Lección de Jan Lerch: un final artístico que conduce al empate y, aun así, se decide

Imagen gracias a: El País (América)

Lección de Jan Lerch: un final artístico que conduce al empate y, aun así, se decide

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Un estudio con apenas seis piezas ilustra cómo ciertos finales de apariencia simple pueden terminar en tablas, aunque aquí las blancas logran imponerse mediante una secuencia de precisión y zugzwang.

En el ajedrez, no todos los compositores de finales artísticos se sienten atraídos por la vertiente competitiva. Para algunos pesan más la tensión propia de la lucha, el impacto emocional de las derrotas, el tiempo disponible y la premura de preparar una partida por la mañana, jugarla por la tarde y analizarla por la noche, que los beneficios que ofrece la participación en torneos. La otra cara del panorama la representan jugadores de nivel medio, alto o incluso altísimo, como Jan Timman, que además de competir crean obras de arte en forma de estudios.

La lección magistral destacada corresponde a ese segundo grupo. El checo Jan Lerch (1942-2020) consiguió el título de maestro internacional y, entre sus rivales, figuran nombres tan ilustres como Kárpov, Uhlmann, Pachman, Hort, Jansa y Kavalek. Por ello, resulta coherente que sus mejores finales artísticos tengan un fuerte valor didáctico.

En este caso, el estudio presenta una posición con solo seis piezas, con una apariencia que sugiere con claridad el empate. Sin embargo, las blancas logran llevar la partida a un desenlace distinto tras un desarrollo basado en el rey, acompañado por un caballo, que termina provocando una situación de zugzwang. Esa obligación de realizar una jugada coloca a las negras ante un desenlace tan inesperado como bello.

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