Osvaldo Ardizzone y el despacho de 20.246 palabras: la nota de 340 libras por el Argentina-Alemania Occidental de Villa Park

Imagen gracias a: El Universo

Osvaldo Ardizzone y el despacho de 20.246 palabras: la nota de 340 libras por el Argentina-Alemania Occidental de Villa Park

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Sesenta años después, el costo de 340 libras que implicó enviar un despacho periodístico en 1966 equivale a 461,50 dólares. Aquel trabajo, escrito por Osvaldo Ardizzone en el estadio de Aston Villa, llegó a Buenos Aires tras seis horas de cablegrafiado y se basó en un empate 0 a 0 entre Argentina y Alemania Occidental.

66: el Mundial en tiempo real es el título de un libro de Ian Passingham de 2016. Periodista e historiador, Passingham dedicó la obra a la única Copa del Mundo ganada por Inglaterra, la de 1966, y a los inventores de ese juego.

La publicación se vinculó con los cincuenta años de la conquista. Passingham, hincha apasionado del West Ham United, escribió sobre el impacto de aquella selección campeona, que contó con tres cracks surgidos del club: Bobby Moore, capitán y figura; Geoffrey Hurst, goleador con perfil de 9, de remate furibundo y buen cabezazo; y Martin Peters, delantero con mayor toque técnico.

En la final ante Alemania, el marcador 4-2 tuvo a Hurst como autor de tres goles y a Peters como responsable del restante. Hurst también anotó el único gol en el triunfo sobre Argentina. Los tres jugadores eran ídolos del West Ham, formados en su cantera y con larga trayectoria en el club, por lo que ningún otro equipo se emparentó tanto con aquel éxito inglés.

Desde 2021, una estatua del trío preside el frente del estadio Olímpico de Londres, cedido al West Ham por noventa y nueve años. Bajo esa estatua fueron enterradas las cenizas de Martin Peters, fallecido en 2019.

Passingham planteó una propuesta distinta: el libro no funcionó como una simple rememoración, sino que se construyó a partir de hemerotecas, con noticias en tiempo real tomadas de diarios y otros medios del momento, tal como se iban produciendo los hechos. En uno de los capítulos, reprodujo una información emanada de Birmingham.

En el estadio del Aston Villa, Argentina y Alemania igualaron 0 a 0, pero el suceso no se dio en la cancha sino en la oficina que el correo había instalado dentro del recinto para atender a la prensa acreditada. En lugar de encabezar con “Oh my God!”, Passingham eligió “Oh my word!” y reprodujo el contenido de la cita textual.

El personal de Correos tardó seis horas en cablegrafiar el informe de un periodista argentino sobre la Batalla de Villa Park a los editores de su revista en Buenos Aires. Osvaldo Ardizzone redactó 20.246 palabras, el equivalente a la cuarta parte de una novela típica, sobre el partido Argentina-Alemania Occidental. El costo fue de 1 libra por minuto de cable, lo que llevó a que El Gráfico desembolsara 340 libras. Tras enviarse el cable de 20 pies de largo, Ardizzone insistió en que no se arrepentía y sostuvo que “Después de todo, esto es fútbol (...) y es la Copa del Mundo”.

Sesenta años después, 340 libras representan 461,50 dólares. Pagar ese monto en 1966 para realizar un despacho periodístico era una suma colosal; hoy, con Internet, sale gratis. En sistema métrico, 20 pies equivalen a 6 metros y 10 centímetros: una extensión de seis metros para narrar un partido que terminó 0 a 0. Ardizzone no se movió de su lugar hasta comprobar que, desde la redacción en Buenos Aires, le habían dado el OK de recibido. Era su primer mundial y buscaba no fallar.

Su primer trabajo se acompañó con comentarios y notas adicionales, voces de vestuarios e impresiones generales que tres días después entregaría El Gráfico a sus lectores en un gran despliegue, a cargo de su cronista estrella. Hasta el Mundial de México 86, el material escrito se enviaba por télex, un invento alemán que permitía transmitir a distancia textos extensos. El sistema requería una máquina en la redacción para recibir los despachos y el proceso incluía mecanografiar la nota y volver a mecanografiarla íntegramente en el télex por parte del correo, con la tensión propia de que el equipo estuviera disponible y llegara en condiciones.

En Italia 90, el fax ya estaba instalado y resolvió gran parte de esas complicaciones. Además de seguir el fútbol con atención, Ardizzone era un artista de la palabra: componía tangos, poesía y algunas obras de teatro. Quien escribe la anécdota relata que, al cubrir partidos junto a él, Ardizzone llevaba su material como lector primero y luego lo trasladaba por la noche a su casa de Banfield.

Se suma el testimonio de Quique Wolff, gran lateral derecho de Racing, River y el Real Madrid, comentarista de ESPN durante 30 años, quien cuenta una anécdota que refleja la dimensión de Ardizzone, al que todos llamaban Osvaldo. Wolff recuerda que, en el ámbito del periodismo deportivo, decir Osvaldo era equivalente a decir Diego, por Maradona.

Wolff menciona que Ardizzone cuestionaba la idea de que “si no jugaste no podés hablar de fútbol” y que, al debutar en River, lo hizo contra Boca, con victoria 2 a 1. También relata que El Gráfico entendió que él había sido la figura del partido y que Ardizzone le preguntó si podía ir a su casa a entrevistarlo, como se estilaba entonces.

La historia continúa con la emoción de Wolff al enterarse de que le harían una nota de El Gráfico y que la realizaría Ardizzone. En esa ocasión, su familia preparó la casa y una comida especial. Wolff destaca que Ardizzone era un genio y que lo que sucedía quedaba al revés de la idea de autoridad: el entrevistador era el que “reportaba” a su entrevistado.

Finalmente, se subraya que Ardizzone no sabía una palabra de inglés, pero en castellano se tuteaba con Borges. También se menciona que no estudió periodismo y que no existían academias para formar hombres o mujeres de prensa; la formación era la redacción de un diario, “el aula magna” y la fragua donde se aprendía todo. La buena formación intelectual hacía que futbolistas y entrenadores respetaran a los periodistas, por su lugar en el oficio.

La nota cierra con la imagen de Ardizzone trabajando en el escritorio de al lado, frente a la Olivetti verde olivo, con el cigarro, el café y la pasión guiando sus ideas y sus dedos.

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