
Imagen gracias a: El País (América)
Diego Ocampo, entrenador del Kids&US Manresa, impulsa que sus jugadores tomen notas en papel para mejorar la atención
Diego Ocampo, técnico del Kids&US Manresa de la ACB, promueve el uso de libreta y bolígrafo para registrar lo aprendido en vídeo, entrenamientos y partidos, con el objetivo de aumentar la atención y reducir la dispersión asociada al uso de pantallas y móviles.
El baloncesto, para Diego Ocampo, entrenador del Kids&US Manresa, también se trabaja desde la lectura y la escritura. El técnico gallego, que dirige al equipo en la ACB desde 2024, ha puesto en marcha una iniciativa para hacer frente al abuso de las pantallas: pide a sus jugadores que tomen notas por escrito en una libreta sobre lo que aprenden en las sesiones de vídeo, en los entrenamientos y también durante los partidos. La intención es reforzar la atención y contrarrestar la dispersión que, a su juicio, provocan los móviles.
Ocampo, nacido en Ourense hace 50 años y formado tras estudiar INEF, considera que la formación le viene de familia. Tres de sus abuelos, sus padres y una hermana fueron o son profesores, aunque matiza que no se ve a sí mismo como docente: “Yo no soy profesor, soy entrenador, y a veces confundimos los roles. Yo entreno para conseguir que los jugadores, que ya saben las cosas, las ejecuten en equipo y bajo presión. Hay una parte pedagógica, sí, pero va enfocada al rendimiento porque la presión es alta y si no ganas partidos te echan”.
La idea de apoyar el aprendizaje con papel y boli le surgió hace años, cuando regaló libretas a los niños de un campus con el fin de que dejaran el móvil y reflexionaran sobre el juego. En septiembre de la temporada pasada, trasladó esa propuesta al Manresa al detectar “un déficit de atención muy alto”. El entrenador refuerza su diagnóstico con el último Informe PISA, que sitúa la comprensión lectora en España en su nivel más bajo desde el año 2000 y por debajo de la media de las naciones desarrolladas en lectura, matemáticas y ciencias.
“Hoy en día, con el uso de las pantallas, cada temporada notamos que hay más falta de atención. Y el baloncesto, pese a que hay una evolución hacia lo atlético y lo físico, es inteligencia, y hay que cultivarla. La inteligencia necesita de la atención y la atención se entrena”, explica Ocampo. En su planteamiento, escribir y revisar lo anotado tiene un papel clave: “Está demostrado que cuando escribes, lo lees dos veces. Hemos tenido una gran repuesta la temporada pasada y sobre todo esta. Los jugadores se traen sus libretas, nadie pone pegas y la atención va aumentando. Como entrenador les quiero motivar a tener interés por el baloncesto, a que investiguen, vean partidos, estadísticas, que no se lo demos todo hecho. Esa es una parte importante de la enseñanza. Espero que no sea una obligación sino que lleven la libreta porque les gusta apuntar cosas y que eso les haga pensar. Eso se está perdiendo hoy porque no es lo mismo apuntar algo en el móvil que escribirlo en papel, subrayarlo y trabajar sobre ello”.
Entre quienes han incorporado esta dinámica está Pablo Tamba, alero cordobés de 23 años que agradece el método. Según Tamba, el sistema ayuda a implicarse más mentalmente en los entrenamientos: “A veces en casa, en el autobús o en el avión, en vez de desaprovechar el tiempo, se puede volver a los apuntes de la libreta y recordar lo que estamos aprendiendo. Por ejemplo el scouting, técnicas del otro equipo. También escribo antes de los partidos sobre lo que tengo que hacer y en qué debo enfocarme, y después una reflexión sobre el encuentro. A veces el baloncesto es un trabajo más mental que físico y Diego da mucha importancia a conocer el juego y estudiarlo”.
Tamba forma parte de una plantilla con jugadores de España, Francia, Estados Unidos, Polonia, Nigeria, Sudáfrica y Bulgaria. Ferran Bassas y Pierre Oriola, ambos de 34 años, son los más veteranos, mientras que el salto generacional es uno de los retos que el propio Ocampo subraya. “Cuando yo entrenaba a Satoransky, él tenía 17 años y yo 34. Me hago viejo y los jugadores siguen siendo jóvenes. Ahora entreno a Rafa Villar con 22 y yo tengo 50. La diferencia de edad es más grande y eso obliga a hacer un esfuerzo por conectar con ellos, en lenguaje y en temas que les gusten”, afirma el técnico, padre de dos niños de 13 y 11 años.
La convivencia con la tecnología también tiene límites definidos en su metodología. “En el equipo, la única norma es que cuando estamos trabajando no usamos el móvil. En el resto no me voy a pelear por cambiar hábitos que no me corresponden”, sostiene Ocampo. Con todo, su balance es positivo: se muestra satisfecho con ver cómo sus jugadores abren la libreta, escriben y piensan el baloncesto.
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