Egipto rompe su maleficio mundialista y sueña con eliminar a Argentina en octavos

Imagen gracias a: El País (América)

Egipto rompe su maleficio mundialista y sueña con eliminar a Argentina en octavos

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Los Faraones, reyes del fútbol africano pero con un historial pobre en Copas del Mundo, encadenaron resultados que los sacaron de la fase de grupos por primera vez y se ilusionan ahora con dar el golpe ante Argentina.

Pese a ser reconocidos como los reyes del fútbol africano, los Faraones vivían una paradoja histórica en los Mundiales: Egipto solo había disputado tres ediciones y nunca había ganado un partido. Ese panorama cambió en este torneo, donde el equipo ya sueña con destronar a Argentina en octavos.

Antes de que comenzara el Mundial en el Azteca de Ciudad de México, la selección egipcia atravesó un episodio incómodo que evidenció otra cara de su historia. Con una carta, la FIFA pidió a la federación egipcia retirar las siete estrellas de la camiseta, en referencia a las veces que el país ha levantado la Copa Africana de Naciones. En el continente, Egipto presume una hegemonía clara; en el escenario mundial, en cambio, acumulaba poco para mostrar.

Su caso es singular: no existe otra selección con una brecha tan marcada entre sus vitrinas continentales y su registro en las Copas del Mundo. Antes del arranque de este Mundial, Egipto había participado únicamente en 1934, 1990 y 2018. En las dos últimas ocasiones, el desenlace fue especialmente duro: nunca superó la fase de grupos y, además, no sumó una sola victoria. La sequía se extendía durante 92 años.

En esta edición, el inicio volvió a dejar un sabor agridulce. Egipto empató ante Bélgica en su primer partido. Sin embargo, el segundo encuentro trajo el giro definitivo: el equipo logró su primera victoria en la historia del torneo, derrotando a Nueva Zelanda. A partir de ese momento, el progreso se convirtió en una cadena de hitos. Tras un partido exigente ante Irán, Egipto consiguió por primera vez superar la fase de grupos. El avance se completó con su primera eliminatoria ganada contra Australia.

Para los egipcios, esta trayectoria significa sacarse una espina que llevaba décadas clavada. El periodista deportivo Eslam Magdy resume la contradicción entre el legado continental y el rendimiento mundialista: “Teníamos un gran legado en [África], pero en mundiales eran tres participaciones desastrosas”. También recuerda que incluso la generación dorada egipcia de Mohamed Aboutrika, a principios de los 2000, no logró clasificarse para un Mundial. “Nunca le habíamos podido mostrar al mundo quiénes somos, ni nuestra pasión por el fútbol”, añade.

Desde la victoria contra Nueva Zelanda, la respuesta del país ha sido inmediata y sostenida. Cafés y zonas con pantallas gigantes se llenaron de gente sin importar el día o la hora, con celebraciones en las calles de El Cairo y una oleada de publicaciones en redes sociales. La canción Eh el youm el helw dah (Qué hermoso es este día) se transformó en uno de los himnos populares del Mundial, reflejando una alegría que hacía tiempo no se veía.

En el ambiente cotidiano, el optimismo se repite. Karim, camarero en un café del centro de El Cairo donde se proyectan los partidos, se muestra satisfecho: “Estoy contento y me siento orgulloso”. También afirma que el momento es histórico: “Es lo mejor que hemos hecho en la historia”. Y proyecta el futuro con una meta clara: “Vamos a llegar hasta semifinales, entre los cuatro mejores, como Marruecos en el anterior Mundial”. Shahenda, profesora de inglés, describe el cambio emocional incluso para quien no sigue toda la temporada: “Yo no soy muy aficionada, no lo sigo todo el año, ni veo todos los partidos, pero cuando se trata de la selección, sobre todo en el Mundial, es diferente”. Para ella, “esta vez se siente realmente especial” porque no es solo fútbol, sino ver a Egipto lograr algo “increíble” y formar parte de un momento que la gente recordará por años.

Uno de los factores que más se mencionan dentro del equipo es la figura del entrenador Hossam Hassan, una leyenda nacional y uno de los mejores delanteros de la historia del país. En la media parte del duelo contra Nueva Zelanda, cuando Egipto caía, pronunció un discurso emotivo que muchos consideran el detonante de la remontada. Tras el encuentro, explicó: “Les repetí a los jugadores que el pueblo egipcio merecía ser feliz”, y añadió: “no podíamos decepcionar a esta gente”.

Magdy destaca la autoridad y el impacto de Hassan: “Hassan es nuestro entrenador y una leyenda de nuestra selección nacional. Es un delantero inigualable, y a esto se suman su carisma, sus logros y una gran capacidad para gestionar al equipo”. También observa que para los jóvenes su figura es comparable a la de Zidane, por la admiración que despierta. Además, muchos egipcios han valorado sus gestos recurrentes y cálidos hacia Palestina, incluyendo la dedicación de la victoria contra Australia y la celebración en el césped con la bandera.

El buen rendimiento del equipo también ha abierto una nueva etapa de reconocimiento para Mohamed Salah. Con 34 años, y después de cerrar este año una etapa legendaria en el Liverpool tras casi una década en Anfield, el delantero egipcio llega a este Mundial probablemente en su mejor momento. Antes del torneo, ya había expresado en Sky Sports su ambición de “llegar más lejos de lo que este país ha llegado jamás”. Abdallah, quiosquero en el centro de El Cairo que ha visto todos los partidos de la selección, considera que Salah es el mejor de la historia del país junto a Aboutrika. “Tuvo sus opciones de optar a ganar el Balón de Oro”, valora, aunque lamenta que “seguro que disminuyeron debido al rendimiento de [la selección de] Egipto”.

Con este impulso, Egipto afronta ahora el reto de octavos de final ante Argentina de Leo Messi. El equipo se presentará con una confianza alta, y Magdy lo resume con claridad: “Estoy seguro de que nuestros chicos harán su mejor esfuerzo”. En las calles del centro de El Cairo también se respira optimismo. Arabi, frutero, recuerda que “cada partido tienes sus circunstancias”. Ali, que reparte comida con su bicicleta, se muestra igualmente confiado: “Tenemos una oportunidad; hay un gran equipo”. Abdallah, el quiosquero, insiste en que, con Hassan, “no hay imposibles”.

El sentir nacional quedó reflejado en la reacción del comentarista egipcio Ali Mohamed, de la cadena qatarí beIN Sports, al penalti que dio la victoria a Egipto frente a Australia: “No hay nada más hermoso que una victoria y Egipto se merece el logro. Estoy viviendo un sueño del que no me quiero despertar. Gracias a Dios, es lo más bonito que deseé, y más de lo que esperaba, y mejor de lo que había pedido en mis oraciones”.

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