxito que alimentaron la convicción de que el deporte también puede ser para los mexicanos.

La historia reciente ofrece episodios que se convirtieron en semillas de confianza. En 1999 se disputó la ya extinta Copa Confederaciones en Ciudad de México. En la final, Brasil de Ronaldinho se midió contra la selección mexicana comandada por Cuauhtémoc Blanco, Rafa Márquez y Jorge Campos. En el Estadio Azteca, la afición vivió el triunfo 4-3 de los suyos, un resultado que impulsó a los niños que entrenaban en las inferiores.

Luego, en 2005, en Lima, la selección juvenil de México ganó la final de las finales contra Brasil para coronarse campeones del mundo en la categoría de 17 años. Aquellos adolescentes dieron una lección a sus mayores.

En 2011, México organizó el Mundial sub 17. Sus jóvenes avanzaron hasta semifinales, donde se enfrentaron a Alemania en un partido que terminó con un gol de chilena de Julio Gómez para cerrar el 3-2. En la final, México venció con felicidad a Uruguay (2-0).

La trayectoria también estuvo marcada por decisiones que hoy generan obstáculos, como la preferencia por futbolistas extranjeros en su Liga.

El 11 de agosto de 2012 llegó con un momento de gloria para México: su selección disputó la final del torneo de fútbol en los Juegos Olímpicos de Londres, nuevamente contra Brasil y bien guiada por Neymar. Las apuestas apuntaban a una victoria casi segura de la Canarinha, pero México salió con determinación y logró imponerse con un par de goles de Oribe Peralta para ganar 2-1 en Wembley.

De aquel equipo mexicano aún permanece Raúl Jiménez, delantero titular en 2026.

La confianza también se construyó con relatos de vida ligados al fútbol. Hugo Sánchez vio el primer Mundial organizado en 1970 a los 12 años y en aquel momento quiso ser futbolista; lo logró en 1986, aunque en su participación se quedó con las ganas de ser el goleador que demostró en el Real Madrid. Gilberto Mora, por su parte, vio a México caer en fase de grupos gracias a la errática gestión de Tata Martino, y aun así le aseguró a su padre que haría todo por estar en el Mundial; a los 17 lo cumplió. Hoy es uno de los protagonistas que permitió que México avanzara a octavos de final en el Mundial más grande de todos los tiempos (hasta ahora).

México necesita motivos para ser feliz y para salir a festejar, incluso mientras persisten problemas más profundos. En ese contexto, el fútbol funciona como excusa: por su volatilidad y rareza, puede ocurrir cualquier cosa. Ahora, la selección mexicana espera que esta vez sea la suya y que logre convertirse en el país sorpresa de los Mundiales.

Si quieres más información visita Poder en los Medios

Compartir