Florentino Pérez, la apuesta del madridismo para un tercer milagro

Imagen gracias a: El País (América)

Florentino Pérez, la apuesta del madridismo para un tercer milagro

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Tras dos etapas en las que Florentino Pérez protagonizó el éxito, el madridismo le dio este domingo su respaldo para intentar repetirlo por tercera vez, en un momento marcado por la necesidad de recuperar la ilusión.

En la vida, a veces toca decidir entre quien ya te ha dado la felicidad y quien solo promete volver a hacerlo. Esa lógica, que no depende de ser seguidor de un club de fútbol, se trasladó este domingo al madridismo: el socio eligió a un presidente que ya construyó dos veces el “milagro” y ahora confía en que pueda lograr una tercera ocasión. Es, en el fondo, una especie de último baile asociado a los grandes motivos de alegría acumulados durante años.

La elección se celebró en unas votaciones que, por ser del tipo en el que el socio puede expresar su opinión tras muchos años, se valoran como una vía necesaria. El Madrid, por su propia atmósfera, suele exigir una reacción intensa: cuando se encadenan dos temporadas sin títulos, la demanda de cambio se vuelve especialmente fuerte. En ese contexto, el proceso electoral se percibe como la opción más directa, aunque no encaje con un calendario ideal, ya que lo habitual sería poder votar cada cuatro años y no bajo condiciones consideradas “exóticas”, con la llegada del actual jefe.

Después de una década descrita como la más feliz y alegre para el madridismo, en la que el equipo llegó a saltar “charcos” por media Europa dentro de una dinámica ganadora e invencible, la pregunta al socio fue clara: qué ocurre. El punto de partida se sitúa tras dos temporadas vacías, con Florentino Pérez observando la posibilidad de que hubiera movimientos problemáticos detrás de esa situación. Con el resultado de las elecciones, el presidente obtiene cuatro años más para seguir edificando el proyecto del Madrid en un escenario europeo complejo, donde la supervivencia de la entidad como propiedad de los socios aparece cada vez más comprometida.

Aunque se le señalan errores en los últimos años, el texto subraya que Florentino Pérez no cometió el último de todos, el de 2006, cuando se marchó al no saber gestionar el papel de las estrellas. En esta ocasión, se quedó y, además, se apoya en la promesa atribuida a Mourinho, enmarcada como el “último baile” que busca cerrar un ciclo. Mourinho, se recuerda, revolucionó el Madrid hace 15 años y, tras su salida, la plantilla quedó con una energía especial que dio inicio a un periodo de gran rendimiento: una hegemonía que el propio Florentino Pérez y parte del madridismo llegaron a atribuir en parte al entrenador, especialmente por aquel episodio de semifinales ante el Bayern en el que se decidieron los penaltis y fallaron todos los mejores del Madrid.

El Madrid vuelve a un ambiente de agitación y emoción, aunque con circunstancias distintas. Se insiste en que ni Mourinho es el mismo ni Guardiola dirige al mejor Barcelona de su historia, y también se matiza que el Madrid no atraviesa una agonía dominada por su rival eterno, aun cuando este esté por debajo en el momento descrito. En el vestuario, se plantea que existe una plantilla en rebelión, con estrellas jóvenes que han alterado la estabilidad de los banquillos y que, acumulando poder, podrían en el futuro confrontar a uno de los entrenadores con más carácter del fútbol mundial.

En ese escenario, el texto sitúa a Mourinho como entrenador fetiche: el preparador al que Florentino Pérez siempre ha respetado en niveles altos, incluso en ausencia del título dorado del Madrid. Ese poder, según la idea central del artículo, lo ha depositado Florentino Pérez en Mourinho, y por ello el entrenador ahora tiene su gran oportunidad.

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