Muju Trail en Corea del Sur: el recorrido técnico que frenó la hegemonía keniana en las Golden Trail World Series

Imagen gracias a: El País (América)

Muju Trail en Corea del Sur: el recorrido técnico que frenó la hegemonía keniana en las Golden Trail World Series

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La final de 28 kilómetros en Muju Trail, con 2.400 metros de desnivel positivo, se disputó en Corea del Sur y dejó como ganadoras a Andrea Kolbeinsdóttir y a Elhousine Elazzaoui, mientras Madalina Florea consolidó su dominio en la clasificación femenina.

Las Golden Trail World Series comenzaron en 2018 con la intención de impulsar el deporte a escala mundial. Con el paso de los años, el circuito pasó de repartir triunfos entre europeos y kenianos a mostrar desde 2024 una hegemonía en ciernes, sustentada por atletas con una potencia y una capacidad para gestionar tramos exigentes con ventaja.

En ese contexto, la gran final celebrada en Muju Trail, en Corea del Sur, funcionó como un antídoto: un trazado técnico, condicionado por la elevación y por la superficie, capaz de aumentar la incertidumbre y dificultar el control del ritmo. La carrera, de 28 kilómetros y 2.400 metros de desnivel positivo, fue la primera del año sin kenianas en el top-5 y terminó con el triunfo de la islandesa Andrea Kolbeinsdóttir, que además no figuraba entre las 20 primeras de la general.

Elhousine Elazzaoui mantuvo su cetro en la clasificación final femenina, el tercero, al imponerse en la carrera por delante de Patrick Kipngeno. Este resultado fue especialmente relevante porque Kipngeno era el primero de cinco kenianos a los que Elazzaoui superó en el ranking final.

Antes de Muju, las Golden Trail World Series habían utilizado en 2024 el circuito de Kobe (Japón). Aquel recorrido presentaba un desnivel positivo aún más marcado por kilómetro, aunque con una superficie que permitía trotar, incluyendo escaleras de madera de “pendiente amable”, aun cuando la inclinación superaba el 30%. Además, algunos tramos se suavizaban al bajar por una línea recta entre árboles con raíces visibles, sin obligar a retener músculo. Pese a que al reconocer a Kipngeno algunos atletas europeos parecían haber perdido la calma en el hotel, la situación cambió después y el guion se repitió al año siguiente.

El diseño del circuito exige unos mínimos de desnivel positivo de 600 metros de promedio por kilómetro. Desde entonces, se encadenaron pruebas con resultados fugaces, como una carrera cerca de San Francisco ganada en hombres por debajo de cuatro minutos por kilómetro, junto con otras con mucho desnivel pero menor tecnicidad, como la celebrada hace un mes en la estación japonesa de esquí de Myoko, que se llevó él.

La llegada a Corea del Sur se produjo por oportunidad. Los organizadores consiguieron el permiso para estrenar por primera vez una carrera en un parque nacional, el de Deogyusan, a unas tres horas de carretera al sur de Seúl. En el planteamiento influyó contar con una cobertura casi óptima para la retransmisión, un requisito ya imprescindible. También pesó la elección de la zona de meta, ubicada en la estación de esquí de Muju, que añadió desnivel al trazado previsto inicialmente. La condición de final, en la que los corredores llegan con sus mejores resultados de las siete pruebas previas, justificó para su director, Greg Vollet, una dificultad que consideraba excesiva para el calendario regular: “Para la final, quiero una carrera difícil. Que crucen la meta y sientan que es hora de irse de vacaciones”.

El núcleo de la complicación tuvo varios componentes. La prueba incluyó un descenso desde Hyangjeokbong, a unos 1.600 metros, hasta el templo de Baengnyeonsa. El recorrido combinó tradición y modernidad, con música disco acompañando el avituallamiento y rezos budistas. La pendiente, de 2,5 kilómetros al -28%, se acompañó de rupturas constantes en el ritmo: escaleras de distintos tamaños y superficies conectadas con tramos donde había que adivinar la línea entre raíces, barro y piedra mojada. La lluvia fue parte del escenario y la carrera se vivió dos veces, lo que aumentó el desgaste. Hubo subidas de gran inclinación sin un sendero claramente definido, tramos donde la pendiente permitía correr pero la superficie irregular lo hacía muy costoso y otros en los que directamente era imposible progresar sin dificultades.

En algunos pasajes, las losas de piedra mojada exigieron alargar la zancada y apoyarse con las manos. Las escaleras, además, presentaron peldaños con altura suficiente para que fuera inviable correr de forma continua, a diferencia de Kobe, donde las escaleras de madera mantenían continuidad. En esas partes, para no caer hacia atrás era necesario impulsarse con los brazos en la barandilla. La subida final incluyó 2,2 kilómetros al 25%, agravados por la fatiga acumulada y con pequeñas transiciones llanas, alcanzando zonas donde las escaleras rozaron el 50%.

Elhousine Elazzaoui, con el objetivo de sostener la general, necesitaba ganar y que se produjera el desplome del líder Philemon Kiriago, que terminó undécimo. La estrategia funcionó: Elazzaoui ganó con un tiempo de 2h49m14s. Kipngeno llegó 43 segundos después y fue segundo en el ranking final, apenas dos puntos por detrás del marroquí, que acumuló 1.130. En la clasificación general, a diferencia del resultado de la carrera, cuatro corredores técnicos acabaron entre el cuarto y el séptimo puesto. Alain Santamaría, quinto en la prueba, registró su mejor posición en las Golden para terminar noveno en la general.

Santamaría señaló que le gustaba moverse en ese tipo de terreno, aunque recalcó el riesgo: “Me gusta moverme este terreno, pero eso no quita el riesgo. Lo más fácil es hacerte daño”. El mejor rendimiento en la bajada le permitió estar en la posición conseguida. Joey Hadorn, suizo, explicó la dificultad específica: “En el trail cada paso es habitualmente igual; aquí, lo difícil es no saber cómo será el siguiente. Hay que tener energía en el cerebro para dar cada uno de una manera diferente. Esa incertidumbre lo hace muy interesante”. Hadorn fue quien lo superó en la carrera.

En la clasificación femenina, Madalina Florea repitió como ganadora por segundo año consecutivo. Sin embargo, no pudo adjudicarse la final del sábado, un recorrido que favoreció a la islandesa que se impuso por su capacidad para dominar la piedra mojada. Florea se quedó fuera del triunfo tras una actuación sorpresiva, aunque coherente con su preparación: “Tengo que admitir que por la mañana me he dicho a mí misma, ‘puedo ganar esto’. Es un recorrido que me encaja muy bien, soy buena en terreno técnico y estaba lloviendo”. Kolbeinsdóttir marcó 3h19m56s, con una diferencia de 5m49s sobre la rumana.

El resto de protagonistas incluyó a Miriam Morales, mexicana que venía de una carrera local clasificatoria y terminó tercera. En cuanto a las kenianas, Ruth Gitonga y Caroline Kimutai, que fueron tercera y segunda en la general, ocuparon la sexta y la séptima posición en la final. Estel Roig, decimotercera, fue la primera española tanto en la final como en la general, donde acabó octava.

El desenlace dejó la duda sobre si Muju fue un episodio puntual o un punto de inflexión para el circuito.

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