Lamine Yamal: “Me siento mejor de lo que la gente cree que soy”

Imagen gracias a: El País (América)

Lamine Yamal: “Me siento mejor de lo que la gente cree que soy”

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El futbolista de España, de 18 años, conversa en la concentración con la idea de mantener vivo el fútbol de la calle y la picardía, antes del duelo ante Arabia Saudí.

Lamine Yamal, futbolista de España de 18 años, afronta el tramo decisivo con la convicción de seguir creciendo y con una identidad muy marcada: reivindica el fútbol de la calle y la picardía, sin renunciar a la formación de la academia. Antes de medirse a Arabia Saudí, el joven líder de la Roja atiende a EL PAÍS en Chattanooga, en el marco de la concentración del equipo.

Hijo de padre de Marruecos y madre de Guinea Ecuatorial, nació hace 18 años en el barrio de Rocafonda (Mataró, Barcelona). Desde hace tres años su nombre se ha instalado con fuerza en el fútbol, primero en Europa y después también en Estados Unidos. En las conversaciones, se muestra carismático y genera una impresión similar a la que transmite cuando juega: domina la escena, alterna momentos de reflexión con otros más impulsivos y, pese a las etiquetas que se le puedan poner, mantiene una actitud natural y cercana.

Yamal no oculta su pasado y tampoco esconde lo que espera para el futuro. Reconoce, además, que el presente de la selección española necesita de su talento para enderezar el pequeño embrollo provocado tras el empate en el primer partido frente a Cabo Verde en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá.

Aunque admite que su físico todavía no resistiría un partido completo, asegura que quiere estar en el duelo frente a Arabia Saudí, considerado clave para las aspiraciones del equipo de Luis de la Fuente. En la concentración hay confianza y él también la comparte: “Está en su esencia”.

Sobre su primer recuerdo de un Mundial, Lamine Yamal rememora el de 2014. Explica que su madre estaba trabajando y regresó para la segunda parte del Colombia-Uruguay, el partido en el que marcó James. “Llegó y lo terminamos de ver juntos”, detalla, y añade que su madre lloró cuando debutó, algo que él relaciona con lo que soñaba desde pequeño y que ahora vive con ella, presente también en su vida en este momento.

El futbolista pone el foco en el esfuerzo de sus padres. Señala que lo realizado por su madre y su padre no lo podría hacer otra persona por él, y subraya que sin dinero es difícil que un hijo juegue al fútbol y complicado sostener incluso gestos como los regalos de Reyes. En ese sentido, afirma que jugó al fútbol y tuvo regalos en Reyes, y que considera que nunca podrá devolverles todo lo que han conseguido.

Consultado por cómo se asimila el cambio desde una vida humilde con ciertas carencias hacia el lujo, explica que existen dos maneras de entender la vida: la gente que pasa al lujo con calma y la que, como él, entiende que hay que disfrutarla. Describe que para él el dinero no es solo una cuestión de gasto, sino de equilibrio: cuando sea mayor, dice que no lo va a gastar todo, y cree que tendrá la capacidad de dejarle a sus hijos y, al mismo tiempo, disfrutar la vida.

Cuando le preguntan qué entiende por disfrutar, responde que hará todo lo que le apetezca, lo que antes no podía hacer de pequeño, ahora sin miedo a que sea “demasiado”. Argumenta que se lo ha ganado jugando al fútbol, que no se lo han regalado ni lo ha heredado de nadie, y concluye que esa capacidad le permite hacer lo que quiera con su vida. Aun así, admite que necesita consejos de todo el mundo y considera válido que otros le indiquen qué harían de manera distinta.

En torno a la maduración rápida, explica que todo el mundo tiene problemas, también quien lee una entrevista o quien la realiza, pero diferencia entre lo que es normal en un niño y lo que no. Cuenta que ha tenido que vivir solo y estar lejos de sus padres, y que, al no poder cumplir ciertos deseos propios de la infancia, aprende a aceptar su situación y a valorar lo que hacen sus padres. Ese proceso, según él, le permitió entrar con 18 años en un vestuario de veteranos sin parecer un niño.

Sobre el coste de no tener una vida normal, Lamine Yamal comenta que muchas veces come con su pareja o con su madre y le piden “¿Una foto?”, incluso cuando él está tranquilamente en una terraza. Afirma que la gente no conoce el valor de poder salir a tomar algo o ir al cine sin restricciones, y sostiene que para él sería distinto si pudiera ser una persona libre. Pone un ejemplo: una persona puede ir al centro de Barcelona, comprar ropa, tomarse algo y volver a casa; él no puede hacerlo igual. Aun así, cuando tiene oportunidad, como cuando está en Estados Unidos —donde nadie lo conoce—, lo aprovecha.

Recuerda el momento en el que se dio cuenta de que ya era famoso. Tenía 13 años y, como cualquier chaval, quería salir a dar una vuelta. Fue a un parque con sus amigos y un niño lo reconoció. A partir de ahí comenzó todo: que era “el niño del Barça” y que decían que era muy bueno.

Cuando le piden hablar del ego, explica que hay dos cosas: ego y confianza. A su juicio, ambas son importantes, y considera que hasta cierto punto ser egocéntrico no es necesariamente malo, pero insiste en que lo esencial es tener mucha confianza en uno mismo. Señala que la gente suele confundir confianza con egocentrismo y advierte que, en el mundo actual, si no hay confianza, pueden “acabar contigo”. También remarca que es divertido tener un poco de ego cuando acude a ruedas de prensa y se ríe un poco.

Sobre la frase de “mientras gane nadie me podrá decir nada”, afirma que no la tenía pensada: le salió en el momento. Dice que sabe que luego se va a casa, se tumba y se ríe mientras comenta lo dicho, y asegura que ese punto le gusta y no le importa. Vincula esa actitud al fútbol que le gustaba de antes, cuando veía el Barça-Madrid en 2010, y recalca que, para él, lo importante es la confianza: si no la tienes, puedes acabar hundido.

En cuanto al límite para no pasarse, explica que si dijera que el domingo va a meter seis goles, sabría que no lo hará; pero si asegura que jugará bien, entiende que tiene la capacidad. Para él, se trata de conocer los propios límites.

En el apartado más personal, afirma con rotundidad: “Me veo mucho mejor de lo que la gente me ve”. Añade que sabe que el camino es largo y que tiene muchas cosas que mejorar. Sostiene que la gente lo percibe con un nivel ya fijado, pero que esa confianza que él tiene puede aprovecharla para trabajar y avanzar. Concluye que aún le queda mucho camino, mucho por mejorar y, sobre todo, mucho fútbol: tiene 18 años.

Su fútbol combina calle y academia. Considera que, en los jugadores que salen ahora, el problema aparece cuando con cuatro años ya se apuntan a un equipo y se les plantea una dinámica de juego muy pautada: controlar, pasar, defender y atacar todos. En cambio, cuando jugaba en la calle, dice que el que metía dos goles ganaba y el otro se iba fuera. Esa diferencia, asegura, le alimentó la picardía y el disfrute. También lamenta que, a su juicio, hoy cueste más disfrutar viendo fútbol. Explica que para ver un partido necesita jugadores que le gusten, y menciona a Neymar, Isco, Benzema, Vinicius y Cherki. Aclara que no hace falta que sea un brasileño como Ronaldinho; por ejemplo, comenta que no ha visto a Henry en directo, pero en vídeos le encantaba.

Sobre cómo gestiona una jugada o un regate, indica que antes no pensaba nada, pero que ahora ya sabe lo que le plantearán antes del partido: que tendrá a tres delante. Señala que mínimo siempre son tres y, si hay suerte, dos; y remarca que uno contra uno, “nunca, nunca, nunca”. Por eso, explica que empieza a pensar en jugadas: habla con el lateral y le dice qué hacer si se la da, mientras el míster indica que, con tres delanteros, hay compañeros libres. Afirma que es jugar hacia atrás, pero que el apartado de los regates va improvisándose y que no se piensa de forma calculada.

A la pregunta de si practica fantasías o florituras, responde que ese es el problema de los jugadores actuales: practican, por ejemplo, hacer una bicicleta, y luego les sale cuando les llega. Afirma que hay cosas que no se practican en el fútbol.

Finalmente, al hablar del Mundial, cuenta que estuvo viéndolo y que sacó una conclusión: cree que los periodistas tienen mucha prisa por acabar su trabajo. Recuerda que en la primera jornada España hizo un punto, Portugal hizo un punto, Argentina ganó 3-0, Francia ganó 3-1 y, pese a ello, se pensaba ya en una final Francia-Argentina. Para él, no lo comprenden: en vez de disfrutar los partidos, quieren sacar conclusiones rápidas. Añade que España no es “malísima”, como se interpreta desde fuera, y remata con su idea de que hasta el 19 de julio no se sabrá quién va a ganar.

En cuanto a compararse con Messi, señala que jugar a los 40 como él es imposible. Concede que jugar, quizá, pero a ese nivel considera que es muy, muy, muy difícil, y subraya que el futbolista tiene ventaja sobre todos y que sigue demostrando su calidad incluso con 40 años.

Sobre jugar por el centro, dice que a Leo también le defendían tres y que el único sitio donde no te pueden defender tres es en el medio. Explica que con el paso del tiempo acabará ahí: en banda, afirma, es más fácil defender con tres, pero en el medio no pueden defenderle igual. Por último, sobre si los aficionados se perderán sus regates, responde que puede tener un uno contra uno en el medio y que, cuando se gira en el centro, es más determinante que si se gira en banda. Aunque admite que ahora, para el equipo, es mejor que esté en banda, asegura que llegará un momento en el que será más determinante desde el centro.

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