La crisis interna del Real Madrid se agrava: la filtración de la pelea entre Valverde y Tchouameni cierra un ciclo de sobreprotección

Imagen gracias a: El País (América)

La crisis interna del Real Madrid se agrava: la filtración de la pelea entre Valverde y Tchouameni cierra un ciclo de sobreprotección

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El chivatazo sobre el conflicto entre Valverde y Tchouameni, que terminó con el uruguayo en el hospital, es el último episodio de una inestabilidad institucional que se viene gestando desde hace dos temporadas sin títulos.

La filtración sobre la pelea entre Valverde y Tchouameni, con el uruguayo ingresado en el hospital por su grave conflicto, ha sido presentada dentro del Real Madrid como un reflejo de una crisis institucional más profunda. En el entorno del club, un portavoz se mostró airado al conocerse el caso y señaló que “la sabandija filtradora tiene un interés: hacer daño”. También indicó que existían “sospechosos” y calificó el chivatazo como “deslealtad máxima”. Sobre la situación, Valverde expresó además su preocupación por la existencia de alguien que “corre rápido con el cuento”.

Este episodio, considerado una nueva señal de problemas en el vestuario en los últimos días, se inscribe en un proceso prolongado en el que, según se describe desde dentro, el club ha sobreprotegido a los jugadores. La entidad, que ha ganado fama por su tendencia a encerrarse, llega al final de su segunda temporada consecutiva sin conquistar títulos con un clima interno descrito como de hartazgo en distintos niveles, no limitado al plano estrictamente deportivo.

En las dos campañas recientes, el ambiente en la caseta habría ido enrareciéndose hasta desembocar en una implosión que terminó por trascender con fuerza. Se habla de balcanización y de una autodestrucción progresiva: el “corralito” se habría ido fortaleciendo cada vez más, en particular frente a entrenadores sucesivos, mientras al mismo tiempo crecían grietas y choques entre futbolistas. Un ejemplo adicional que se menciona es el de Álvaro Carreras, para quien no habría hecho falta una filtración, ya que él mismo admitió que tuvo un “incidente con un compañero” (Rüdiger).

Carlo Ancelotti, en su etapa previa, ya habría identificado desde el primer día del curso pasado que algo no funcionaba. Tras levantar la Liga y la Champions de 2024 con un grupo que, en su momento, se valoró como libre de egos desbocados, la llegada en verano de Kylian Mbappé habría alterado los equilibrios del equipo. La presencia del francés, descrita como un elemento de desestabilización para la convivencia y señalada como pilar del proyecto por su papel en el proyecto, habría provocado una relajación en la plantilla. Ancelotti incluso habría alertado públicamente de esa situación desde el primer partido de Liga (1-1 en Mallorca) y se habría mostrado frustrado al ver que el equipo se ahorraba carreras, como ya había ocurrido con Álvaro Arbeloa y antes con Xabi Alonso.

Aun así, antes de su salida, Ancelotti alcanzó a encajar una temporada irregular pero con resultados que le permitieron llegar lejos: cuartofinalista en Europa, finalista de Copa y a cuatro puntos del Barça en Liga. Ese contraste, según el relato, marca la diferencia con el hundimiento prematuro que llega después.

La acumulación de resultados negativos, sin embargo, no habría debilitado al vestuario: se habría consolidado el fortalecimiento de algunos jugadores. Esto se habría visto reflejado en la destitución en enero de Xabi Alonso, que encontró oposición de tres jugadores clave: Vinicius, Bellingham y Valverde. La dirección, en este marco, habría interpretado que la elección del técnico vasco fue errónea y habría dado respaldo a las quejas de un sector de la caseta.

El primer gran conflicto que trascendió tras la llegada de Xabi Alonso se situó durante el Mundial de Clubes del pasado junio. Allí, el técnico decidió que Vinicius sería suplente en semifinales contra el PSG. El enfado del brasileño, que finalmente salió como titular por una lesión de Trent Alexander-Arnold, derivó en una tensión que explotó con su desafío público al tolosarra en el clásico. La escena y, sobre todo, la gestión posterior —incluida la ausencia de perdón público al entrenador tres días más tarde y la compresión de la cúpula directiva del club— habrían marcado un punto sin retorno.

Ya existían señales sobre la debilidad de Xabi Alonso ante el presidente, pero desde ese momento se habría convertido en un hecho probado. Para entonces, Valverde había protagonizado su imagen de brazos caídos en Kazajistán, mientras Bellingham, acostumbrado a dejar comentarios por detrás, también habría manifestado su distancia con el técnico. En ese contexto, se subraya que no pareció casual que los tres mostraran, en mayor o menor medida, poca sintonía con Alonso cuando se asumía que el preparador no cotizaba al alza dentro del club. A la vez, se menciona que Tchouameni mostró su apoyo público al tolosarra.

Antes de aquella imagen contra el Barcelona, el Madrid habría obtenido el 90% de los puntos en Liga (27 de 30 posibles). Tras ese momento, el porcentaje habría bajado al 70% (50 de 72). Con Ancelotti, según el relato, los egos no se habrían percibido hasta mayo de 2024, pero con el paso del tiempo se habrían disparado.

La temporada habría entrado en una dinámica más negativa con la secuencia protagonizada por Vinicius, y hasta que se conoció la pelea entre Valverde y Tchouameni, el cierre de curso se acercaba con Mbappé también bajo cuestionamientos. En ese sentido, se menciona que el francés fue observado aterrizando en Barajas tras unos días libres casi cuando el equipo arrancaba su partido en Cornellà, algo que no habría gustado en Valdebebas. Su deficitario esfuerzo defensivo tampoco le habría beneficiado frente a algunos compañeros, pese a que acumula 41 goles. Aun así, el enfado interno se habría acotado, y se interpretaba que el siguiente paso del resto sería dirigir la mirada a Florentino Pérez.

Tras la crisis, Mbappé habría vuelto a ejercitarse con el grupo y habría ganado enteros para viajar el domingo al Camp Nou después de su lesión en la pierna izquierda. En el relato se indica que, con el foco sobre sus actitudes, Vinicius y Mbappé encadenan ya dos campañas sin mezclar en el campo, aunque las señales del club apuntan a que se insistirá en la fórmula, probablemente con otro entrenador.

Con un vestuario descrito como carente de líderes —“ellos tienen que escuchar”, habría señalado Rüdiger a los más inexpertos hace dos meses— y con peleas entre futbolistas (Valverde y Tchouameni), el cuadro se completaría con roces de Arbeloa con Carvajal, Asencio y Carreras, además del descarte por decisión técnica en las dos últimas listas de Ceballos. Se añade que el nuevo entrenador comenzó con elogios y habría terminado el curso afeando la falta de compromiso, aunque no a Vinicius.

La suma de factores en un segundo año consecutivo depresivo sobre el césped lleva, finalmente, a la referencia a una frase atribuida a Florentino Pérez al dimitir hace 20 años: “Quizá he maleducado a los jugadores”.

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