
Imagen gracias a: El País (América)
La rivalidad como “quinto sabor” del fútbol
Entre amistades, emociones cruzadas y gestos que chocan con la lealtad, el Mundial intensifica la rivalidad: a veces cuesta decidir si se desea suerte o se celebra lo ajeno. En ese conflicto aparece el verdadero gusto del balompié.
Tengo un amigo inglés con quien disfruto viendo fútbol, especialmente porque su manera de vivir el Arsenal podría servir de base para un personaje de Nick Hornby. En México, además, tengo otro amigo que sigue al Racing con tal intensidad que, hasta que no llegue a Santander a celebrar nuestro triunfo, da la impresión de que el ascenso no habría quedado del todo cerrado.
El día en que se enfrentaron la selección inglesa y la mexicana, pensé mucho en ellos. En este Mundial hay jornadas en las que uno se inclina por equipos pequeños por aquello de romper con lo establecido, pero cuando intenté enviarles un mensaje para desearles suerte antes del partido, la rivalidad se me enredó y al final no les escribí nada. A la mañana siguiente, mientras se preparaba el café y la cocina olía a lo cotidiano, leí la crónica del encuentro en la que el país anfitrión cayó derrotado en el Estadio Azteca. Me alegré por mi amigo inglés, claro, pero no fui capaz de pulsar las teclas pensando en el de México.
A menudo la cabeza se llena de mensajes que no llegan a enviarse, aunque hayan sido redactados en la mente. Ahí está la distancia entre la intención y la determinación, y en el fútbol esa línea es difícil de delimitar. ¿Se puede celebrar el éxito del otro cuando choca con una emoción propia? Por ejemplo, ¿cómo cantar un gol de una selección si el jugador pertenece al equipo que detestas en tu liga?
Vuelvo a Galeano porque una de sus frases resume esa extrañeza emocional de los Mundiales: la idea de querer abrazar al jugador al que, durante la temporada, se le desea una expulsión, o la de esperar que falle el héroe de tu escudo cuando el mismo jugador aparece con la camiseta de su país.
“En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”, afirma el escritor. Sin embargo, en el Mundial ese límite se difumina ante situaciones como la de amigos madridistas que, este lunes, gritaron con alegría al ver la asistencia de Ferran Torres a Mikel Merino, aunque después lo nieguen, o la de quienes desde el Barça rechazarán la admiración por Cucurella cuando lo vean correr en el Bernabéu.
Yo no podría cambiar de equipo, pero el amor por el mío no me impide mirar con una prudencia sana lo que hacen otros. Así entiendo la rivalidad: como un aderezo que multiplica los sentidos, una pasión por la que merece la pena perder la cabeza para darle a la vida su quinto sabor.
La rivalidad no se limita a querer acabar con el rival. También es Lukaku imitando el baile de Trump, ese movimiento en el que se desplaza como una palmera con brazos de T-Rex, después de marcar el cuarto gol a Estados Unidos. Es ver a Lamine Yamal abrazar a Cristiano para reconocer el final de una carrera portentosa sabiendo que ese gesto será lo más viral del día. Es despedir a Neymar y a Modric en su último Mundial mientras Haaland remata de cabeza sin cerrar los ojos y sigue corriendo. Es observar a Rodrigo vacilar a Bernardo Silva cuando casi empata y, en ese instante de tensión, pensar en el vestuario compartido del Etihad.
En el fondo, la rivalidad es desear ganar por encima de todo, incluso por encima del desconcierto que provoca no saber ni lo que se siente; si se supiera con claridad, no se miraría fútbol. Lo decía Nick Hornby: eligió al Arsenal del mismo modo que uno se enamora, sin razones suficientes.
Si quieres más información visita Poder en los Medios

Nilson Angulo responde tras la eliminación de Ecuador del Mundial 2026 y mira al futuro
9 jul
España, la única selección del Mundial 2026 que aún no ha encajado goles
9 julEnner Valencia cierra su etapa con Ecuador: el legado goleador de la Tri con 49 tantos en 109 partidos
9 jul
Mundial 2026: Francia y Marruecos abren los cuartos; España espera su duelo ante Bélgica
9 jul
Emelec y Barcelona SC: el Clásico del Astillero con el objetivo de cortar cinco años sin ganar en el Capwell y tres sin triunfar en el clásico
9 jul


