PSG y Arsenal: la Champions como choque entre dos modelos de fútbol

Imagen gracias a: El País (América)

PSG y Arsenal: la Champions como choque entre dos modelos de fútbol

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El texto reflexiona sobre cómo han cambiado el fútbol y la forma de vivirlo, y plantea la final de la Champions entre PSG y Arsenal como un duelo que simboliza el “nuevo fútbol”.

En los últimos años, nada ha quedado igual, y el fútbol no ha sido la excepción. La tecnología ha acelerado transformaciones que buscan mejorar y, al mismo tiempo, generan efectos en proporciones parecidas. Al ser un territorio de fuerte carga humana, la irrupción de esos cambios se sintió con especial intensidad: el vestuario se ha vuelto más parecido a una oficina eficiente y el fútbol dejó de ser, para muchos, una experiencia únicamente visceral.

Con la mirada puesta en el Mundial, el autor se pregunta qué tipo de fútbol se encontrará. Señala que los precios del Mundial son inaccesibles y que los partidos se programarán en horarios europeos pese a que se juegue en América. Aun así, sostiene que nadie podrá con el fútbol.

La base de la reflexión parte de la esencia del juego: lo define como primitivo, exageradamente humano, emocional, artístico y binario. Según el texto, la dimensión salvaje convoca al animal que se fue; la humana recorre el camino del error a la genialidad; la emocional permite sentir mientras se juega; y la artística se expresa a través del cuerpo, que engaña con un amague o encuentra el virtuosismo técnico. En ese marco binario, el resultado se reduce a ganar o perder, con “ellos contra nosotros”.

También se mencionan cambios en el entorno: los clubes han incorporado nuevos propietarios para impulsar su economía, con actores económicos que el autor describe como pintorescos e incluso grotescos. El dinero busca mostrarse y el fútbol se convierte en un gran escaparate capaz de atraer a magnates internacionales ajenos a la cultura autóctona.

La tecnología, por su parte, comenzó observando el fútbol desde fuera. Ayudó al análisis y trató de traducir el juego en números. El texto critica que quienes miran un partido como si fuera una cuestión científica lo descompusieran en estadísticas, sin comprender que el fútbol también se lee entre líneas: hay que atender los detalles y lo invisible, no solo lo medible.

En el plano deportivo, el autor sostiene que los entrenadores se volcaron al método y que el futbolista terminó por reclamarlo, aunque en ese proceso se debilitó la intuición: esa capacidad que encuentra soluciones originales, la “sabiduría callejera” que resuelve problemas sin acudir al banquillo, la astucia como inteligencia capaz de descubrir atajos al borde del reglamento y la cuota de libertad necesaria para crear. En ese contexto, advierte sobre el riesgo de que el gusto de jugar deje de ser una forma de escapar de la realidad para convertirse en un modo de entrar en otra.

El artículo reconoce que un equipo necesita orden, y afirma que sin armonía colectiva no existe el juego, pero subraya el problema de la proporción: cuando el método deja de ser una herramienta para ordenar el talento y pasa a sustituirlo. Aun así, destaca que siguen naciendo jugadores diferentes que reconcilian con las verdades más profundas del fútbol. Además, recuerda que suele ocurrir que un gol de uno de los dos equipos activa el orgullo, la rebeldía y la necesidad, y que con ello el fútbol vuelve a ser un lugar donde lo inesperado tenga oportunidad. En esa perspectiva, la combinación fatal que el autor teme es método más especulación.

Luego, el texto defiende la existencia de un método ambicioso y fascinante. Menciona al City de Guardiola, el PSG de Luis Enrique, el Bayern de Kompany y el Arsenal de Arteta como equipos hipnóticos, capaces de seducir incluso a quienes desconfían de planteamientos demasiado formales. Con esa idea, concluye que el fútbol sigue corrigiendo a la vida y funciona como refugio frente a un mundo rígido, vigilado, calculado y eficiente.

Como cierre, el autor conecta la reflexión con la actualidad: esta semana, Coruña y Santander fueron conmovidas por el ascenso de sus equipos, y considera emocionante cómo el fútbol desata el orgullo comunitario en un tiempo divisorio en el que la gente parece replegarse hacia un individualismo social y políticamente tóxico. Por eso, sitúa la final de la Champions como un nuevo gran punto de tensión, con PSG y Arsenal peleando como dos colosos del nuevo fútbol. La identificación global que genera el partido, afirma, también habla del poder del fútbol.

Si el fútbol no alcanza, el texto apunta que el Mundial está a la vuelta de la esquina, con entradas de precio pornográfico; pero insiste en que ver a los héroes envueltos en una bandera vuelve fanáticos. Ese, para el autor, es el superpoder del fútbol: sobrevive a todo.

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