Zidane y Guardiola: la frustración nace al priorizar la liga doméstica

Imagen gracias a: El País (América)

Zidane y Guardiola: la frustración nace al priorizar la liga doméstica

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Zinedine Zidane y Pep Guardiola coinciden en una idea compartida sobre el valor de los títulos: ninguno supera la importancia de la liga doméstica. La eliminación del Atlético de Madrid a manos del Arsenal reabre el debate entre éxito europeo y frustración local.

Zinedine Zidane y Pep Guardiola han compartido espacios comunes desde que el mundo tuvo constancia de su existencia, con historias tan distintas como complementarias. Como futbolistas, ambos destacaron como centrocampistas de técnica y una inteligencia sobresaliente, con una pasión que los hacía encajar como piezas ideales. Como entrenadores, su pensamiento se ha mantenido alineado en la forma de entender el negociado, empezando por el peso que otorgan a los títulos en juego: ninguno es más importante que la liga doméstica.

Esa postura se convierte en una referencia cuando se recuerda lo que ambos han llegado a plantear en distintas ocasiones. En el caso del francés, su mensaje quedó marcado tras pronunciarse en la sala de prensa del Real Madrid, con el chándal oficial del club y ante la atención de varios presentes. Allí dejó una frase que resumía su enfoque: “Felicito al Barça porque ha hecho lo más difícil, lo más bonito y lo más importante, que es ganar la liga”.

La eliminación del Atlético de Madrid a manos del Arsenal vuelve a situar el análisis en un terreno conocido: el de medir el éxito y la frustración con una lógica principalmente europea. En LaLiga, con el Barça situado a 25 puntos, el aficionado colchonero aún conservaba la posibilidad de que el recorrido continental compensara una temporada que no terminó de convencer. Sin embargo, tras quedar fuera del sueño europeo, aparece la realidad de otro año que se siente desperdiciado, un destino que también alcanzó al Real Madrid, con una diferencia relevante: en Chamartín, despreciar la liga española se ha convertido en un credo repetido como mandamiento y, en ciertos momentos, como consuelo.

Del Madrid se llegó a decir que cayó “con las botas puestas”. En el caso del Atleti, se ha repetido la idea de que “no se le puede pedir mucho más”, como si se tratara de una expectativa limitada difícil de superar. El Barça, en cambio, fue despedido con una lectura distinta: su eliminación europea se interpretó como la señal de que no tenía nivel para competir. La victoria en la liga española, entonces, no se valoró con el mismo peso, como si ganar el campeonato doméstico no bastara para sostener un rendimiento al nivel exigido en Europa. En ese contraste, a unos se les matiza el camino con honores y al otro se le añade la coletilla de fracaso.

Esa forma de contar lo ocurrido alimenta una frustración extendida entre los culés, que se sienten atrapados en la lógica de la excepción ibérica: la que sostiene que solo la Liga de Campeones importa. Es el relato que favorece los esfuerzos puntuales y el triunfo en corto, por encima del conjunto del recorrido. En consecuencia, crece la sensación de que en el ambiente se celebra el desconsuelo de los dos equipos de la capital como si fuese un título, mientras el Barça aparece como el que pierde, una narrativa que se repite una y otra vez, sin que resulte claro el porqué.

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