Enric Mas rompe con la etiqueta de segundón y conquista la Vuelta

Imagen gracias a: El País (América)

Enric Mas rompe con la etiqueta de segundón y conquista la Vuelta

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El ciclista del Movistar, de 31 años, dejó atrás la imagen de corredor sin ambición ofensiva y se llevó el triunfo en la Vuelta, recogiendo el relevo del último español que ganó un grande en 2015: Contador.

Durante gran parte de su trayectoria, Enric Mas, de 31 años, cargó con un relato repetido: no atacaba, no remataba y no parecía diseñado para jugar en modo ofensivo. Esa percepción lo acercaba a la figura de Raymod Poulidor, el eterno segundón de las décadas de los 60 y 70, que acumuló ocho podios del Tour sin lograr una victoria, siempre bajo la sombra de Merckx y Anquetil. En el caso del francés, el cariño del público compensaba esa falta de triunfos; en Mas, en cambio, el vínculo con los medios fue más complicado, hasta el punto de que durante años se sintió incómodo con las preguntas y las críticas.

En Movistar, conscientes de esa tensión, le pidieron que cambiara el enfoque. El ciclista respondió este año con una actitud distinta: más sonrisa, mejor humor y mayor madurez para encajar elogios y cuestionamientos. El contexto también ayudaba. Mas sabía que llegaba a una de sus mejores versiones, después de dos años sin competir por una general debido a una operación de tromboflebitis y a un desgarro en la mano tras una caída.

Antes de iniciar la competición, explicó que quería volver a disfrutar del sufrimiento y que sus números eran buenos, aunque marcó la necesidad de ir con prudencia. En el pasado Giro ya había estado en guarismos similares y, aun así, el resultado no acompañó, por lo que en esta Vuelta se planteó luchar por el podio, con la posibilidad de perderse en las primeras pendientes. Ese planteamiento no evitó que le afectaran el orgullo y las críticas, algo que en Movistar interpretaron como un motivo para ajustar el enfoque hasta volver a ser “el de siempre”, con un punto más.

Aunque llegó a preferir condiciones muy calurosas, y hasta pidió que se “pusieran estufas en la carretera”, terminó recuando por el impacto del sol abrasador en Andalucía. Aun así, dentro del equipo se impuso la idea de que aquel contexto podía favorecerle. Lo decisivo llegó con sus piernas: en El Bartolo, tras superar un tramo de sterrato, Mas mostró su regreso con una acción capaz de enganchar a Pogacar, que ya intuía otro triunfo en solitario. El propio esloveno reconoció que Mas lo adelantó “como un cohete”, aunque después se recompuso para ganar la etapa al sprint.

La señal de que Mas había vuelto se confirmó cuando, con el maillot rojo tras el abandono de Pogacar por caída, el corredor venció por segunda vez en su carrera una etapa en una grande, en la Vuelta, repitiendo el éxito de 2018. A partir de ese momento, el equipo cerró filas: más allá del aplauso y las palmaditas, no hubo celebración prolongada, porque los corredores asumieron que desde allí hasta el final tendrían que trabajar con el mismo rigor.

En la recta final, Mas se mostró fuerte y con capacidad de respuesta. Bien respaldado por sus compañeros, replicó a los ataques de los rivales con solidez, defendió con comodidad y se atrevió incluso con ofensivas que evidenciaron que no había un corredor igual en carrera. Xavier Zandio, director del Ineos, destacó que se había mostrado “intratable” cada vez que la carretera se ponía para arriba, y que su fortaleza consistía en crecer cuando las cosas le salían bien, sin mostrar debilidades. Joxean Fernández, Matxín, del UAE, añadió que no había enseñado flaquezas. Juanma Gárate, del EF, remarcó que el maillot rojo le dio calma, confianza y un estilo ofensivo con fuerza. Patxi Vila, del Bora, celebró que, aunque nunca había estado como líder, demostró estar en un momento de forma “superlativo”.

Con la victoria, Mas se convirtió en el primer español en ganar una grande desde 2015. Aquel año fue Contador quien se llevó el Giro, con un palmarés sin precedentes que incluyó otra ronda italiana, tres Vueltas y dos Tours. Después llegó una sequía, y Mas lo vinculó a las exigencias del equipo y, sobre todo, a su propia presión. Señaló que no hay nadie que le exija más que él mismo, y explicó que en su llegada a la Vuelta apostó por aportar “su granito de arena” más que mirar de forma directa a la general. También recordó que antes se ganaba mucho con Valverde y que su marcha dejó un vacío, algo que, según su visión, ya no ocurre en el equipo: “Yo soy otro tipo de corredor, muy diferente. No gano tanto”, dijo, hasta ahora.

El triunfo fue interpretado como una victoria de la perseverancia. Zandio sostuvo que Mas había mostrado regularidad y que, pese a no haberlo tenido fácil y haber atravesado momentos peores, su compromiso y su trabajo nunca bajaron. Juanjo Oroz, del Kern Pharma, coincidió en la idea de persistencia. Jesús Ezquerra, del Burgos, apuntó que Mas recibe muchas críticas, pero que la Vuelta le pertenece. Matxín lo resumió como el triunfo de no rendirse. En conjunto, la victoria de Enric Mas se presenta como la consolidación de la continuidad del legado español en una Vuelta que termina con su nombre en lo más alto.

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