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La evolución del arquero moderno: de los mundiales a las nuevas exigencias

Imagen gracias a: El Universo

La evolución del arquero moderno: de los mundiales a las nuevas exigencias

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Desde 1966 en adelante, el arquero se transformó: hoy enfrenta mayor presión cuando sale con pelota, un ritmo más acelerado y una definición más variada por parte de los atacantes. Esa superación no implica que “nazcan” mejores, sino que el puesto evolucionó y se entrena de otra manera.

¿Quién fue el mejor arquero de los mundiales? Para responder, hay que considerar desde 1966 hacia adelante. Más atrás, el puesto no estaba tan desarrollado y por eso no entra en la misma comparación.

Los arqueros actuales, en cambio, sí se enfrentan a un contexto distinto: deben tapar pelotas imposibles bajo los tres palos, ir bien arriba en los centros, salir en el mano a mano, ordenar la defensa y sacar con precisión tanto con las manos como con los pies. Además, pueden patear tiros libres y, en ocasiones, incluso subir a cabecear. Y, como parte de su impacto, también pueden convertir.

El arquero moderno es notoriamente superior al de antaño. Sin embargo, la idea central es que hoy no aparecen mejores por nacimiento: se hacen mejores por la evolución del rol.

¿Cuáles son las claves de esa mejora? Cuatro factores principales. Primero, la acumulación de experiencias y la transferencia de conocimientos desde los anteriores. Segundo, la incorporación del entrenador de arqueros. Tercero, la regla del pase atrás, que impulsó a los porteros a jugar con los pies y, por lo tanto, a dominar el área como un defensor más. Cuarto, el entrenamiento específico.

Antes, el golero parecía completar su rutina con poca carga: daba vueltas a la cancha, recibía 60 tiros al arco, algunos centros y se iba. Ahora, el trabajo es mucho más completo, y por eso se observan prodigios atléticos capaces de generar milagros.

Alfredo Di Stéfano recordaba que nunca celebró un gol de penal porque, en su época, “la tocabas a un costado y era gol, el arquero ni se tiraba, ¿qué ibas a festejar…?”.

De todos modos, en los años veinte y treinta aparece una figura que marcó diferencias: Ricardo Zamora el Divino. Era notable, aunque para su época. Zamora jugó con España en el Mundial de 1934.

Para evaluar el puesto como tal, el recorrido suele arrancar con Lev Yashin, Gordon Banks y Ladislao Mazurkiewicz en el Mundial de Inglaterra. Eran arqueros de otra categoría, más cercanos a los fenómenos actuales.

Cuando se habla de “mejores de los mundiales”, se apunta a quienes destacaron ampliamente en esa competición y, además, fueron campeones o llegaron bien arriba. Un ejemplo es Thibaut Courtois, el sensacional arquero belga del Real Madrid, posiblemente entre los cinco mejores de la historia. En Rusia 2018 fue Guante de Oro del torneo, mantuvo su arco en cero en cuatro de los siete partidos y Bélgica fue tercero en gran medida por sus extraordinarias salvadas.

Lo que definió su triunfo 2-1 ante Brasil fue su perfil: “arquero ganapartidos”. Si hubiera sido campeón, seguramente estaría en la cima. En esa misma línea, aunque no fue campeón, Yassine Bounou, Bono, el marroquí impuso su nombre entre los imprescindibles: un coloso.

Lev Yashin quedó en la historia por su figura. Era el prototipo del arquero: alto, corpulento, que llenaba todo el marco, volador, muy activo, salía a descolgar centros y, además, siempre con una sonrisa de confianza.

Unión Soviética llegó al cuarto puesto en el 66 gracias a su concurso. No se trata de exagerar ni de “orar” alrededor de su estatua, pero con el máximo respeto, era un portero de antes: aún no se habían descubierto muchos secretos del arco. Aun así, fue un prócer del arco y, en su momento, deslumbró.

Una recapitulación completa muestra que, entre los más celebrados y que fueron campeones, no hay uno solo que sobresalga de forma nítida. Hay varios parejos en actuaciones mundialistas.

Entre ellos, Iker Casillas se coronó en Sudáfrica 2010. Lo hizo en un equipo en el que le llegaban poco, en gran parte por el dominio con el tiquitaca barcelonés de Xavi, Iniesta y Busquets. Cuando le llegaban, respondía “a lo Casillas”. Paró el crucial penal a Cardozo en el angustiante duelo con Paraguay cuando estaban 0 a 0. Y en la final ante Holanda le cortó un mano a mano a Robben, también con el marcador en blanco. Además, recibió 2 goles en los siete partidos de la Copa, récord en los 22 mundiales junto con Italia en 2006.

Ubaldo Fillol, además de sus grandes intervenciones en todo el torneo, aportó tres acciones notables ante Holanda en el choque definitorio. Fue decisivo para que Argentina gane el Mundial 78: era un gato, con seguridad y una mentalidad ganadora fabulosas. Tenía una condición idéntica a la de Casillas: cuando se decía que el arquero ya no tenía nada que hacer, ellos siempre encontraban algo que hacer.

En esa comparación, se lo ubica como posiblemente de los dos mejores de todos los tiempos. El desconocimiento futbolístico y el eurocentrismo exacerbado suelen no situar a Fillol entre los primeros treinta guardametas históricos. Tener a Fillol, se plantea, era entrar ganando 1 a 0 en cada partido: un monstruo absoluto.

Otro nombre destacadísimo es Gianluigi Buffon, responsable en buen porcentaje de la consagración de Italia en 2006. Comparte con Casillas la marca de recibir apenas 2 goles en todo el torneo. Con un agregado: uno fue de penal (Zidane) y el otro en contra (Zaccardo).

Buffon ha sido un arquero clásico, confiable, menos flexible que Fillol o Casillas por su envergadura (1,92). Aunque tenía grandes reflejos, necesitaba de menos atajadas espectaculares gracias a su fantástica colocación. Dueño del área, líder, figura en los partidos importantes y animador de cinco mundiales, en el podio.

Dibu Martínez posee una condición de pocos: generar una mentalidad ganadora desde los tres palos. Transmite una corriente de confianza contagiosa a sus compañeros e hinchas. Saber que él está ahí, se señala, da tranquilidad general. Fue clave en la conquista de Argentina en Catar 2022, con participaciones increíbles.

Su atajada más recordada en un Mundial fue la parada con el pie izquierdo a Kolo Muani: era gol y campeón Francia. Se menciona que fueron 141 minutos entre tiempo regular, añadidos y suplementarios. Un héroe para toda la vida.

A esos calificativos se suman, juntos, a Manuel Neuer. Fue excepcional en la conquista de Alemania en Brasil 2014, dando una seguridad “de siete llaves”. Se recuerdan tardes inolvidables como frente a Ghana (2-2) y Argelia (2-1), además de la sensación de invulnerabilidad ante Francia y Argentina (ambos 1 a 0). También para podio.

Otro arquero fundamental para un título fue Fabien Barthez, en Francia 1998. Más allá del equipazo que era Francia y de la magnífica defensa gala, Barthez fue vital. De estilo espectacular, arrojado, valiente, en algunos casos temerario, atajador y descolgador de centros peligrosos, ganador.

Más sobrio, pero igualmente eficaz, fue Hugo Lloris, campeón con el equipo del gallito en 2018. Concentradísimo, supereficiente, con paradas grandiosas.

Imposible no mencionar a Sepp Maier, descollante en 1974 para que Alemania se quedara con el título ante la super-Holanda de Cruyff. Un cuidapalos perfecto. Más simple que Neuer, de una época anterior, pero igualmente seguro.

Otro germano, Oliver Khan, fue Guante de Oro en Corea/Japón 2002, aunque no logró ser campeón. Y no estuvo feliz en la final ante Brasil, pese a que igualmente fue un grande.

En el cierre, la idea vuelve al presente del puesto: hoy los delanteros presionan cuando los arqueros van a sacar, el juego es más veloz, la pelota viborea y los atacantes aprendieron nuevas formas de definición. No obstante, los goleros hacen maravillas.

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