
Imagen gracias a: El País (América)
Valverde y el Athletic: 500 partidos marcados por la “normalidad”
Ernesto Valverde llegó a los 500 partidos al mando del Athletic Club y lo hizo con una cualidad que, en un fútbol cada vez más obsesionado con el dato y el énfasis, resulta especialmente llamativa: la normalidad.
El texto se redacta en la mañana del viernes 1 de mayo, Día del Trabajador. Entre interrupciones, intentos fallidos de encontrar el tono y la dificultad de poner en palabras el afecto personal y la admiración profesional, el autor vuelve a empezar para dedicar estas líneas a Ernesto Valverde, un hombre que admira y quiere. Este sábado cumplía 500 partidos dirigiendo al Athletic Club.
A la hora de escribir sobre Valverde, aparece una dificultad: explicar su grandeza sin caer en exageraciones. El planteamiento central es que su valor reside en su escala humana. Su profesionalidad no se sostiene en gestos desmedidos ni en un lenguaje hinchado, sino en el buen hacer cotidiano, en la constancia de quien avanza paso a paso y no a base de grandes zancadas.
En un oficio que cada vez se inclina más hacia el énfasis, los titulares grandilocuentes y la solemnidad con la que se habla de sistemas de presión como si fueran cuestiones técnicas ajenas al sentido común, Valverde ha mantenido una cualidad que hoy resulta paradójicamente extraordinaria: la normalidad. En un entorno donde pesa una fe casi religiosa en el dato, las tablas de Excel y las estadísticas, él ha convertido el trato humano y el sentido común en claves de su éxito. Sin embargo, se advierte que esos rasgos no deben confundirse con falta de ambición, tibieza en el trato, ausencia de carácter o carencia de rigor profesional; al contrario, se sostiene que hace falta ser extraordinario para no tener que fingir en todo momento.
También se subraya un modo de estar profundamente vinculado a lo athletic: discreción que evita los focos pero no teme enfrentarlos; una forma de mostrar que el fútbol es importante, aunque no lo sea todo; y una elegancia melancólica de quien entiende la enorme responsabilidad de llevar el timón de la nave rojiblanca, pero sabe que las batallas relevantes se afrontan quitándoles hierro.
Con los 500 partidos como entrenador del Athletic, se plantea que “la vida entera” cabe en esa cifra. De su mano se han vivido noches inolvidables, tardes aburridas de domingo, victorias que se recordarán durante décadas y derrotas que se quisieron olvidar antes de que terminara el encuentro. Se reconoce que también hubo errores, pero se remarca que, en las otras ocasiones, ha acertado y, sobre todo, casi siempre en lo esencial. Además, aunque no buscara hacer ruido, eludir responsabilidades o atribuirse méritos, se afirma que nadie permanece tanto tiempo en el Athletic por casualidad.
Se recuerda que Valverde expresó que su mayor aspiración era permanecer en la memoria de la gente. En un club que mira al futuro desde el legado, construye desde el recuerdo y la memoria, y se espera que su mensaje llegue también a los actos. En esa línea, se sostiene que el Athletic es único por ser el más normal de los clubes profesionales.
La explicación se vincula a Bilbao: allí solo se puede “tocar el cielo con los pies en la tierra”, y de esa idea se relaciona su postura en el área técnica, característica y agachada, analizando el juego con la mirada a ras de suelo. El mensaje de Ernesto Valverde queda descrito como una construcción hecha de palabras y de su manera de actuar partido a partido: 500 encuentros, jornadas que se presentan como una vida compartida con sensatez y felicidad profunda, como con buenos amigos.
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