
Imagen gracias a: El País (América)
España, el nuevo referente de la excelencia
España se ha convertido en el escaparate mundial de la excelencia, en un paralelismo que recuerda el papel que Brasil tuvo históricamente. El texto repasa la idea de Cesar Luis Menotti y el camino que llevó al país a consolidar una identidad futbolística basada en convicción, títulos y un estilo reconocible.
Jugadores de la selección española celebran un gol ante Croacia en el partido de este martes.
España es hoy para el mundo lo que Brasil fue históricamente: la representación de la excelencia.
El autor presenta un texto de tono reflexivo en el que defiende determinadas ideas y extrae conclusiones a partir de su lectura de hechos y datos. Para hacerlo, propone una metáfora que remite al siglo XX, cuando la palabra “furia” circulaba en las tertulias deportivas como intento de definir el fútbol español. A partir de esa noción, plantea que la furia es un estado excepcional del ánimo y que no puede convertirse en un estilo.
En ese contexto, en una España sin un discurso futbolístico claramente asentado, Cesar Luis Menotti intervino en la búsqueda de identidad. Lo hizo con una frase que resume un dilema: “España tiene que decidir si quiere ser toro o torero”. El planteamiento, según el texto, incluía varios cuestionamientos: la crítica a una supuesta indefinición futbolística y, además, una carga implícita que el propio Menotti expresó desde su comparación con el mundo de los toros.
A partir de ahí, el artículo vuelve sobre el recorrido del fútbol español durante el siglo. Se mencionan figuras providenciales, equipos que funcionaron como referencias globales, casualidades favorables, títulos que reforzaron la confianza y una inteligencia académica capaz de transformar el conocimiento en escuela. Todo ello conformaría una cultura amplia que lo abarca.
El desafío lanzado por Menotti tardó en responderse, pero la respuesta terminó siendo contundente: España eligió ser torero. No solo eso, sino que lo hizo con una capacidad de aparecer con frecuencia notable en los grandes acontecimientos. El texto sostiene que, cuando antes España buscaba su identidad, luego pasó a exportarla, y que tanto los centrocampistas como entrenadores y una forma de practicar el fútbol han sido reclamados en distintos lugares por su belleza y eficacia. En esa línea, se afirma que Menotti alcanzó a ver que España no solo encarna lo torero, sino que también abre escuelas en el sentido simbólico de su influencia.
La reflexión se amplía con una mirada al entorno, especialmente en semana FIFA. El artículo subraya un dato colectivo: 40 partidos sin perder, 31 victorias y 9 empates. Lo presenta como un exceso y, a la vez, como una advertencia. Remite a Alemania para recordar que, cuando aparecía un patrón parecido, generaba miedo por el modo en que terminaba imponiéndose, sin importar el camino. Ahora, esa personalidad habría sido “robada” por España, con un añadido particular: gana y, además, se destaca por el cómo. El texto describe ese dominio como presión constante y el balón como eje del juego.
Dentro de la nueva distribución de papeles, el autor identifica un robo simbólico de mayor impacto: España, para el mundo, representa la excelencia del mismo modo en que Brasil la representó históricamente.
También se mencionan cambios en otros retratos nacionales. Uruguay, pese a su actitud siempre emocionante, ya no le basta con el orgullo competitivo épico; el fútbol italiano pierde centralidad; y Argentina, que entregó al mundo a Maradona y Messi, corre el riesgo de idealizar el coraje como virtud noble, aunque no sea la más fértil para seguir construyendo genios.
El artículo sostiene que el fútbol, como fenómeno popular global, evoluciona con ese contexto. Los estilos, que antes estaban muy definidos, se habrían reorganizado por efecto de la televisión, que permite ver fútbol de todo el mundo, y por el libre tránsito de jugadores y entrenadores, quienes al viajar se nutren de otras miradas y, al mismo tiempo, contagian las suyas. Las migraciones, según el texto, alteraron identidades y favorecieron el giro. Por eso propone revisar las características de cada país, señalando que a veces se recitan como una oración cuando pueden estar basadas en prejuicios viejos.
Finalmente, el autor plantea que las nuevas generaciones de jugadores españoles deben sostener la senda marcada por sus antecesores y, a la vez, vigilar para que la historia no vuelva a girar.
Cierra volviendo a Menotti: la duda, afirma, no es un lugar para quedarse. Para escapar de las dudas, España habría ganado títulos, prestigio y una manera propia de jugar, pero lo más importante, según el artículo, es que ganó convicción.
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