La primera derrota del Madrid y el regreso de los “que saltan del barco”

Imagen gracias a: El País (América)

La primera derrota del Madrid y el regreso de los “que saltan del barco”

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La caída del Madrid marca el inicio de una temporada marcada por la incomodidad de algunos madridistas y por la comparación con el naufragio del Costa Concordia, recordando el intercambio entre Schettino y el capitán de puerto Gregorio di Falco.

Con septiembre llegan la vendimia, la vuelta a clase y, como suele ocurrir, también aparece la primera derrota del Madrid. Puede presentarse como derrota, empate o incluso victoria: lo determinante es la sensación de perder, familiar para quienes no terminan de sentirse cómodos cuando el equipo no arrasa. En el caso concreto, el golpe se parece al de un escenario peor que el resultado final: ocasiones desaprovechadas, un gol anulado y un penalti fallado en el último minuto. La derrota termina siendo la más dura, la que estuvo a punto de convertirse en triunfo.

Ese varapalo abre una etapa especial, ligada a la idea de “los que empiezan a saltar del barco” o, al menos, a medir cuánto se cubre desde afuera y qué tan lejos queda la tierra. En ese contexto, el texto recupera unas grabaciones en las que el capitán Schettino conversa con el capitán de puerto Gregorio di Falco. Schettino era el capitán del Costa Concordia, el crucero que naufragó tras chocar con rocas y que acabó costando 32 vidas. En el juicio, Schettino explicó que se tropezó y fue a parar a un bote salvavidas que lo acercó a tierra. También se menciona su afirmación de que, desde tierra, se organizaba mejor la evacuación, y se recuerda el comentario del cómico Miguel Lago como remate.

En los primeros instantes, Di Falco no puede creer que el capitán no esté en el barco y contacta con Schettino. Desde ese diálogo, el capitán de puerto le exige que vuelva de inmediato, que haga el recorrido inverso y que coordine el rescate, preguntándole cuánta gente queda y si aún hay mujeres y niños. Schettino se enreda en excusas: lanchas que no están disponibles, el barco inclinado y la situación en tierra. El momento clave llega cuando se plantea la oscuridad y se lanza la pregunta que remarca la intención de regresar a casa.

La comparación se utiliza para remarcar que la idea no está en lo truculento del desastre, sino en el comportamiento inmediato: el hombre que se baja del barco rápidamente. Se recuerda además que el crucero se aproximó mucho a la costa para saludar a un viejo amigo de Schettino, y que el propio capitán calculó a ojo el rumbo hasta terminar rompiendo el Costa Concordia.

Con este arranque, se impone el “tiempo de schettinos” en el Madrid: madridistas que esperaban la primera derrota no por ganas de abandonar el barco, sino por una incomodidad constante dentro. Buscan cualquier pretexto para apartarse, igual que antes se aceptaba navegar con el mar en calma y con un capitán que no se equivocara. A la primera señal, miran la distancia hasta el puerto; ante la segunda, ya están haciendo pie.

No se trata de algo “grave”, porque incluso los grandes clubes llevan a bordo una pequeña tripulación especializada en anunciar el naufragio. Lo problemático es que el Madrid, a veces, lo hace cuando va primero. Así, la temporada quedará marcada por las voces que llegan desde tierra: quienes se bajaron de Ancelotti, de Zidane, de Mourinho, de Cristiano, de Vinicius, de Mbappé y de Di Stéfano si se les pone delante. Llorones. Cada derrota irá dejando a alguno en el muelle, a salvo, con explicaciones sobre por qué aquello se hunde. No serían cobardes: serían, según el texto, “pesados”.

Y desde el barco, si el rumbo vuelve a enderezarse, quedará el gesto de asomarse a la borda y lanzar el grito icónico que el comandante Di Falco le soltó a Schettino, poniendo a temblar las canillas: “Vada a bordo, cazzo!”.

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