Ecuador se despide del Mundial tras el desorden táctico de Beccacece

Imagen gracias a: Primicias

Ecuador se despide del Mundial tras el desorden táctico de Beccacece

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El “laboratorio” de Sebastián Beccacece colapsó en el tramo final: cambios constantes, improvisaciones y la falta de laterales de oficio dejaron a Ecuador expuesto y terminó pagando caro su crisis en la Copa del Mundo.

Los jugadores ecuatorianos lloraron en el centro del campo del estadio Azteca tras la eliminación por México, en la Copa del Mundo.

El debut de Yaimar Medina en el Estadio Azteca puso en evidencia una problemática de fondo en la Selección de Ecuador. Con 22 años, el juvenil ingresó para asumir el rol de lateral zurdo dentro de una reestructuración que movió a Piero Hincapié a la zaga central, trasladó a Ángelo Preciado a la derecha y dejó fuera de la alineación a Alan Franco y Joel Ordóñez. El reacomodo funcionó como un “efecto dominó” que marcó el rumbo del equipo.

La banda derecha se convirtió en un espacio de tránsito y afectó el equilibrio defensivo. Julián Quiñones castigó con frecuencia la espalda de Alan Franco, reconvertido e incómodo en la marca, lo que obligó a que Preciado variara su rol posicional. En ese contexto, la zona izquierda también dejó de ser una solución estable y pasó a convertirse en un problema recurrente.

A lo largo del torneo, el desbarajuste táctico se acumuló. Sebastián Beccacece atravesó una espiral de dudas con modificaciones que cambiaron la estructura durante la campaña. En el sector izquierdo, en particular, el equipo no encontró consistencia: en los cuatro encuentros disputados, no se repitieron nombres ni funciones.

Hincapié actuó como lateral contenido ante Costa de Marfil, Alemania y México. En el partido ante Curazao, el dibujo mutó a una línea de tres centrales, con Pervis Estupiñán como carrilero de proyección.

Esa falta de estabilidad se extendió también al bloque ofensivo. Alan Minda inició como extremo titular en los dos primeros cotejos; luego, frente a los germanos, el puesto pasó a Nilson Angulo, que respondió con un golazo. Sin embargo, “Pepo” no logró repetir esa actuación determinante ante México en los dieciseisavos de final, donde el equipo se desordenó junto con el resto del colectivo.

Ecuador alternó entre dos sistemas base: el 1-4-4-2 rígido y el 1-3-5-2 ensayado en Kansas. La consecuencia más dura llegó ante México: al prescindir de laterales de oficio específicos, Franco e Hincapié quedaron expuestos ante la velocidad de Quiñones y Alvarado. Ese error conceptual terminó de sellar el adiós de La Tricolor del certamen.

El ciclo de Sebastián Beccacece al frente de la Selección ecuatoriana, que apenas duró dos años, cerró con una paradoja marcada: su búsqueda de un equipo versátil y camaleónico terminó por desdibujar certezas que el grupo ya tenía incorporadas. La riqueza táctica no se basa en cambiar de esquema cada 90 minutos, sino en potenciar las virtudes del futbolista dentro de un ecosistema reconocible. Beccacece intentó buscar perfección en la pizarra, pero en el proceso sembró dudas en la cabeza de sus jugadores. Su salida deja una lección para el futuro de La Tri: la identidad no se negocia según el rival, se construye desde bases propias.

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