Dembélé: de las lesiones al Balón de Oro, el “Mosquito” que marcó a Noruega

Imagen gracias a: El País (América)

Dembélé: de las lesiones al Balón de Oro, el “Mosquito” que marcó a Noruega

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El artículo repasa el recorrido de Dembélé hacia la cima, atravesando un largo calvario de lesiones, y destaca su impacto en el Francia-Noruega. También aborda otras historias del Mundial que comparten EEUU, México y Canadá, con referencias a resultados y momentos clave.

El camino de Dembélé a la cima ha sido largo y accidentado. Poco corpulento, atravesó el calvario de las lesiones (seis de ellas con el Barcelona) hasta que encontró acomodo en el PSG y conquistó el Balón de Oro, que recogió lastimado. Su estado físico fue su peor enemigo, aunque la idea del texto es que, como los moscos, los problemas se tonifican con las lluvias de verano.

La nota forma parte de una conversación entre Martín Caparrós y Juan Villoro, amigos y fanáticos futboleros, que retomaron la serie ‘Un mundial de ida y vuelta’ para seguir con la misma pasión el día a día de este otro Mundial que acogen EEUU, México y Canadá, cuatro años después de la charla iniciada por la celebración del Mundial de Qatar, en 2022.

Martín responde con una serie de reflexiones. Señala la dramática imagen del entrenador cuando el mejor de los suyos pide su cambio y celebra que esté de vuelta. Luego plantea que los países deberían medirse por la salud pública que ofrecen, y menciona que cedió sus ahorros a un hospital privado. En el plano futbolístico, propone diferenciar naciones mediante una ley emocional: que gane la que sea más capaz de disfrutar.

En México, el texto remarca que el paso perfecto por el Mundial despertó una alegría desbordada. En la noche de San Juan, México goleó 3-0 a Chequia, en una jornada marcada por una tormenta que convirtió las calles de la Ciudad de México en canales, y en la que la gente descubrió el placer de nadar en aguas turbias. La celebración, según el artículo, supera cualquier esfuerzo de la inteligencia artificial.

También se aborda la felicidad ecuatoriana. Para el paisano Beccacece, la dicha se presenta como un deporte extremo: tras el triunfo sobre Alemania, escaló una barda para abrazar a su familia y corrió por el campo besando a sus jugadores con el afecto de quien recupera hijos perdidos. Se menciona que, a cierta edad, el pelo largo funciona como una crin de caballo y se compara el corte de Beccacece, de 45 años, con el que Caniggia llevaba a los 25. El texto subraya que, después de la victoria, esa melena se transformó en un estandarte de la euforia.

En esa misma línea, se cita el dicho Nomen es tomen para hablar de Hincapié: el artículo sostiene que juega con insistente maestría y que su nombre es un destino.

En Alemania, la derrota se interpreta como un mérito ajeno y como un daño autoinfligido. Se menciona que todos culpan al veterano Manu Neuer y que Plata le robó un balón que parecía estar en sus manos. En la conferencia de prensa, el portero de 40 años fue cuestionado con espíritu de delantero y, fiel a su costumbre, negó responsabilidad en el gol. El texto incluye una referencia de Der Spiegel: afirma que existen jugadores que ganan mayor respeto al aceptar sus fallas y que Neuer no fue uno de ellos; su receta para mantenerse en la cima consistió en evitar cualquier cuestionamiento. También se recuerda que Robert Enke se atrevió a hacerlo y acabó tirándose a las vías del tren.

Estados Unidos aparece con otra derrota inesperada. El artículo dice que la debacle comenzó cuando el balón del partido fue entregado por la socialité Paris Hilton, con una comparación con desfiguros ocurridos en la Casa Blanca. Se señala que Pochettino creyó que podía ganar con suplentes y que Turquía ganó 3-2.

Luego se entra de lleno en el Francia-Noruega. Se recuerda una escena asociada a Albert Camus, quien al ganar en Argelia la beca para seguir estudiando recibió la confianza de su maestro y un cruasán para no responder las preguntas con el estómago vacío, y este exclamó: “¡Bravo, Mosquito!”. A partir de ahí, el texto conecta ese apodo con el Mosquito Dembélé, que “fusiló a Noruega” con fogonazos de izquierda y de derecha.

Se describe también la lectura táctica del partido desde Noruega: Solbakken dio descanso a Haaland y a Odegaard, aceptando desde un principio quedar en segundo lugar del grupo. El artículo califica ese conformismo como deprimente, comparándolo con un libro de Jon Fosse.

Sobre Francia, se afirma que hasta ese momento lo único que la frenó fue la tormenta que suspendió durante dos horas su partido contra Irak, mientras el resto del tiempo —según el texto— fueron ellos quienes lanzaron los relámpagos.

La conversación concluye con una reflexión sobre cómo se anotan los goles. Se afirma que la mayoría llegan en tiros fuera del área o remates a un metro del portero, y se pregunta qué fue de las jugadas triangulares. Se retoma una frase: “Cada salida de arco se ha convertido en una bruta zozobra”. El artículo sostiene que el gol rara vez se teje desde abajo y que el trato con el balón puede llevar a un tiki-taka estéril, al que se llama “fútbol tántrico”: mucha caricia y poco orgasmo.

Por último, se analiza la forma de Japón de llevar la pelota a la red. El texto dice que sus pases vertiginosos recuerdan el fútbol abierto y también una tradición poética: el gol japonés perfecto se describe como un haiku, con tres toques medidos que equivalen a tres versos.

La carta termina con un cierre: “Te abraza Juan”.

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