Imagen gracias a: El País (América)
Por qué el baloncesto puede ser una gran opción para niños y adolescentes
La mayoría de los menores en España no alcanza la actividad física recomendada. El baloncesto, además de aportar beneficios físicos, favorece el desarrollo social y cognitivo: desde la creatividad y la memoria hasta habilidades para la toma de decisiones y el trabajo en equipo.
La mayor parte de los niños y adolescentes españoles realiza menos actividad física de la recomendada. En ese contexto, los deportes colectivos como el básquet se presentan como una vía para mejorar la salud y, al mismo tiempo, potenciar aptitudes sociales y cognitivas, con efectos que abarcan desde la creatividad hasta la memoria.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) es clara: los jóvenes de entre 5 y 17 años deben acumular 60 minutos diarios de actividad física. Estas rutinas tienen que incluir ejercicios aeróbicos intensos y, al menos tres veces por semana, actividades orientadas a reforzar huesos y músculos. La prevención del sedentarismo, por tanto, conviene iniciarla desde edades tempranas. En 2025, UNICEF señaló un cambio relevante en el panorama de la malnutrición al indicar que, por primera vez en la historia, la obesidad superaba al bajo peso como forma dominante entre niños y adolescentes.
Conscientes de que las horas lectivas de Educación Física en el colegio no bastan, muchas familias se plantean la elección del deporte. Surge entonces la duda sobre si conviene apuntar a un gimnasio o decantarse por una disciplina concreta, y si resulta mejor optar por un deporte individual o por uno de equipo.
Según la neurocientífica y exjugadora de baloncesto Raquel Marín, la práctica deportiva en edades tempranas cuenta con un respaldo amplio de la evidencia científica. Marín subraya que los deportes compartidos, practicados con compañeros con los que se persiguen objetivos comunes, ofrecen más oportunidades y mayores virtudes. En esa misma línea se pronuncia Jon Burzaco, jefe de los servicios médicos del Movistar Estudiantes, que coincide en el valor del baloncesto al aunar entrenamiento físico, aprendizaje social y desarrollo cognitivo.
El baloncesto español vivió en 2025 un nuevo máximo histórico, con 453.092 licencias federativas, lo que supone un crecimiento superior al 20% en cuatro años. El impulso más destacado corresponde al baloncesto femenino, que suma más de 138.000 jugadoras federadas, de acuerdo con los datos del Consejo Superior de Deportes (CSD) 2025.
Con este panorama, los expertos plantean argumentos para orientar la decisión hacia el baloncesto, agrupados en beneficios para el cuerpo, la cabeza y las habilidades sociales.
Hazlo por tu Cuerpo
Porque enseña a moverse antes que a competir Durante la infancia y la adolescencia el cuerpo cambia con rapidez: en periodos de poco más de un año pueden registrarse crecimientos de alrededor de 20 centímetros, con la elongación de piernas y brazos. Azahara Fort, investigadora y preparadora física del club de cantera de básquet Siglo XXI, señala que el entrenamiento debe considerar esa evolución. En baloncesto, el punto de partida son habilidades psicomotrices útiles para toda la vida.
Un deporte que mejora todo a la vez Burzaco resume el carácter integral del básquet: se corre, se frena, se salta, se gira, se cambia de dirección y se coordinan brazos y piernas en secuencias. Para él, es un deporte completo que implica a todo el cuerpo y en el que el practicante construye e integra patrones de movimiento especialmente ricos. En lugar de entrenar un gesto aislado, se prepara al cuerpo para responder con eficacia ante estímulos y esfuerzos físicos variados.
Porque fortalece sin castigar En edades tempranas, el trabajo de fuerza y el ejercicio aeróbico son relevantes también para los más jóvenes, tal como indica la OMS, pero con una metodología distinta. Burzaco advierte que no se trata de asumir cargas máximas. Explica que se trabaja la fuerza con intensidades variables, normalmente entre el 30% y el 60% de la capacidad máxima de chicos y chicas, dosificando el esfuerzo para ganar tono muscular y mejorar estabilidad y resistencia sin someter al cuerpo a sobrecargas prematuras.
Hazlo por tu Cabeza
Porque el ejercicio también ‘fabrica’ cerebro Raquel Marín vincula la evolución del cerebro humano al juego y al grupo social, con la necesidad de ubicarse en el espacio y memorizar aquello que mejoraba los resultados para los objetivos compartidos. A su juicio, un partido de básquet encaja con esa descripción. El ejercicio físico estimula la formación de nuevas neuronas, mejora la memoria y mantiene el componente lúdico y la persecución de un fin común, potenciando la plasticidad cerebral.
Porque se aprende mejor con cerebros sincronizados Marín y Burzaco destacan el valor de las estrategias construidas en común. Cuando un grupo organiza roles específicos dentro del juego, la consecución del objetivo puede resultar más eficaz. Al combinar ejercicio y práctica cotidiana de esas estrategias, se logran aprendizajes más rápidos y consistentes gracias a la sincronía entre cerebros. Además, la cancha mantiene el aprendizaje abierto a problemas nuevos en cada posesión y en cada partido, convirtiendo el espacio de juego en una escuela temprana para el pensamiento estratégico.
Porque mejora la velocidad de procesamiento mental y la toma de decisiones El baloncesto exige percibir estímulos, anticiparlos y descartar el ruido para aprovechar la información útil con rapidez al decidir. Marín y Burzaco coinciden en que este talento es inherente a la práctica del deporte. Burzaco explica que la cabeza debe analizar y ajustar continuamente lo que llega por los sentidos: ha aprendido a elegir bien, pero necesita comprobar dónde está el compañero al que se quiere pasar el balón, qué hace el rival y, en ocasiones, improvisar cuando la circunstancia cambia. Para él, todo ello se traduce en flexibilidad cognitiva, memoria para leer y recordar patrones y automatizar respuestas en contextos cambiantes, además de adquirir una capacidad de resolución de problemas valiosa en todos los aspectos de la vida, también fuera de la cancha.
Hazlo por tus Habilidades Sociales
Porque enseña pertenencia y verdadero trabajo en equipo En baloncesto no se consigue nada en solitario. Burzaco resume la idea con una frase: el pase no te lo das a ti mismo. Jugar bien exige tener en cuenta a los demás. El médico de Estudiantes enumera los valores que se aprenden: unos niños y niñas llegarán a anotar canastas y protagonizar momentos, mientras otros deberán sacrificarse por el grupo y aportar en otras facetas. También se asumen roles como liderazgo o respeto al liderazgo, responsabilidad y disciplina para sostener el esfuerzo individual de forma que el equipo no falle. Además, se interiorizan normas, se practica la empatía con el otro y se desarrolla comunicación, porque cada compañero necesita que se le exprese qué requiere en cada momento. Para Burzaco, esta experiencia fomenta el sentimiento de pertenencia y fortalece habilidades para el trabajo en equipo útiles a largo plazo.
Porque enseña a manejar la presión y convivir con el error En deportes individuales, el error, el cansancio y la frustración recaen más directamente en el propio practicante. Aunque la mejora individual existe en cualquier deporte colectivo, el baloncesto reduce el impacto del componente competitivo en el deportista infantil o adolescente al formar parte de un equipo. Burzaco considera que el básquet funciona como educación emocional: el fallo se comparte, se diluye parte de la culpa y la conciencia de que la mejora personal y el cumplimiento del objetivo se alcanzan en común crea una red que facilita un aprendizaje esencial para la vida adulta. Entre esos aprendizajes están la tolerancia al fracaso, una perspectiva menos dramática ante lo que uno hace y una mejor gestión de la presión asociada a cada decisión.
En definitiva, apuntar a un niño o una niña a baloncesto, más allá de si desemboca o no en una carrera deportiva, garantiza un cuerpo mejor entrenado, una mente más flexible y una manera más inteligente de relacionarse con los demás. No se trata solo de deporte: es una educación.
Para reforzar su postura, Burzaco añade un último elemento ligado a su experiencia personal. Practicó judo y ciclismo, aunque no baloncesto, y recuerda la envidia que le generaba la fraternidad entre los integrantes del equipo. En su opinión, el baloncesto ofrece además un buen ambiente: es un deporte donde la afición respeta a los suyos y al rival, donde imperan los valores del deporte y donde esas diferencias se notan.
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