
Imagen gracias a: El País (América)
All Blacks entrenan en Villanubla para impulsar programas de inclusión con internos mediante el rugby
La Federación Española de Rugby, con el apoyo del club vallisoletano El Salvador, desarrolla iniciativas deportivas en la prisión de Villanubla (Valladolid) que cuentan con la participación de jugadores de la selección de Nueva Zelanda.
El entrenamiento de rugby en la cárcel de Villanubla (Valladolid) se desarrolla con el balón ovalado volando junto al alambre de espino que rodea el campo. En un espacio de hormigón elevado, hombres y mujeres internos realizan ejercicios bajo la supervisión de entrenadores del club El Salvador, quienes trabajan con la colaboración de jugadores de la poderosa selección de Nueva Zelanda.
A finales de mayo, la visita de los All Blacks coincide con su presencia en la ciudad para participar en las Series Mundiales de Seven, una variante del rugby. La Federación Española de Rugby, respaldada por El Salvador, organiza la participación de los neozelandeses en un programa orientado a la inclusión y el deporte dentro de la prisión. La actividad se convierte en una experiencia poco habitual para los reclusos, que siguen de cerca las indicaciones de los profesionales a pesar del entorno y de la complejidad del acceso al espacio deportivo.
Los jugadores recorren los pasillos de la cárcel, con los móviles fuera, hasta llegar a un área interior protegida por verjas y alambre. Allí, el entrenamiento se pone en marcha con balones preparados en el césped y con consignas para enseñar fundamentos como el pase y la recepción. En medio de dudas sobre el ritmo y la utilidad de la práctica, los internos reciben la explicación de que se trata de claves básicas, y se anima a que también se realicen acciones de placaje.
El trabajo toma forma con ejercicios de pase de lado a lado y con indicaciones sobre cómo enviar y recepcionar para evitar que el balón se descontrole. Después, la sesión avanza hacia dinámicas de esquivar, retener y placar, mientras un vigilante del torreón contiguo atiende a la actividad. Entre explicaciones y reacciones, aparecen momentos de tensión y, sobre todo, risas, en una dinámica en la que el deporte ayuda a gestionar emociones e incluso iras cuando alguien tumba en los contactos.
Varias internas describen el impacto del rugby en su convivencia y autoestima. Amaya, de 49 años, señala que tras dos periodos internos y al conocer el proyecto, la práctica le ha ayudado a sentirse capaz y a relacionarse de forma distinta, destacando que en el módulo se mejoran las relaciones y se reducen las “rencillas”. Ainoa, de 30, explica que empezó a jugar desde enero, que no conocía el deporte y que la tranquilidad que le aporta es clave al ser su primera experiencia deportiva. Elena Lozano, de 31, cuenta que al principio se escondía por vergüenza, pero que otra interna la animó a sumarse; ahora afirma sentirse orgullosa de sí misma y asegura que el rugby le ofrece un cambio significativo. Las tres coinciden en que, cuando salgan, esperan continuar practicándolo.
La iniciativa también es valorada por los visitantes neozelandeses, que reconocen no haber probado el rugby en una penitenciaría. Dylan Collier, de 35 años y uno de sus representantes, subraya en inglés que es muy diferente ver cómo aprenden, y que el deporte puede ayudar a la gente, aportar a la comunidad y fomentar el entendimiento del trabajo en equipo, el respeto al rival y la posibilidad de expresarse. Oti Camacho, coordinadora de proyectos de la Federación Española de Rugby, resalta el respeto, la gestión emocional ante los contactos, el buen ambiente interno y un aspecto central: la prisión es muy jerárquica y el rugby es un deporte cooperativo. Además, menciona que en el penal de Estremera (Madrid) el capitán del equipo da la comida a los presos de aislamiento, con lo que se busca favorecer su integración, reduciendo conflictos y tensiones.
Conforme los ejercicios terminan, los internos sudan y comentan las acciones realizadas. Roberto Martín, de 38 años, explica que era futbolero hasta que descubrió el balón oval hace tres años y que el rugby le ha aportado valores de respeto y confianza, además de amistad al compartir vestuario y diversión, junto con más autocontrol. Jonatan Caparrós, de 34, coincide en la idea de que el deporte rompe la rutina. La jornada concluye con un abrazo final en un corro, agradecimientos, autógrafos de los neozelandeses y el regreso nuevamente a la celda.
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