Florentino Pérez y una comparecencia que disparó la ironía

Imagen gracias a: El País (América)

Florentino Pérez y una comparecencia que disparó la ironía

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La rueda de prensa de Florentino Pérez se convirtió en un fenómeno de humor en redes, alimentado por el tono y el contenido de su intervención.

Aunque a algunos pueda parecerles una exageración, el fútbol también tiene espacio para la risa, algo que quedó patente este martes a raíz de la delirante rueda de prensa ofrecida por Florentino Pérez. Hacía tiempo que las redes sociales no vivían un pico de humor como el de ese día, quizá desde que Dani Rovira presentó la gala de los Goya y media España se puso a tuitear como si todos llevasen un cómico dentro. Más recientemente ocurrió algo parecido durante la comparecencia de Luis Rubiales ante sus huestes federativas para explicar lo del “piquito” y su ya icónico “no voy a dimitir”. Aquello fue tan descabellado y frenético que hoy casi nadie recuerda a Leonardo di Caprio en El lobo de Wall Street diciendo exactamente lo mismo: que no se iba, aunque ambos terminaron saliendo por la puerta de atrás cuando la justicia se asomó por la mirilla.

Se puede entender el enfado del presidente del Real Madrid sin necesidad de seguir al detalle las líneas maestras de un discurso tan retorcido que lo habitual es enredarse. A nadie le gusta que se utilice, o incluso se invente, un problema de salud para adornar un cotilleo, un balance de gestión o una crítica que pierde toda legitimidad cuando traspasa el límite de lo humanamente aceptable. Florentino Pérez tiene derecho a enfadarse y a denunciarlo, especialmente si puede poner nombres y apellidos a quienes, en su criterio, hayan empleado esa vía para atacar los resultados de su largo mandato. Sin embargo, no lo hizo: dejó las alusiones directas para quienes, según su visión, intentan destruir al Real Madrid porque no pueden gobernarlo.

En el madridismo existe un mantra antiguo que el propio presidente siente como propio desde que aterrizó en la zona noble del Bernabéu, aunque quizá ya venía de antes: el Madrid es una golosina a la que todo el mundo intenta hincar el diente y su tarea principal como presidente sería apartarla de las manos codiciosas de sus enemigos, a menudo tan madridistas como él. Nada de esto era desconocido, en especial si se piensa en la prensa. Bajo su mandato se estandarizó el cántico de “Marca y As a la cámara de gas”, con la convicción de que los grandes medios deportivos de la capital no están para informar sobre el Real Madrid, sino para cantar sus gestas. Durante su intervención del martes, Florentino Pérez fue incluso un paso más allá: algunos periódicos llegaron a utilizar a mujeres para intentar alcanzar sus oscuros fines, y solo faltó que los retara para ver quién se atreve primero con un niño.

Nada es tan subjetivo como el fútbol, y el presidente del Madrid es la prueba más clara de ello: lo peor no son únicamente las cosas que dijo, graves por su abundancia, sino el hecho de que se las cree. Florentino Pérez aparece como uno más entre los millones de aficionados del mundo que no aceptan la derrota de su equipo como un resultado posible dentro de cualquier competición. El Madrid nunca pierde; al Madrid se le roba. Con ese paradigma, solo queda identificar fantasmas y gritar su nombre tres veces, como si se quisiera invocar a Bitelchús.

En su discurso, nada sería responsabilidad suya: ni los cambios con los entrenadores, ni la planificación de las plantillas, ni el desorden en el vestuario. La culpa recaería en Negreira, en José María García o incluso en un tuitero de San Sebastián que no le perdona el fichaje de Illarramendi. Así, no resulta extraño que comenzara la comparecencia con la intención de convocar elecciones y acabara dándose de baja en el ABC: pelearse con enemigos invisibles debe ser tan exasperante como liarse a trompadas con Trancas y Barrancas en El Hormiguero.

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