Europa hunde a los equipos de Ñamérica y España mantiene el buen ritmo

Imagen gracias a: El País (América)

Europa hunde a los equipos de Ñamérica y España mantiene el buen ritmo

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España superó a Portugal en su cruce. En los dos últimos días, Francia, Noruega e Inglaterra derrotaron a Paraguay, Brasil y México, respectivamente, dejando un balance negativo para los conjuntos sudamericanos.

Esto es una correspondencia entre dos de las grandes plumas de las letras hispánicas: Martín Caparrós y Juan Villoro, amigos y fanáticos futboleros, retomaron su serie ‘Un mundial de ida y vuelta’, iniciada con la celebración del Mundial de Qatar 2022, para seguir con idéntica pasión el día a día de este otro Mundial que acogen EEUU, México y Canadá.

En el duelo íntimo que los tenía como referencia, España ganó su partido contra Portugal. El texto recuerda que, en otros tiempos, ambos serían casi lo mismo: trozos de una historia compartida que luego se separaron y se repartieron por azares dinásticos. Pero con el paso del tiempo, esa separación llevó a que hoy se piense a España y Portugal como entidades eternas, una trampa que se activa especialmente en los mundiales.

El partido se caracterizó por un juego de talento y elegancia, resuelto muy lejos de los arcos. España dominó con una circulación constante de la pelota, aunque sin que eso se tradujera en maniobras ofensivas claras. Cerca de las áreas, la diferencia se deshacía en cortes y rebotes, y el único ataque con destino fue el gol de Merino, cuando parecía que el desenlace podría demorarse para siempre.

Después llegó el cierre de la historia deportiva: clasificación y resultado dejaron un gusto especial para España, mientras el balance general para los demás equipos no fue el esperado. El artículo resume el contraste con una idea contundente: tres jugados, tres perdidos. En los dos últimos días, tres equipos europeos —Francia, Noruega e Inglaterra— hundieron a tres ñamericanos —Paraguay, Brasil y México—.

El texto pone el foco en la decepción por lo que parecía encaminado. Se remarca que no es lo mismo contemplar una derrota que siempre iba a ocurrir que caer con un equipo que había mostrado señales de avanzar. También se menciona que, en el caso de Inglaterra al encerrarse atrás y plantear un escenario difícil, el intento de atacar con centros y remates no encontró el tipo de jugadores necesario para que esa estrategia funcionara, y el tiempo fue pasando.

En medio de la rabia, se destaca un detalle: el equipo logró que un arquero de Inglaterra hiciera algo parecido a lo que se ve en el Sportivo Sacachispas, el viejo recurso de embolsar una pelota fácil y zambullirse al suelo para ganar segundos. El texto lo relativiza: para que esa discusión tenga sentido haría falta identidad, y se señala que ese tipo de respuesta no llega de inmediato.

Luego, el artículo avanza hacia Francia y su historia. Se recuerda que, justo antes de su partido contra Paraguay, se quiso contar una parte de las andanzas del dictador Francia, que gobernó con muerte Paraguay en la primera mitad del siglo XIX. Se menciona a Don José Gaspar Rodríguez de Francia, autotitulado “dictador perpetuo del Paraguay”, y su intención de reservarse el monopolio de la yerba mate. También se cuenta que cuando el botánico francés Aimé Bonpland quiso estudiar el cultivo desde el lado argentino de la frontera, Francia ordenó secuestrarlo y encerrarlo. Se agrega que lo retuvo diez años y que incluso Simón Bolívar amenazó con tomar Asunción si no lo liberaba. Finalmente, se señala que el dictador soltó a Bonpland, que luego se casó con una princesa guaraní.

Sobre Brasil, el texto insiste en que no es un caso menor: se lo describe como un equipo que, incluso en un momento de derrota frecuente y con técnico italiano, se vio especulando con el contragolpe. Se menciona el modelo de Helenio Herrera de 1968 y se agrega que, aun así, Brasil encajó dos goles del 9 en las narices, cerrando la referencia a Marquinhos y Gabriel.

Aparece entonces Erling Haaland como figura. Más allá del debate sobre su grandeza y su torpeza, se subraya la forma en que celebra sus goles: sin gritos ni carreras, con una mueca rara y una sonrisa casi sorprendida, como si cada tanto volviera a ocurrirle lo mismo.

El texto deriva hacia Estados Unidos y la figura de Donald Trump, presentado como el 9 disfrazado de Folarin Balogun. Se describe a Balogun como un personaje de estos tiempos: hijo de nigerianos nacido en Nueva York; criado en Londres desde los dos años; inicio futbolístico en Inglaterra; llegada a combinados juveniles; y un paso por un club francés tras un “naufragio”. Se señala que, en algún momento, debió elegir entre las selecciones de Inglaterra, Nigeria y Estados Unidos, inclinándose por esta última.

Se afirma que Trump atacó al fútbol y lo matoneó como suele, y que el fútbol no quiso o no supo defenderse. Por un rato, el texto dice, el matón de opereta debió sentirse orgulloso por haber ganado algo. La nota también menciona la duda entre exigir los cuatro goles que su equipo merecía pero no supo hacer y, más simplemente, aceptar la derrota una vez más y conformarse con unos miles de millones en bitcoins.

En ese contexto, se menciona a Pocchetino, técnico argentino que dirige o dirigía la selección US, y se describe su reacción al papelón bajo el estilo de “yo digo lo que diga el jefe”. Se remarca que se olvidará lo ocurrido y se enlaza con lo que sigue: Argentina se la juega contra Egipto, “pero más contra sus fantasmitas”. Para recomponer el equipo desastroso, Scaloni echó mano a Leandro Paredes, el 5 de Boca.

La carta cierra con una despedida dirigida a quien sueña o espera satisfacción, aunque el texto deja claro que esa posibilidad incomodará a Cleopatra y Nefertiti.

Te abraza, m.

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