Francia y Marruecos se citan en Boston por un Mundial con acento callejero

Imagen gracias a: El País (América)

Francia y Marruecos se citan en Boston por un Mundial con acento callejero

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Francia y Marruecos llegan con la intención de imponer un estilo vistoso al duelo del 9 de julio en Boston, con la mirada puesta también en la revancha de la semifinal de 2022.

Francia y Marruecos se preparan para el gran partido de este Mundial en Boston, donde el 9 de julio medirán fuerzas dos selecciones señaladas por su fútbol más vistoso. Mientras ambas ultiman detalles en sus concentraciones en Nueva Jersey y Boston, Didier Deschamps valoró el momento de Marruecos tras el triunfo trabajoso de Francia ante Paraguay: “Marruecos es uno de los mejores equipos del Mundial. Por todo lo que ha hecho y por lo que he visto ante Canadá confirma que es un muy buen equipo”.

El encuentro del 9 de julio también funciona como revancha de las semifinales de 2022. En aquellos primeros días del torneo, Hakimi marcó el tono con un mensaje atrevido: “Somos la Brasil de África”. Antes de eso, el lateral del PSG había puesto el foco en que, en los países árabes del Magreb, “todavía se juega mucho en la calle”. Con Mohamed Ouahbi al frente, Marruecos ha dado un paso hacia un juego más lúdico y ofensivo, cargado de recursos que nacen del fútbol virguero y callejero. En sus partidos han abundado caños y ruletas para resolver situaciones de apuro bajo presión.

Entre los nombres que han destacado aparecen Brahim Díaz, Ounahi, El Khanouss y Saibari, extremo que también se ha visto obligado a actuar como nueve mentiroso o como nueve y medio. La identidad ofensiva se vio reforzada por la vaselina con la que Marruecos culminó un mano a mano ante el brasileño Alisson en el estreno del torneo. En esa primera presentación, el equipo mostró además el carácter de su mediocentro Bouaddi, emergente bajo la batuta que sostuvo la propuesta en el primer tiempo.

Ouahbi resumió la idea tras la victoria (3-0) ante Canadá en Vancouver: “Tenemos una verdadera identidad, un verdadero plan, pero también la creatividad de los jugadores”. Marruecos tuvo que sobreponerse al ímpetu típico de las selecciones anfitrionas, que obligó a Bono a sostener a su equipo en el primer tiempo. En la segunda parte, la finura de Ounahi se impuso con dos goles que resultaron determinantes para frenar la valentía canadiense.

Azzedine Ounahi, con su protagonismo, también representa parte del trasfondo social que rodeará la contienda de Boston y que se verá reflejado en las calles y pueblos de toda Francia y de Europa, en conexión con la comunidad marroquí. Bouaddi, por su parte, ilustra el contexto que envuelve al equipo: el mediocentro rechazó la posibilidad de jugar con Francia en el último movimiento de la pujante política de ojeo y captación de la federación marroquí. Esa federación ya contaba con la tendencia de que los futbolistas con lazos familiares con el reino alauita suelen preferir vestir la camiseta del país de sus padres o abuelos. En casos como el de Brahim Díaz, las dudas o tentaciones hacia Francia o España se cerraron gracias a la potencia económica del proyecto deportivo impulsado por Marruecos con vistas al Mundial 2030, que coorganizará junto a españoles y portugueses. El último gran internacional marroquí que defendió la camiseta de Francia fue Adil Rami, exvalencianista y campeón del mundo en 2018.

Francia, al igual que Marruecos, consiguió el billete para cuartos de final, pero su camino incluyó su partido más áspero y gris del torneo hasta ese momento. Paraguay intentó sacar del duelo a la delantera francesa, con Kylian Mbappé como referencia. Gustavo Alfaro planteó un encuentro con un enfoque canchero a la manera sudamericana, interpretado de forma precisa por sus futbolistas. Sin embargo, Francia también cuenta con jugadores hijos de la inmigración que no se arredran cuando el fútbol se mezcla con la ley de la calle, un elemento que estará presente en el choque de Boston.

Mbappé dejó claro el mensaje tras el planteamiento de su rival: “Pensaban que íbamos a venir a jugar de etiqueta, que solo íbamos a lucirnos con jugadas elegantes y pases de pared. También sabemos jugar sucio y si tenemos que meter las manos en la mierda, las metemos”. En ese sentido, Francia también tiene en varios de sus futbolistas una veta callejera que no rehúye los partidos de choque y de ritmo físico.

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