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Blanca Simbaña, la costurera de Quito que convirtió metros de tela en las banderas de Ecuador para sus Mundiales

Imagen gracias a: Primicias

Blanca Simbaña, la costurera de Quito que convirtió metros de tela en las banderas de Ecuador para sus Mundiales

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Blanca Simbaña, de Quito, atraviesa un duelo reciente tras la muerte de su esposo Luis Pachacama y, aun así, mantiene viva la labor que inició con las banderas gigantes de la Selección de Ecuador. Su trabajo acompañó a los hinchas en Corea-Japón 2002, Alemania 2006 y Brasil 2014, y la bandera que se llevó a Qatar 2022 será la misma que ondeará en el Mundial 2026.

Blanca Simbaña, costurera de Quito, es el nombre detrás de las banderas que han vestido el orgullo de Ecuador en múltiples Mundiales. La confección que llegó a Qatar será también la que se desplegará en el Mundial 2026.

Blanca vive un luto respetuoso. Viste una blusa negra con lunares blancos, un pantalón leggin oscuro y zapatillas blancas, una combinación práctica para quien no detiene su trabajo pese al dolor. El 21 de diciembre de 2025 falleció su esposo, Luis Pachacama.

A la pérdida reciente se suma otra anterior: 12 años antes murió su hijo Santiago, un policía de élite que, antes de fallecer en el cumplimiento de su deber, heredó a su madre su pasión por la Selección de Ecuador. A menos de un mes y medio del inicio del Mundial 2026, Blanca recuerda con especial fuerza el momento en que Santiago la acercó al fútbol.

Corría el año 2000 cuando Ecuador se acercaba a la gloria de su primera Copa del Mundo. Un grupo de hinchas de la Seleccion buscaba armar una bandera gigante para ocupar la general norte del estadio Atahualpa. La idea era crear un punto de encuentro de ecuatorianidad, un espacio visible para que los jugadores en la cancha se sintieran respaldados en los juegos previos al Mundial.

Santiago Pachacama (+) formaba parte de aquel grupo de seguidores, liderados por Diego Galindo, que más tarde serían conocidos como ‘Los Abanderados’. En medio de la urgencia por conseguir un lugar para confeccionar el emblema, Santiago aseguró con convicción: “Mi mami es costurera. Ella puede hacer la bandera. Mi mami puede hacerlo todo”.

Simbaña confeccionó la bandera gigante de 50 x 20 metros que se ubicó en la bandeja norte del escenario de El Batán durante los últimos partidos de las Eliminatorias sudamericanas. Su aporte no se limitó a ese primer encargo: también elaboró el estandarte de 20 x 12 que llevaron los ‘Abanderados’ a las Copas del Mundo de Corea-Japón 2002, Alemania 2006 y Brasil 2014.

Las banderas gigantes que llevaron a Ecuador a un escenario mundial se realizaron en un taller modesto de costura en El Morlán, al norte de Quito. En ese mismo entorno de máquinas industriales se elaboró la bandera de 10 x seis metros que se mostró en las gradas del estadio Al Bayt de Qatar, durante la inauguración de la Copa del Mundo 2022. Esa última confección es la que se desplegará en el Mundial de Estados Unidos en 2026.

“Cada vez que veo los Mundiales por TV y veo la bandera me pongo feliz. Pero lo que más me alegra es que mi familia se sienta orgullosa de mí”, expresó Blanca Simbaña.

La bandera más difícil de confeccionar fue la que se presentó en el estadio Atahualpa a inicios de siglo. Blanca aceptó el reto de 'Los Abanderados', pero en el momento de comenzar la labor se encontró con una logística que la sorprendió: llegaron en camionetas 70 rollos de telas, de colores amarillo, azul y rojo.

Los materiales ocuparon una sala de 70 metros cuadrados. Para ejecutar el trabajo, Simbaña utilizó dos máquinas industriales: la Consew, una máquina de cosido recto para unir el tricolor, y la Omnitek, una overlock con la que selló todo el contorno de la confección. Fueron jornadas extensas, con pausas breves dedicadas únicamente a comer y dormir un par de horas. Moverse dentro de la sala, entre el volumen de telas, representaba una verdadera odisea, ya que nada podía ensuciar o dañar el enorme Tricolor que se estaba construyendo.

“Cuando yo me cansaba, venía mi nuera y seguía cosiendo. Fue un trabajo en familia. Mi hijo, mi esposo también ayudaban cuando había que mover las telas, sobre todo cuando nos tocó refilar la bandera”, indicó Blanca Simbaña.

Tras la confección, la siguiente etapa consistió en trasladar la tela hacia la cancha de básquet de El Morlán. Allí, colocaron cuidadosamente la frase “Ecuador, el país más bonito del mundo” en el corazón del estandarte. El aprendizaje de esa primera experiencia sirvió como base para producir las siguientes banderas, aunque con dimensiones más reducidas.

Además del parque de El Morlán, el equipo familiar también trabajó en un parqueadero enorme de una empresa, en el sector de la Villa Flora, gracias a una gestión del 'abanderado' Galindo. “Cuando veo las banderas, a veces digo: no puedo creer que eso haya salido de mis manos, de mi trabajo y de la ayuda de toda mi familia”, comentó Blanca.

El legado de Simbaña no se limita a los emblemas de la Selección. Su trabajo también ha dado vida a camisetas gigantes y a diseños para clubes como Liga de Quito, Deportivo Quito y El Nacional. En el caso de los 'albos', su compromiso llega al punto de que, en ocasiones, traslada su máquina de coser al estadio Rodrigo Paz Delgado, en el noroccidente de Quito, para reparar los estandartes de la hinchada directamente en el sitio.

Aunque sus creaciones han recorrido el mundo en cada Copa, Blanca mantiene la discreción del taller y no se ubica en las gradas para ver flamear sus telas. Esa tradición de generosidad se originó en el Estadio Atahualpa: el día del debut de su bandera en eliminatorias, renunció a su propia entrada para que su hijo Santiago viviera la experiencia.

Como ocurre cada cuatro años, Blanca Simbaña y su familia seguirán el Mundial por televisión y admirarán con orgullo el despliegue de su pabellón nacional de 10 x seis metros que los ‘Abanderados’ llevarán a los estadios de Philadelphia, Kansas y New Jersey.

Con el paso de los años, la agilidad necesaria para manejar los metros de tela ha dado paso a la nostalgia. Blanca reconoce que, a sus 65 años, la vitalidad de aquel inicio de siglo se ha ido desvaneciendo. La prueba quedó en una anécdota familiar: cuando su nieto Liam le pidió una banderita para el estadio, ella respondió con una sonrisa: “Mijito, mejor compremos una”.

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