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Enrique Macaya Márquez suma 17 reconocimientos y continúa ligado a los Mundiales

Imagen gracias a: El Universo

Enrique Macaya Márquez suma 17 reconocimientos y continúa ligado a los Mundiales

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En Catar 2022, Enrique Macaya Márquez recibió el reconocimiento de la FIFA y la AIPS como el periodista en actividad con más mundiales de cobertura: 17. A sus 91 años, mantiene presencia en el análisis futbolero y en 2024 volvió a comentar por TV un partido de Copa Sudamericana.

Enrique Macaya Márquez, referente del análisis futbolero en la televisión argentina, recibió en Catar 2022 el reconocimiento de la FIFA y la AIPS (Asociación Internacional de la Prensa Sportiva) al periodista en actividad con más mundiales de cobertura: 17.

Nacido en 1934, año mundialista, su vida quedó marcada por el fútbol desde temprano. Durante cincuenta años se desempeñó como comentarista número uno en un país donde, incluso, hasta las mujeres comentan fútbol. Entre 1985 y 2009 condujo el ciclo Fútbol de primera, un programa que monopolizaba la audiencia.

La distinción llega con una trayectoria que, a sus 91 años, todavía no se apagó por completo. En 2024, con 89 años, volvió a comentar por TV un partido de Copa Sudamericana. De cara al inicio de Canadá, Estados Unidos y México 2026, tiene las maletas listas para asistir a su número 18, aunque aún no está confirmado. En caso de concretarse, aportaría comentarios históricos, análisis, participaciones especiales y su presencia simbólica; Telefé sería el medio que lo llevaría.

En una entrevista realizada durante el torneo de Sudáfrica 2010, bromeó con que, a su altura, cambiaría un Mundial por dos años menos, pero aun así se anotó tres mundiales más. Quienes lo conocen destacan que, a esa edad, se lo ve grande pero impecable: físico e intelectualmente mantiene un buen nivel, con una imagen fresca.

Macaya fue entrevistado en Johannesburgo en el IBC (International Broadcast Center), el gran conglomerado que la FIFA instala en cada Copa para los medios audiovisuales. Allí se concentran canales y radios de todo el mundo con derechos de transmisión, con estudios y oficinas asignadas. En ese entorno, se lo describe como un patriarca.

Sobre sus inicios, recordó su debut en los mundiales de 1958: fue su primer viaje a Europa y, en ese contexto, debían coordinarse para trabajar para Radio Belgrano. Contó que, durante el vuelo, se dieron cuenta de que el avión iba a Fráncfort, dentro de un Mundial que incluyó la goleada de Checoslovaquia a Argentina 6 a 1, un resultado que le generó una gran conmoción. También mencionó que llevaba tres años sin fumar cuando se produjo ese impacto, y que volvió al cigarrillo después.

En cuanto al trabajo de radio en esa época, explicó que Radio Belgrano compró un circuito telefónico y que había una hora fija para transmitir. Señaló que no tenían retorno: no escuchaban a sus compañeros en Buenos Aires, por lo que no sabían si estaban al aire ni cómo estaba saliendo la transmisión. Aun así, cuando llegaba el momento, contaban hasta diez y comenzaban: “Buenas noches, amigos oyentes…”.

También habló de Chile 62 y del primer pacto de no agresión en los mundiales, un hecho que calificó como olvidado. Recordó que Inglaterra acordó el empate con la entonces Bulgaria comunista, con el argumento de que Inglaterra clasificaba por diferencia de gol y eliminaba a Argentina. Describió el 0 a 0 como un partido similar al tenis, con poca circulación de la pelota en campo propio y un ida y vuelta permanente sin cruces de mitad de cancha.

Sobre el funcionamiento de los torneos, valoró que en Suecia se jugó en estadios pequeños de madera y que no existían centros de prensa. En ese sentido, afirmó que el contacto con los jugadores era total: se alojaban en el mismo hotel que el equipo y estaban con ellos durante todo el día. Contó que podían realizar las entrevistas que querían, ir al entrenamiento e incluso ingresar al campo de juego, algo que consideró imposible hoy por los cambios tanto en los futbolistas como en los periodistas.

Al referirse a 1966, lo definió como un gran Mundial. Señaló que aún no había televisión en directo: los partidos se filmaban y las cintas se enviaban por avión, y en Argentina se proyectaban dos días después. En México 70 apareció el satélite y los partidos pudieron verse en vivo.

Macaya contó que en México 70 no viajó enviado por un medio en particular: se sumó como colaborador libre. Allí siguió a Perú, que consideró una gran selección, y también a Brasil. De ese Brasil de 1970 destacó su conformación, con una delantera de cinco números 10: Jairzinho, Gerson, Tostão, Pelé y Rivelino.

Al evaluar cuál fue el mejor equipo que vio en los mundiales, respondió que no fue ese Brasil, sino la Holanda de Rinus Michels. La describió como una revolución increíble que no se repite y señaló que, pese a perder la final, Cruyff sostenía que si volvían a jugar mil veces ese partido no lo perderían, aunque en aquella instancia les faltó experiencia. En ese marco, afirmó que México 70 fue la mejor edición de todas.

Para él, México 70 fue la máxima expresión del fútbol bien jugado: ofensivo, creativo y espectacular. Luego, al hablar de Alemania 1974, sostuvo que la Copa trajo una novedad y recordó que cubrieron todo el Mundial como se hace ahora. Explicó que antes cada periodista seguía a su selección y nada más, y que en Alemania 1974 ya hizo televisión y trabajó para Canal 7, el estatal.

Allí también mencionó un suceso irrepetible: el surgimiento de esa Holanda, una verdadera Naranja Mecánica. Tras el partido en el que Holanda le ganó a Argentina 4 a 0, Osvaldo Ardizzone le dijo que iban a tener que inventar palabras porque con las del diccionario no alcanzaba para explicar lo que estaba ocurriendo. Macaya sostuvo que ese equipo revolucionó el fútbol.

En 1978, afirmó que tiene un lindo recuerdo porque vio por primera vez campeón a Argentina. Indicó, sin embargo, que fue un Mundial manchado por la situación política del país, aunque sostuvo que estuvo muy bien organizado y de alto nivel, especialmente en materia de televisación.

Sobre el polémico partido Argentina 6 - Perú 0, respondió que no hubo nada: un equipo avasalló al otro. Agregó que, además, ese Perú no era gran cosa y no hizo nada en esa Copa. También recordó que Argentina pasó a la final y le ganó a Holanda, el fútbol del momento, con tres goles. Señaló que el problema fue que Brasil se retiró invicto, lo que generó sospechas.

Para 1982, Macaya ya era la figura central del comentario en la Argentina y se preparaba para viajar a su sexto Mundial, sin imaginar que cubriría once más. En ese contexto, resumió su visión: el Mundial es mucho más que fútbol; también es cultura, política, sociedad y emociones.

Finalmente, se refirió a la tecnología aplicada al fútbol. Explicó que el fútbol se oponía a la tecnología, pero que el mundo avanzó demasiado en ese sentido. Consideró que si la televisión muestra desde distintos ángulos si la pelota entró o no, el fútbol no puede quedarse en la anécdota y tiene que adecuarse a la época, al menos en ciertos aspectos puntuales. Cuestionó la modificación de la pelota para dar más emoción al espectáculo y favorecer más goles, y dijo que prefiere una gran atajada antes que un gol tonto.

“Solo cinco mundiales se jugaron sin Macaya...”, dejando claro el peso de su trayectoria en la cobertura mundialista.

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