Jugadores que encienden pasiones y dejan huellas

Imagen gracias a: El Universo

Jugadores que encienden pasiones y dejan huellas

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El fútbol se mantiene vivo gracias a los futbolistas: los que vuelven inolvidables las conversaciones entre amigos, los que marcan familias y los que sostienen la pasión incluso frente a miserias y fealdades. En España, Alfredo Relaño presentó 366 futbolistas de todos los tiempos que hicieron historia.

Todas las épocas del fútbol tienen algo valioso, incluso las que se recuerdan como menos atractivas. Cuando el juego era lento y con grandes espacios también resultaba atractivo; incluso cuando se pegaba con dureza, como se le pegaba a Maradona, con reglamento y árbitros blandos, el encanto seguía presente. Con técnicos y sistemas avaros y ultradefensivos, también había belleza. Para quien vive el deporte desde chico, el fútbol está por encima de miserias y fealdades.

La idea de que “El fútbol se muere” convive desde la infancia como una frase apocalíptica, pero no se creyó. El fútbol se sobrepone a dirigentes corruptos, a técnicos ruines, a hinchas violentos y a jugadores malos. Y florece con fuerza en cada primavera y en cada rincón del planeta.

En ese proceso, los futbolistas tienen un papel central. No son la única verdad del fútbol ni la parte más noble tal como se la venden a sí mismos con astucia, pero sí lo más relevante: son los causantes de la pasión. Cuando dos amigos se juntan y empiezan a evocar, recuerdan jugadores, cracks e individuos que hicieron amar el fútbol. Son quienes dieron razones para volverse hincha, quienes provocaron discusiones domésticas por elegir un partido antes que ir al cine, quienes permitieron abrazos profundos con el viejo o con el hijo y quienes regalaron momentos inolvidables para el resto de la vida.

Por décadas, incluso en las casas, los nombres fueron una extensión de esa admiración: en el hogar, todos los perros se llamaron Bocha. Las claves de Internet o de la alarma eran BochiniDios, Bochini10, Bochaquerido. En la ferretería, en la peluquería o en el club del barrio, los muchachos decían “Hola, Bocha”. Y, en su caso, por la afición incondicional hacia el genio de Independiente. La admiración atraviesa el umbral del cariño y se convierte en una impronta personal y familiar. Cada 25 de enero, junto a su hermano o con sus hijos, se recuerda que era el cumpleaños del Maestro, y hasta hoy se mantiene el gesto.

Con esa lógica, el artículo vincula esa emoción con el libro que acaba de presentar Alfredo Relaño en España. Periodista de los grandes, exdirector por casi tres décadas del diario AS de Madrid y autor de una decena de libros de fútbol, Relaño presentó 366 futbolistas de todos los tiempos que han hecho historia. (Relaño tiene 75 años.) Su mirada, construida como si fuera un dron durante más de seis décadas del deporte, reconoce el juego y tiene criterio analítico. El libro permite ver a través de sus ojos a futbolistas que uno no pudo observar y que ahora se incorporan a la memoria.

En la presentación del compendio, el jueves último, Jorge Valdano acompañó al autor y subrayó una idea esencial: detrás de cada jugador hay una historia de vida. Valdano explicó que Relaño elige seis “dioses” que marcaron la historia del fútbol desde la posguerra hasta hoy: Di Stéfano, que inventó al Real Madrid desde el campo; Pelé, rey por elección popular; Cruyff, que obligó a pensar el fútbol como bien cultural; Maradona, una épica estrella del rock; Messi, porque hay genios que nacen; y Cristiano Ronaldo, porque también existen genios que se fabrican a sí mismos. Para Valdano, cada uno marcó a fuego su generación y, como todos suelen creer que el verdadero fútbol empezó el día en que nacieron, se termina eligiendo al mejor según la propia fecha de nacimiento. Luego agregó que después aparecen veinte semidioses y, finalmente, 340 futbolistas “simplemente” extraordinarios. Pasear por la historia de la mano del fútbol, y hacerlo acompañado de gente admirable, es un privilegio.

Valdano le sugirió a Relaño, al inicio del trabajo, apelar a la “memoria sentimental”, que es la que no falla: recordar lo que conmovió. En ese marco, se menciona que en rankings de mejores arqueros suele pesar el desconocimiento futbolístico y el eurocentrismo exacerbado, que no ubican a Ubaldo Fillol entre los primeros treinta guardametas históricos. Se afirma que nadie fue más que el Pato: ni Casillas, ni Neuer, ni Buffon, ni Banks, ni Yashin. Puede haber iguales; mejores, no. Se lo describe como un gato, con seguridad y mentalidad ganadora fabulosas: un cazador de campo, desconfiado, atento y al acecho. Arquero de cuadro grande, aunque durante cuarenta minutos no fuera exigido, respondía de manera extraordinaria. Tener a Fillol era entrar ganando uno a cero todos los partidos, un “monstruo absoluto”. Por eso, se sostiene, es decisivo recurrir a la memoria sentimental.

Refiriéndose al libro, Alfredo reconoció que para elaborar la lista dividió la historia del fútbol en cinco etapas. Para entrar en el listado, esos jugadores debían ser muy buenos y, además, haber marcado una historia. Se considera que todo cuenta: calidad técnica, genialidad, influencia, títulos ganados, marcas individuales, personalidad, liderazgo, perdurabilidad, impacto y legado; un balance de muchos factores. Como ejemplo se menciona a Eusebio: indiscutible personaje de los mundiales aunque disputó una sola edición, no fue campeón y ni siquiera llegó a una final. Sin embargo, deslumbró en Inglaterra 1966: fue el goleador del torneo marcando tantos espectaculares, dos de ellos para ganarle 3 a 1 al bicampeón Brasil, y puso a Portugal en el mapa de la consideración internacional cuando era una selección menor. Se agrega que su herencia se recordará eternamente porque estuvieron a un tris de ser campeones: hoy Portugal es Portugal y un animador importante.

El periodista también destacó que fue una labor fatigosa, pero que lo pasó muy bien. El volumen tiene 872 páginas. El enfoque no es solo estadístico o deportivo: Relaño mezcla historia, recuerdos personales, contexto social y evolución táctica del fútbol. Se valora su elección como respetable y seguramente acertada.

En el cierre de las preferencias personales del cronista, se menciona que quizá incluiría a Beckenbauer entre los dioses supremos. Franz aparece como máximo representante de un país que es cuádruple campeón mundial y superpotencia del deporte. Se resalta que fue ganador de absolutamente todo en lo colectivo e individual y que, aún hoy, es símbolo de elegancia. Se lo compara: Zidane, Michael Laudrup, Roberto Baggio y Laurent Blanc estuvieron a un pelo en distinción y refinamiento, pero no alcanzaron la línea de Beckenbauer. Además, se recuerda que era volante central o zaguero centro: un número 10 puesto de último hombre. Se lo presenta como el Káiser, asociado a la clase, la personalidad y el triunfo. Se afirma que es el Mercedes Benz del fútbol, un auto para presidentes, embajadores y ejecutivos. Pasaron 62 años desde su debut y nadie pudo igualar su exquisitez. También se plantea que cuanto más veloz se torne el juego, menos podrán, porque la elegancia requiere de cierta cadencia y de una velocidad de crucero que no ensucie la maniobra.

Con esos comentarios, el texto deja la expectativa abierta por saber quiénes son los 366.

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