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Wendy Villón: del impulso por el fútbol femenino en Ecuador al objetivo de dirigir en Europa

Imagen gracias a: Primicias

Wendy Villón: del impulso por el fútbol femenino en Ecuador al objetivo de dirigir en Europa

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Wendy Villón, entrenadora del Barcelona SC Femenino, explica por qué su prioridad es reinventar al equipo de cara a la Superliga 2026. También reflexiona sobre el crecimiento del fútbol femenino en Ecuador y marca su meta personal de dar el salto internacional, primero a México y después a Europa.

Wendy Villón no concibe su trabajo como una simple continuidad competitiva. Al frente del Barcelona SC Femenino, la entrenadora plantea un cambio de mentalidad que busca ir más allá de mantener el rendimiento con el que el equipo se mantiene como líder de la Superliga. Su propósito es directo: transformar el proyecto para pelear y alcanzar el título en 2026.

Para Villón, su papel tiene una dimensión que excede lo futbolístico. Se asume como parte de un legado construido por generaciones de jugadoras que no contaron con las condiciones actuales y que, aun así, lucharon por abrir espacio. Aunque reconoce avances, considera que ese lugar todavía no es suficiente.

En su día a día, identifica el reto de dar visibilidad y acelerar el crecimiento del fútbol femenino en el país. Reconoce mejoras como mejores condiciones básicas y un mayor interés de algunos clubes, pero también señala vacíos estructurales. Entre ellos, destaca la falta de competiciones formativas, el poco respaldo institucional y una visión que, en muchos casos, sigue respondiendo más a una obligación que a una estrategia.

La entrenadora sostiene que el salto definitivo llegará cuando el fútbol femenino deje de tratarse como un requisito y pase a ser una apuesta real, una inversión y no un gasto.

A la par, Villón no oculta sus aspiraciones personales: dirigir en el exterior. Su primer paso sería México y, posteriormente, buscaría el salto a Europa, manteniendo ese sueño como motor mientras trabaja en Barcelona SC con el objetivo no solo de ganar, sino de dejar una huella en el desarrollo del fútbol femenino ecuatoriano.

Sobre la meta del Barcelona, Villón explica que el enfoque no es sostener el nivel, sino reinventarse para consolidar cada día más al equipo y llegar al objetivo común: ser campeón de la Superliga en 2026.

En cuanto al aspecto que considera más importante para esa transformación, la entrenadora subraya el trabajo en equipo. Afirma que no le sirve contar con 10 o 20 jugadoras talentosas si el conjunto no funciona y que la idea es fortalecer la unidad, donde el trabajo de una sea el trabajo de todas.

Respecto a la presión por pelear el título, Villón señala que la fortalece. Según su visión, en Barcelona se espera competir por títulos, pero ese compromiso debe asumirse con valentía y madurez para no perder el enfoque ni caer en ansiedad.

La responsabilidad aparece como su principal desafío actual. Villón vincula su rol con el legado de exjugadoras que, en su época, también soñaron con este espacio. Aunque reconoce que el fútbol femenino aún podría ser mucho más amplio y visible, entiende su tarea como una forma de representar a quienes abrieron camino, dejando una historia firme y buscando construir su propio lugar dentro del crecimiento del deporte.

En el liderazgo dentro del vestuario, sostiene que su forma de dirigir ha cambiado y se ha fortalecido. Menciona que la experiencia acumulada en el proceso la lleva a brindar a sus jugadoras aquello que ella no tuvo como jugadora: apoyo, comodidad y un trabajo constante para que se sientan bien en todos los sentidos.

Entre los cambios más concretos, Villón destaca la comunicación. Explica que busca entender mejor a cada una de las chicas y, a partir de eso, mejorar aspectos como el socio afectivo, con la intención de que no solo la vean como entrenadora, sino también como alguien en quien puedan confiar ante cualquier dificultad del día a día.

Al referirse al momento más complejo de su vida, la entrenadora menciona las oportunidades de jugar, la ausencia de un campeonato y la parte económica. Aun cuando reconoce que ahora existe remuneración, aclara que no es como muchas lo desean: existe un sueldo que permite que las jugadoras puedan dedicarse a su actividad dentro del fútbol, sin la preocupación constante de conseguir dinero para el pasaje de regreso a casa.

Mirar atrás, según Villón, funciona como un impulso para mejorar. Recuerda cómo en el pasado tomaba la buseta sin tener cómo pagar el pasaje para volver y que su familia, de escasos recursos, conformaba un grupo grande que hacía dedo para regresar, pero con la satisfacción de haber cumplido un entrenamiento. En contraste, destaca la tranquilidad actual de que las jugadoras puedan entrenar y volver a casa con mayor seguridad.

Como entrenadora, Villón afirma que su labor también es que el fútbol femenino sea visible y ocupe el espacio que le corresponde. Considera que su trabajo, más que limitarse a dirigir, busca que se gane ese lugar dentro del club.

Sobre la lección más importante de su carrera, sostiene que hay que sacrificarse y valorar cada proceso. Afirma que aprender día a día de sus jugadoras le deja enseñanzas concretas que, con el tiempo, fortalecen su trabajo. También recalca la necesidad de mantener una buena actitud en los entrenamientos, incluso ante adversidades, porque como entrenadora no puede mostrar negatividad: si ella se muestra fuerte y predispuesta, espera que el equipo mantenga la misma energía en cada práctica.

Finalmente, sobre el arrepentimiento, Villón asegura que no se arrepiente. Explica que hacer las cosas, para bien o para mal, no es algo que deba llevar a lamentarse; al contrario, sostiene que incluso los errores pueden servir para no repetirlos y que siempre hay que sacar algo positivo de cada experiencia.

En el plano psicológico, la entrenadora considera que la salud mental es clave. Señala que el equipo viene de dos años consecutivos sin conseguir el título y que eso impacta emocionalmente. Por ello, trabaja para que la plantilla esté lo más tranquila posible, sin ansiedad ni la idea de que no se logrará el objetivo o de que el tropiezo se repetirá. Su intención es que las jugadoras sientan respaldo y confianza.

Sobre las condiciones profesionales de las jugadoras, Villón sostiene que no se puede decir que vivan al 100% una condición profesional, aunque afirma que el avance del fútbol femenino en el país las está acercando a ese estándar, incluyendo lo económico.

En cuanto al estado del fútbol femenino en Ecuador, Villón critica la falta de un ente que lo respalde como corresponde. Menciona a la Federación y sostiene que no brinda el lugar que el fútbol femenino merece, insistiendo en que debería existir un campeonato más competitivo, además de torneos Sub 20 y Sub 17, como ocurre en las categorías masculinas.

Para ella, ya es momento de que el fútbol femenino tenga campeonatos propios en diferentes categorías para impulsar el desarrollo, alineándose con lo que piden Conmebol y FIFA. Sostiene que, si se logra clasificar a Mundiales en distintas categorías, Ecuador podría convertirse en una potencia en Sudamérica.

Como cambio necesario, Villón plantea que se deje de ver el fútbol femenino como una obligación para justificar gastos anuales. A su juicio, cuando se lo mire como algo que no depende de cumplir, el crecimiento llegaría sin presión y de forma acelerada. En ese escenario, considera que la clasificación a varios mundiales en categorías inferiores sería solo el inicio del potencial que tendría Ecuador y su proyección mundial.

El legado que busca construir, según Villón, es defender el espacio que el fútbol femenino merece. También cuestiona la condición de que, sin participar como equipo femenino, no se otorgue licencia para competir en torneos internacionales, y afirma que esa situación no debería existir.

En ese camino, Villón asegura que su trabajo en Barcelona busca demostrar por qué el fútbol femenino puede tener un lugar importante dentro del club, especialmente porque Barcelona es el equipo más popular del país y el equipo femenino debe ganar esa misma popularidad y competir con los mismos objetivos.

De cara al futuro, Villón afirma que en 10 años se ve dirigiendo en Europa, con aspiraciones para equipos como Valencia y Atlético de Madrid. Su meta inmediata permanece clara: llegar a México y luego saltar a Europa.

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