
Imagen gracias a: El Universo
Curazao dejó sin sustento al discurso de Ecuador en el Mundial
El artículo cuestiona las decisiones de Francisco Egas al elegir entrenadores, critica la narrativa de una supuesta “generación dorada” y sostiene que el relato de grandeza se desmoronó con el resultado ante Curazao.
Antes de entrar en el análisis de lo ocurrido el sábado 20 de junio en Kansas, el texto insiste en que vale la pena revisar cómo se construyó la expectativa alrededor de Ecuador. Se recuerda una caracterización previa de Curazao como “la Cenicienta del grupo”, un rival que, según esa visión, debía ser superado con claridad y contundencia. En ese mismo marco, se afirmaba que el plantel ecuatoriano era de lujo y que llegaba al Mundial con ambiciones altas, con capacidad para competir y vencer a potencias.
El artículo también recoge la forma en que se vendió el proyecto: se hablaba de una “generación dorada” con talento colectivo e individual y de la intención de “soñar en grande” para generar grandes alegrías a la hinchada.
Sin embargo, la realidad del torneo se presenta como la prueba de que aquel entusiasmo era un espejismo. El texto atribuye la ilusión a la Federación Ecuatoriana de Fútbol y a un sector del periodismo y de analistas que, según el autor, amplificaron el mensaje. También menciona que algunos periodistas veteranos participaron de esa fantasía, al afirmar que Ecuador tenía una selección extraordinaria y que podía ganar la Copa del Mundo.
La crítica se dirige a quienes, a juicio del autor, alimentaron una maquinaria propagandística y terminaron dejando a los aficionados como principales afectados. Se describe el sacrificio del hincha que vendió bienes, pidió licencias sin sueldo o renunció a su empleo, empeñó joyas, organizó rifas o compró pasajes a crédito para acompañar a la Selección, además de quien pagó hoteles, entradas y camisetas para llenar las tribunas y alentar con el lema “¡Sí se puede!”.
El texto afirma que dirigentes, cuerpo técnico y jugadores se habrían alejado de la gente y que, pese a reclamar apoyo incondicional, evitarían el contacto cuando un hincha se acerca. En ese contexto, se plantea que la cadena de responsabilidades inicia en Francisco Egas. Según el artículo, su administración estuvo marcada por errores reiterados, tolerados por un directorio que rara vez cuestiona sus decisiones.
Se detallan además prácticas atribuidas a esa gestión, incluyendo un esquema de privilegios durante viajes y concentraciones: pasajes en primera clase, champán francés en el vuelo, alojamiento en una suite de lujo con heladera abastecida, y una limusina para asistir al estadio con una regalía que se resume en la frase “pida lo que quiera que paga la FIFA”. El autor deja una pregunta en el aire sobre cuántos invitados de la FEF acompañan a la Tri en este Mundial.
El artículo sostiene que el proceso arrancó con una presentación cargada de fuegos artificiales para presentar a Jordi Cruyff. Se menciona que Egas habló de un proyecto de diez años para convertir a Ecuador en “potencia mundial del fútbol”. La principal credencial señalada para Cruyff fue su vínculo familiar con Johan Cruyff, y se asegura que nunca dirigió un entrenamiento, no conoció el fútbol ecuatoriano y no llegó a trabajar con los jugadores. Se indica que por la pandemia se marchó antes de empezar, pero que se fue con una indemnización cuyo detalle, como tantas cosas de la FEF, quedó envuelto en el secreto.
Tras ese episodio, el texto ubica el siguiente paso: Gustavo Alfaro. Se afirma que llegó después de salir de Boca Juniors y que su propuesta se basaba en una cautela extrema: defenderse y esperar un contragolpe salvador. El autor también señala que, bajo esa gestión, comenzó una práctica que terminó normalizándose: usar a la Selección como vitrina para promover futbolistas destinados al mercado internacional.
Luego, se menciona a Félix Sánchez Bas, quien llega después del fracaso de Catar en su propio Mundial. Según el artículo, su ciclo fue breve y terminó de forma similar a los anteriores.
Después aparece Beccacece. El texto lo describe como un técnico limitado para conducir una selección que aspiraba a objetivos tan elevados. Se reconoce que clasificó al Mundial, pero se sostiene que no logró construir un equipo sólido ni una identidad futbolística reconocible.
Con ese marco, el artículo concluye que Ecuador no exhibió credenciales de “potencia” y que el técnico no encontró el rumbo de un proyecto que, según el autor, naufragó. En ese punto, se menciona una referencia a Costa de Marfil como el equipo que “desmontó” el relato de la supuesta “mejor defensa del mundo”. También se subraya el papel de Hernán Galíndez como el único jugador que, en medio de ese panorama, sale con la frente en alto.
Ante Curazao se repite la crítica: el texto admite que Ecuador generó oportunidades, pero afirma que permitió que un rival considerado inferior llegara con frecuencia inquietante a su área. Se vuelve a destacar que Galíndez evitó un resultado todavía más doloroso.
El artículo aborda además la forma en que se describía a Moisés Caicedo, señalando que se le llegó a presentar como el mejor volante de contención del mundo, e incluso se menciona que algún cronista lo calificó como un “Muñeco de otro planeta”. La postura del autor sostiene que la realidad fue distinta.
A partir de ese diagnóstico, el texto afirma que no existió el gran equipo prometido. Se menciona que se improvisaron laterales, que se dependió de dos excelentes zagueros obligados a jugar al límite, y que el mediocampo casi nunca protegió a la defensa, con Pacho e Hincapié enfrentando a rivales a pocos metros del arquero.
En ataque, se indica que el esfuerzo terminó reduciéndose al trabajo solitario de Enner Valencia. Se señala que falló ocasiones, pero se remarca que intentó sostener una ofensiva sin socios ni respaldo.
El partido ante Curazao, de acuerdo con el texto, mostró un conjunto desordenado, desesperado y sin ideas: una selección que confundió voluntad con fútbol y chocó una y otra vez contra Eloy Room. Se afirma que el encuentro pareció improvisado, como si fuera de muchachos de barrio, y no como el debut de un equipo presentado como candidato a grandes gestas.
Finalmente, el autor afirma que solo queda una esperanza matemática remota: lograr una goleada histórica sobre Alemania. Mientras tanto, sostiene que quienes anunciaban una potencia mundial buscan refugio en explicaciones de emergencia y señalan a Beccacece o a Valencia como únicos responsables, pero el texto insiste en que no se les debe creer: la mentira fue colectiva y, por tanto, la responsabilidad también debe ser colectiva.
El artículo cierra negando la existencia de la famosa “generación dorada” prometida, al afirmar que lo que existe es un grupo de futbolistas económicamente realizados, dirigentes que han fracasado en su gestión y un DT que, según su criterio, no debió ocupar el cargo. El autor concluye que no se sumó a la manada que aplaude todo lo que hace la FEF y que su labor periodística se ha sostenido en la independencia y en la confianza de su audiencia.
Si quieres más información visita Poder en los Medios

Aguinaga, Montero, Valencia, Tenorio y Agustín Delgado cuestionan a la Tri tras el 0-0 con Curazao
21 junEcuador empató 0-0 con Curazao y aumenta la presión: el reclamo contra Beccacece marca el regreso en Kansas
21 jun
Ecuador ante el Mundial 2026: optimismo, dudas futbolísticas y dos noticias que marcan al deporte nacional
31 may
Carlos Tenorio arremete contra la gestión de la FEF y cuestiona a Sebastián Beccacece
20 junEnner Valencia lamenta el 0-0 de Ecuador ante Curazao y apunta a Alemania
21 jun
Aguinaga, Montero, Valencia, Tenorio y Agustín Delgado cuestionan a la Tri tras el 0-0 con Curazao
21 junRichard Carapaz cerró el Tour de Suiza como subcampeón
21 jun
Ecuatorianos celebran el Día del Padre con el sueño del Mundial 2026: viajes desde España y Estados Unidos
21 jun
Moisés Caicedo: “Tenemos otra gran oportunidad” tras el 0-0 de Ecuador con Curazao
21 junMundial 2026: España, Bélgica y Uruguay buscan su primer triunfo en la jornada del 21 de junio
21 jun
