Golden Trail World Series llega a Quebec y consolida el trail en el país del invierno extremo

Imagen gracias a: El País (América)

Golden Trail World Series llega a Quebec y consolida el trail en el país del invierno extremo

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La Golden Trail World Series desembarcó por primera vez en Quebec, donde el cambio de estaciones transforma los bosques y impulsa una cultura de carreras que convive con el esquí y el hockey hielo.

Quebec vive una transformación marcada por los contrastes climáticos. En los caminos de la región, con temperaturas que pueden superar los 20 grados a primeras horas, contrasta con lo que ocurría apenas tres meses antes, cuando la nieve todavía cubría los senderos. En Canadá, el calendario local se divide en dos etapas: seis meses con temperaturas cercanas a 30 bajo cero y otros seis rozando los 30 positivos, un ritmo que también se refleja en su práctica del trail. Cuando la nieve no se derrite hasta abril, el paisaje pasa de ser cubierto a convertirse en barro y raíces, y ese cambio de temporada reaviva el interés por salir a correr con menos capas de ropa y con la primavera como invitación a disfrutar el monte.

Esa lógica ayuda a explicar por qué el trail ha crecido en una zona con cotas relativamente bajas, en comparación con un país de montañas que superan los 5.000 metros. En Quebec, la región francófona no se caracteriza por grandes cumbres, pero sí por una extensa red de pueblos integrados en plena naturaleza, con condiciones para organizar carreras. Con voluntarios y corredores activos en toda la costa este, Quebec Mega Trail dio este domingo un paso internacional al acoger por primera vez una carrera de las Golden Trail World Series en Canadá. El evento conectó el entorno natural con el espíritu del trail, desde escenarios de estilo esquí y alpinismo hasta el rendimiento de los atletas africanos más rápidos.

Jean Fortier creó Quebec Trail en 2012 en su pueblo, Beaupré, con unos 4.000 habitantes bajo el Mont-Sainte-Anne, una estación de esquí rentable pese a que su cima queda por debajo de los 800 metros de altitud. La primera edición reunió a unas 300 personas y se disputaron 25 kilómetros. Con el paso del tiempo, el crecimiento ha sido notable: la decimocuarta edición contó con 11 distancias, desde un kilómetro para los niños hasta un ultra de 135, y registró 4.000 inscritos. Fortier destacó que el evento pasó a ser parte de la vida local, con 450 voluntarios y presencia de gente de todo el mundo, y recordó además que por esos mismos recorridos también se ha celebrado la Copa del Mundo de mountain-bike.

El componente emocional del trail en Quebec se vincula al alivio que trae dejar atrás el invierno, tanto para la actividad física como para el día a día. Con la retirada de la nieve aparece una nueva energía, por lo que el trail se ha sumado como complemento al esquí y al hockey hielo, principales señas deportivas de Canadá. En la zona, Montreal fue el último campeón de la NHL en 1993, y la actividad de montaña encaja con esa cultura atlética. Fortier considera el trail como una extensión natural: al empezar a correr por la montaña algo más tarde, el entorno se muestra especialmente salvaje y con muchos senderos, lo que ha hecho que cada vez haya más carreras en Quebec. Para la comunidad, esto no solo se traduce en más participantes, sino también en celebraciones locales alrededor de los eventos.

A menor escala, el modelo guarda similitudes con Zegama: allí no dominan las grandes montañas, pero sí existe una fuerte devoción por el monte. Frente a la altitud de Alberta, en Quebec se impone el factor humano y el recorrido: a diferencia de los trazados de California, con pistas amplias, la región ofrece un sinfín de kilómetros entre barro y raíces integrados de forma natural. La carrera presenta escaso desnivel en términos globales, con unos 1.400 metros positivos en 28 kilómetros, pero la dificultad real está en atravesar los bosques boreales y cascadas como las de Jean Larose, con casi 70 metros de caída iluminados durante la noche.

Laurianne Lépine subrayó que la gente se anima mucho cuando llega abril, porque se derrite la nieve y se puede “jugar con el barro”. También señaló que, aunque no hay acceso a los senderos durante todo el año, esa limitación hace que la espera se viva con más ganas. El mismo mensaje lo comparte Remi Leroux, referente masculino, quien apuntó que el terreno no resulta tan técnico como en otras carreras de las Golden. Sin embargo, advirtió sobre el ritmo de los primeros y la posibilidad de que atletas como Elhousine [Elazzaoui] o Philemon [Kiriago] bajaran de las dos horas, aunque ese pronóstico no terminó de cumplirse.

La carrera masculina se definió en el tramo final con el keniano Samwel Kiprotich, que rompió un grupo de seis africanos y terminó imponiéndose con un tiempo de 2h08m19s. Elazzaoui, vencedor de las dos primeras pruebas del calendario en Zegama y Ledro, finalizó cuarto. En la prueba femenina, la rumana Madalina Florea se llevó la victoria con 2h27m12s, tras convertir su título del año pasado en una carrera de menos a más que terminó por imponerse a su principal rival, la keniana Caroline Kimutai, por más de siete minutos.

El desarrollo del recorrido estuvo condicionado por la presencia de raíces. La tecnicidad se concentró en las dos subidas al Mont-Sainte-Anne, mientras que las bajadas, en parte, invitaron a dejarse caer por pistas de esquí. Tras reunir gran parte del desnivel en el primer tercio, los últimos 15 kilómetros fueron descendentes, pero el sendero se convirtió en un terreno complicado, con raíces sueltas que provocaron más de una caída a alta velocidad. Además, todos los participantes tuvieron el mismo “regalo”: cruzar dos veces dos ríos que desembocan en el Sant-Lawrence, el mayor estuario del mundo.

Con esta edición, Quebec mostró su fórmula para poner su bandera en el trail global, combinando su calendario estacional, su entorno natural y la respuesta de una comunidad que convierte el cambio de estación en el motor de las carreras.

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