Tomas Petrecek y el peso del riesgo: cuando renunciar a una nueva ruta parece la decisión correcta

Imagen gracias a: El País (América)

Tomas Petrecek y el peso del riesgo: cuando renunciar a una nueva ruta parece la decisión correcta

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La retirada del alpinista checo Tomas Petrecek de abrir una vía en el Nanga Parbat, debido a los peligros visibles, lo conecta con Alfred Mummery, el primer hombre que intentó subir a un ochomil y murió en el intento hace 131 años.

La decisión de Tomas Petrecek de no abrir una vía nueva en el Nanga Parbat por los riesgos evidentes lo enlaza con la figura de Alfred Mummery, el primer hombre que intentó escalar un ochomil y que falleció en el intento hace 131 años.

Desde que el alpinismo de élite se convirtió en una disciplina en la que también interviene la estrategia, la pregunta se repite: ¿vale la pena arriesgar la vida para alcanzar una cima? La forma de afrontar ese dilema mantiene un hilo conductor entre los pioneros y los referentes actuales, con aciertos y errores que se repiten a través del tiempo. Las montañas, en cambio, ya no parecen inmutables. El cambio climático ha alterado las condiciones del “juego”, y el Nanga Parbat, uno de los 14 ochomiles del planeta con 8.125 metros, une el pasado y el presente entre Mummery y Petrecek con una distancia de 131 años.

Petrecek desea escalar el Nanga Parbat en estilo alpino y por una nueva ruta, siguiendo el ideal que persiguió Mummery: conquistar una montaña de la manera más pura y ligera posible.

Alfred Mummery cambió para siempre la manera de entender el reto del alpinismo. Para él, no se trataba solo de llegar a la cima apoyándose en la figura del guía de montaña, sino de buscar la dificultad y conquistar líneas hasta el punto culminante sin “hacer trampas”, con honestidad y respeto por el entorno. En ese marco, Mummery formuló una obsesión para generaciones de escaladores: “¿Cuánto puedes restar a una expedición para que escalar vuelva a ser realmente una lucha entre el ser humano y la montaña?”.

Esa respuesta tiene un nombre: estilo alpino. Implica que dos personas permanezcan unidas por una cuerda, cargando con lo necesario para protegerse, alimentarse, hidratarse y descansar, sin recurrir a porteadores de altura, cuerdas fijas ni oxígeno embotellado. El enfoque exige autonomía y obliga a asumir decisiones complejas y psicológicamente exigentes.

Mummery descubrió el alpinismo de forma típica de su época, atado a un guía suizo. Con el tiempo acumuló experiencia y decidió que el guía sobraba en la ecuación, porque desvirtuaba la aventura: quería tomar sus propias decisiones. En 1895, después de firmar ascensiones destacadas en los Alpes —casi siempre con el guía Alexander Burgener, como en las primeras ascensiones de la Aiguille du Grépon por la arista norte o de la arista Zmutt al Cervino— dio el salto al Himalaya sin guías, pero con dos compañeros de cordada británicos. En ese momento, nadie sabía cómo ni por qué vertiente era posible escalar un ochomil, y menos aún el Nanga Parbat.

Mummery intentó la vertiente del Diamir y se rindió a 6.100 metros. Más tarde, con dos porteadores Ghurkas, Goman Singh y Ragobir Thapa, exploró la vertiente del Rakhiot. No volvió a saberse de ellos y tampoco se recuperaron sus cuerpos, presumiblemente sepultados por una avalancha el 24 de agosto de hace 131 años. El Nanga Parbat no se escaló hasta 1953, cuando el austriaco Herman Buhl logró hacerlo. El primer ascenso de un ochomil en estilo alpino llegó en 1975, con Reinhold Messner y Peter Habeler, tras décadas de expediciones pesadas y asedio a las montañas más altas.

Con el paso del tiempo, el valor de escalar un ochomil se ha concentrado en el estilo y en las dificultades elegidas, ya que las rutas normales se han convertido en parte del circuito comercial. En ese contexto, el Nanga Parbat muestra una pared especialmente imponente: la vertiente Rupal, con 4.600 metros desde su base hasta la cima. Esa pared es, para los checos Tomas Petrecek y Marek Holecek, un objetivo recurrente. Este verano volvieron a situarse a los pies de la colosal muralla para intentar una nueva ruta en estilo alpino hasta la cima.

En 2018 renunciaron a escalar 7.800 metros debido a rachas de viento de 100 km/h, después de intentar abrir una variante de la ruta que los hermanos Messner abrieron en 1970.

A principios de este mes, la pareja checa comenzó a escalar el corredor de acceso a la ruta elegida. Pronto se encontraron con una sucesión de aludes que los obligó a refugiarse en un espolón de roca. Esa misma noche, un aumento marcado de la temperatura y un aguacero impropio para la altitud en la que se encontraban —cerca de los 4.500 metros— provocaron un deshielo que arrastró ríos de agua mezclada con desprendimientos de roca. Tuvieron que desplazarse durante la noche, improvisando rápeles desde el espolón y quedando expuestos al riesgo de ser alcanzados por un bloque de roca.

Holecek planteó entonces un segundo intento buscando una línea alternativa. Petrecek, en cambio, expresó que no contaría con él: “No volveré a mirar esta montaña, no al menos este año”, explicó en sus redes sociales.

La renuncia de Petrecek generó una fractura evidente en la cordada. Holecek escribió que recibió la noticia como si le arrojasen “una jarra de agua helada en la cara”, aunque en ningún momento criticó la decisión. Holecek señaló que llegó a considerar lanzar el intento en solitario, como hizo en 2011, pero reconoció que en esta ocasión le faltaba “la fuerza interior necesaria” para medirse con el Nanga Parbat.

La historia de Mummery también incluye el abandono ante el peligro: tras intentar escalar el Diente del Gigante —una punta de roca que custodia el acceso a la arista Rochefort y continúa hacia las Grandes Jorasses— desistió y lo explicó al mundo con un mensaje dentro de una botella: “Impossible by fear means” (imposible de forma honesta). Petrecek no afirmó que la escalada en la Rupal del Nanga Parbat fuese imposible, pero sí sostuvo que no quería volver a asumir un riesgo semejante.

Al final, cambian los actores y también se transforman las montañas, pero el valor de cualquier alpinista sigue ligado a la capacidad de tomar decisiones adecuadas, que permitan seguir vivo más allá de la frustración o de la aceptación del miedo. Esa es la cuerda que une a Mummery con Petrecek y con quienes se enfrentan al compromiso en la alta montaña.

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