Mark Fenwick impulsa un estadio flotante de 50.000 plazas para llevar los Mundiales al mar

Imagen gracias a: Primicias

Mark Fenwick impulsa un estadio flotante de 50.000 plazas para llevar los Mundiales al mar

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El arquitecto Mark Fenwick propone un estadio sobre el océano con capacidad para 50.000 espectadores como alternativa a los llamados “elefantes blancos”, esas infraestructuras que suelen quedar sin uso tras las Copas del Mundo.

El arquitecto Mark Fenwick, responsable del estadio de contenedores de Qatar o del RCDE Stadium, plantea la creación de un estadio flotante de 50.000 espectadores con la intención de convertirlo en una pieza clave de los próximos Mundiales de fútbol.

La idea, descrita por Fenwick como una propuesta capaz de “cambiar para siempre la forma de organizar una Copa del Mundo”, se basa en un recinto que pueda desplazarse entre océanos y funcionar como el gran escenario del torneo cada cuatro años. En su planteamiento, una plataforma de gran tamaño se aproxima a un puerto y, a bordo, se sitúa un estadio con miles de espectadores que embarcan para ocupar sus asientos y presenciar fútbol sobre el mar.

Fenwick, arquitecto y fundador de Fenwick Iribarren Architects (FIA), ha diseñado más de 60 estadios en cinco continentes. Entre sus trabajos se encuentran tres sedes de la Copa Mundial de la FIFA Qatar 2022 y tres sedes de la Copa Mundial de la FIFA 2030. Además, es autor de la UEFA Guide to Quality Stadiums y diseñador del Estadio Nacional de Belgrado. Su objetivo es que el estadio flotante funcione como un “icono del torneo”, moviéndose de un Mundial al siguiente como infraestructura única al servicio del fútbol internacional.

Contra los “elefantes blancos”

El proyecto también nace como respuesta al problema de los “elefantes blancos”. Fenwick, que fundó en 1990 Fenwick Iribarren Architects junto a Javier Iribarren, ha participado en proyectos como el estadio del Espanyol, la reforma del José Alvalade de Lisboa, el Benito Villamarín de Sevilla o el Nou Mestalla, en Valencia.

En este contexto, se destaca el Estadio 974, cuya estructura exterior se construyó con contenedores de transporte en barco. En aquel diseño ya se contemplaba el desafío de las megaconstrucciones que dejan los grandes eventos y que después no reciben un uso suficiente. El 974 estaba concebido para ser completamente desmontable, con la posibilidad de desaparecer si fuera necesario. Con el estadio flotante, la premisa iría más allá.

Fenwick plantea la cuestión de si tiene sentido levantar grandes estadios para utilizarlos apenas unas semanas y propone que la respuesta podría estar “sobre el mar”. Aunque la propuesta puede parecer de ciencia ficción, el arquitecto sostiene que la tecnología necesaria ya existe en gran parte. Según su planteamiento, la ingeniería naval lleva años construyendo plataformas marinas gigantescas, por lo que el debate se centra en si ha llegado el momento de dar el paso.

Un antecedente y una diferencia clave

Fenwick aclara que no sería el primer estadio flotante, aunque sí el primero de esta magnitud. The Float at Marina Bay, en Singapur, estaba suspendido en el agua sobre una placa de acero de 120 por 83 metros, pero con la grada fija en tierra. Esa estructura está siendo sustituida por el recinto NS Square, que ya no será una plataforma flotante.

Sostenible por sí mismo

El proyecto de Fenwick también se presenta con un enfoque de sostenibilidad. Una gran cubierta retráctil revestida de paneles solares convertiría al estadio en “una pequeña central eléctrica flotante”. Además, con sistemas de almacenamiento energético, producción de agua mediante desalación y recuperación de aguas pluviales, el recinto podría operar con un nivel alto de autonomía.

El arquitecto señala que la estabilidad frente al oleaje, la seguridad durante temporales, las operaciones de remolque entre continentes, la integración con puertos muy diferentes y la evacuación de decenas de miles de personas requerirían soluciones de ingeniería inéditas. Aun así, defiende que la historia de la ingeniería está llena de ideas que parecían imposibles hasta que alguien decidió construirlas.

Debate abierto y propuestas previas

Aunque el estadio flotante no se ha materializado nunca, no es la primera vez que un estudio de arquitectura plantea esta posibilidad. La firma alemana stadiumconcept consideró una opción para el Mundial de 2022, con la idea de trasladar la estructura a sedes mundialistas futuras, a partir de un diseño que empezaron a concebir en 2010. También lo propuso Florian Busch Architects en 2016 para el Estadio Olímpico de Tokio 2020.

Fenwick concluye que, aunque quizá no se construya exactamente como hoy lo imaginan, la propuesta abre un debate que va más allá del fútbol: cómo organizar grandes acontecimientos internacionales de manera más eficiente, más sostenible y con un legado más útil para las generaciones futuras.

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