Academia Mohamed VI: Marruecos impulsa su próximo relevo futbolístico

Imagen gracias a: El País (América)

Academia Mohamed VI: Marruecos impulsa su próximo relevo futbolístico

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En las afueras de Rabat, la Academia Mohamed VI concentra el trabajo de formación de decenas de jóvenes con el objetivo de abrirse paso hacia el fútbol europeo. El cuarto puesto de Marruecos en el último Mundial y la designación del país para organizar el torneo de 2030 junto a España y Portugal refuerzan el protagonismo de este proyecto.

A las afueras de Rabat, en Salé, se desarrolla el porvenir de decenas de jóvenes que persiguen dar el salto a las grandes ligas europeas. La cuarta plaza de Marruecos en el último Mundial, junto con la elección del país norteafricano como sede del torneo de 2030, compartida con España y Portugal, ha puesto el foco sobre el trabajo que se realiza en esta cantera.

Tarek el Khazri recorre los campos de la Academia Mohamed VI, un centro ubicado al borde del bosque de Mamora, el mayor alcornocal del mundo. El responsable del reclutamiento señala el entorno que rodea las instalaciones y describe el método que, desde que las instalaciones se pusieron en marcha en 2010, ha buscado convertir la formación en el “secreto” del fútbol marroquí. Nombres como Ounahi, Aguerd o Boudlal aparecen asociados a los jugadores producidos allí.

En Qatar 2022, Marruecos se convirtió en la primera selección africana en alcanzar las semifinales de un Mundial. De los 26 futbolistas que disputaron el torneo, 14 habían nacido fuera del país y fueron reclutados mediante un plan de captación de talento foráneo con raíces marroquíes. Además, cuatro jugadores se formaron en la Academia Mohamed VI: En-Nesyri, ahora en Al Ittihad; Ounahi, del Girona; Aguerd, del Olympique de Marsella; y Tagnaouti, del FAR de Rabat.

El programa formativo volvió a dar un aviso de su solidez en octubre de 2025, cuando la selección marroquí ganó el Mundial sub-20. En la final, Marruecos derrotó a Argentina (2-0). En el once inicial aparecieron cuatro graduados del centro: Zahouani, Khalifi, Essadak y Zabiri, quien marcó los dos goles del partido y fue elegido segundo mejor jugador del torneo.

El Khazri recibe cada año propuestas de clubes de países del Golfo y de Europa, algunas capaces de cuadruplicar o quintuplicar el sueldo. Aun así, mantiene su decisión de no moverse: asegura que trabajar en la academia es un orgullo por tratarse de una institución vinculada al rey y a una visión que busca hacer el proyecto competitivo en África y en el mundo.

Impulsado por Mohamed VI y financiado con fondos de la bolsa de la corona, el centro fue concebido con una idea clara: construir el mejor club de Marruecos. El monarca buscaba elevar el nivel del fútbol desde la base en todo el país y reforzar un plan más amplio para situar a Marruecos como un foco principal del deporte en África, con la mirada puesta en el Mundial 2030, que se organiza con España y Portugal.

La Academia Mohamed VI cuenta con cinco equipos, en categorías sub-13, sub-15, sub-17, sub-18 y sub-21, que compiten en campeonatos regionales y nacionales siempre por encima de su edad. “Nuestros niños tienen mucho talento. Si jugásemos con los de la misma edad, no sería un desafío para ellos”, afirma El Khazri.

La trayectoria de Zabiri, goleador de la final del Mundial sub-20 y con un campo que lleva su nombre, refleja el camino que recorren los chicos. El delantero pasó más de una década vinculado al programa hasta que, con 21 años, jugó en el Stade Rennais de la liga francesa. En el balance formativo del centro figuran 22 graduados en clubes europeos y 32 en equipos de la primera división marroquí.

El Khazri compara el sistema con una fábrica. El proceso arranca con la búsqueda de “materia prima” a través de 11 centros de reclutamiento repartidos por el país, que evalúan a niños de entre 7 y 13 años. Zabiri fue localizado en Marraquech cuando tenía 10 años, comenzó a entrenar allí y posteriormente se trasladó a Salé. El programa controla a 454 niños en estas edades, sigue su progresión y, cuando cumplen 13 años, selecciona a 20 para llevarlos a las instalaciones de la academia, donde permanecen hasta los 18.

La incorporación de chicos por encima de 13 años es poco habitual: ocurre únicamente con niños muy talentosos, uno o dos al año, y aun para ellos el máximo para entrar es 15 años. Tras esa edad, el acceso se considera imposible. En cuanto al tiempo de formación, el programa mínimo para producir futbolistas de nivel es de al menos tres años, aunque la mayoría permanece entre cinco y ocho dentro del sistema, contando el periodo inicial de entrenamiento en sus ciudades.

El centro está diseñado para que los jóvenes piensen en pocas cosas más además del fútbol. El programa es gratuito; incluso hay familias que empiezan a cobrar cuando los chicos cumplen 16 años, lo que ayuda a resolver situaciones límite. Los jugadores comen y duermen en el recinto, asisten a clase, entrenan por la mañana y por la tarde, y reciben atención médica y de fisios en las instalaciones. También rezan en la mezquita construida en el recinto. El nivel de las instalaciones es profesional y, según El Khazri, busca que los jóvenes no se sientan impresionados cuando jueguen en un club en Europa.

La preparación mental tiene un papel decisivo. El Khazri subraya que, con la presencia de los medios de comunicación y las redes sociales, un jugador necesita solidez mental para lograr sus objetivos y debe desarrollar una mentalidad “de acero”. La academia cuenta con dos psicólogos que acompañan a los chicos desde el primer día, especialmente durante la primera semana tras separarse de sus familias, que considera la más dura. Por ese motivo, los envían a casa después de los primeros cinco días.

En Marruecos, la Academia Mohamed VI se percibe como un proyecto capaz de provocar cambios profundos en todo el sistema futbolístico del país. El fútbol, y el deporte en general, se integran como parte central de la estrategia política y de cuidado de la juventud. Con casi la mitad de la población por debajo de los 30 años, los éxitos recientes de las selecciones de fútbol alimentan el orgullo nacional y aumentan el interés por practicarlo.

En la medina de Rabat, las réplicas de camisetas de Achraf Hakimi, del PSG, y de Brahim Díaz, del Real Madrid, inundan tiendas del zoco. Ambos nacieron en España con familia marroquí. En la ampliación hacia el oeste de la Corniche de la capital, iniciada en 2019, aparecen pequeñas canchas de césped artificial junto al Atlántico donde se juega de forma gratuita más allá de la puesta de sol, casi hasta medianoche.

El impulso que el Gobierno espera que la Academia Mohamed VI genere en la profesionalización de las canteras de los clubes se vincula a un elemento que considera clave en el desarrollo del fútbol y en su poder geoestratégico: la roca fosfórica. Marruecos concentra más del 70% de las reservas mundiales de este mineral, del que se extraen los fosfatos necesarios para fabricar fertilizantes. El Grupo OCP (Office Chérifien des Phosphates), empresa estatal encargada de la explotación, creó en enero de 2024 una filial llamada OCP Sport Development para apoyar el fútbol base, bajo supervisión de la federación marroquí. En su presentación, explicó que el objetivo era “establecer y gestionar centros y academias de entrenamiento de alto nivel, así como identificar talentos desde una edad temprana”.

La idea es replicar el modelo de la academia del rey en los clubes profesionales. Una de las escuelas que recibe fondos de los fosfatos es la del Fath Union Sport (FUS), el club de Rabat que Regragui llevó por primera vez a ser campeón de liga en 2016. Regragui, además, fue el seleccionador que llevó a Marruecos a la semifinal en Qatar 2022. En la ciudad deportiva del FUS se observa uno de los grandes proyectos urbanísticos del país, con la Copa África de este año y el Mundial 2030 como horizonte. Al fondo se levanta el estadio Príncipe Moulay Abdellah, derribado en 2023, reconstruido con el proyecto del estudio de arquitectura Populus y reinaugurado en octubre de 2025. Un kilómetro a su izquierda se ve la estación para el tren de alta velocidad que une Tánger, Rabat y Casablanca, y que se amplía ahora hasta Marraquech.

En el FUS también existe una residencia para jugadores entre los 13 y los 18 años, aunque con capacidad limitada: solo 70 de fuera de Rabat. El resto vive en la capital con sus familias. Los jugadores asisten a colegios de los alrededores y el resto del día lo completan en la residencia, en instalaciones más modestas junto a los campos de entrenamiento. Manuel Pires, director técnico del FUS, afirma que la Academia Mohamed VI está por encima de ellos y que, aunque su academia podría ser la número dos o tres, existe una número uno, que son ellos, y el objetivo es competir con ese nivel, con los mejores niños del país.

Cada vez más, Marruecos incorpora talento extranjero para la formación. La escuela del rey cuenta con entrenadores belgas, holandeses y, con frecuencia, españoles. Buscan elevar el nivel general y ofrecer a los chicos visiones de distintas culturas, de cara a su paso por clubes europeos. Pires señala que su inspiración es la escuela española, mencionando a Guardiola y a la selección de 2010. Destaca que contaban con jugadores fantásticos, como Xavi Hernández y Andrés Iniesta, y que lo más relevante era la organización táctica: ofensivamente libre y defensivamente organizada.

En el reclutamiento, Pires explica que intentan encontrar perfiles con inteligencia futbolística, en particular creatividad. Plantea el reto de qué hacer con jugadores que no sean creativos o no destaquen en inteligencia futbolística. Argumenta que, si se prohíbe el regate, se está negando una forma de creatividad; y añade que, si se bloquea la creatividad, se termina haciendo que todos los jugadores sean iguales.

Incluso el FAR, equipo de las fuerzas armadas y uno de los más exitosos del país, con el 90% del personal formado por militares, se ha sumado a ese enfoque con apoyo financiero de los fosfatos. En los últimos meses contrataron como director deportivo al francés Julien Banghala, procedente del Ajaccio, donde trabajaba como entrenador asistente en la segunda división francesa.

Desde su llegada, Banghala reorganizó la estructura de la cantera: seleccionó entrenadores para los chicos de entre 13 y 18 años. Los mayores de 16, que son 120, viven y estudian allí. Además, creó un comité de alto rendimiento para coordinar la información médica y el progreso de los jugadores, e introdujo métodos de trabajo como sesiones esporádicas de fútbol sala para mejorar la técnica y también trabajo de gimnasio y piscina. Pires reconoce que algunos cambios tardan en llegar porque, a veces, hay que recorrer la cadena de mando hasta un comandante. Banghala también viaja para buscar jugadores: “Es difícil cocinar bien sin ingredientes”. Al mismo tiempo, mira con mezcla de admiración y envidia a la Academia Mohamed VI, que considera que dispone de lo más selecto y reconoce que no tienen contacto con ella.

En cierto modo, Pires comparte con El Khazri la visión de la escuela como una factoría: su objetivo es tener seis jugadores de la cantera en el primer equipo dentro de tres años.

El ciclo de la Academia Mohamed VI culmina con una especie de feria. A finales de abril organizan un torneo con su equipo mayor e invitan a juveniles de algunas de las mejores canteras del mundo. Además, reciben a un grupo amplio y selecto de ojeadores de clubes y agencias. Los chicos están cerca de firmar su primer contrato profesional, y en algunos casos la academia ingresa dinero por traspasos.

Muchos de los graduados regresan de manera puntual cuando están concentrados cerca de las instalaciones de la federación. Aprovechan para visitar su antigua academia y repartir botas y camisetas entre los chicos que sueñan con seguir su camino.

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