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Sevilla: la afición se vuelca para intentar salvarse ante la Real Sociedad en una situación límite

Imagen gracias a: El País (América)

Sevilla: la afición se vuelca para intentar salvarse ante la Real Sociedad en una situación límite

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Con el club andaluz inmerso en una crisis económica, social y deportiva, los hinchas del Sevilla prepararon un gran recibimiento para el duelo ante la Real Sociedad, clave para evitar el descenso. El equipo llega a la jornada 34 de Liga con 34 puntos, a dos de la salvación marcada por el Alavés (36).

La afición del Sevilla, en medio de una crisis prolongada que abarca lo económico, lo social y lo deportivo, respondió con una movilización masiva en el partido ante la Real Sociedad correspondiente a la jornada 34 de Liga. El encuentro se disputó este lunes y el objetivo era claro: sumar para salir de los puestos de descenso.

Antes del choque, los seguidores acompañaron al equipo en el último entrenamiento previo al partido. La ciudad deportiva se llenó de mensajes motivadores y banderas, además de miles de rollos de papel higiénico que, como ocurrió el pasado miércoles en el Metropolitano, dieron un colorido especial al Sánchez Pizjuán. La presión es máxima por la clasificación: el Sevilla, con 34 puntos, se encuentra a dos de la salvación, que marca el Alavés con 36. Si el equipo gana, abandonará el descenso. El club prevé un Sánchez Pizjuán con lleno ante la Real Sociedad.

En las últimas fechas, el Sevilla reforzó el mensaje con figuras vinculadas a la entidad como Pablo Alfaro o Joaquín Caparrós para animar a un vestuario atravesando un momento delicado. “Nos hierve la sangre roja”, declararon ambos. Luis García Plaza, segundo técnico del curso, también calificó el partido como “una auténtica final”.

El contraste con el pasado reciente es fuerte. Hace solo tres años, los mismos rollos de papel higiénico decoraban un estadio en el que el Sevilla eliminó a la Juventus para alcanzar la final de la Liga Europa, competición que ganó en los penaltis ante la Roma. Desde entonces, la caída del club ha sido considerada brutal. Javier Tebas, presidente de LaLiga, atribuyó este desplome a la falta de ingresos tras varios años consecutivos sin estar en la Champions. Mantener una plantilla de 200 millones sin competir en la élite europea ha incidido de forma importante en el declive económico, aunque se señala también un problema de fondo: la capacidad de los gestores para tomar decisiones acertadas.

El proceso comenzó con el despido de Monchi en el verano de 2023, arquitecto del gran Sevilla, debido a su oposición a la gestión que iniciaba José María del Nido Carrasco, presidente desde diciembre de 2023. Aunque Monchi realizó fichajes poco atinados en su último año, su legado se considera clave, al igual que el escaso acierto de los sucesores. Primero llegó Víctor Orta, que ya se encontró con un recorte sensible en el presupuesto de fichajes. Después, se instaló una política errática de entrenadores: se destituyeron a Mendilibar y Diego Alonso, y solo la llegada de Quique Sánchez Flores permitió la salvación.

En el curso 2024-25 se incorporó a García Pimienta, a quien incluso se renovó en septiembre, una decisión atribuida a Del Nido júnior, que terminó con su destitución en el tramo final y la sustitución por Joaquín Caparrós. El Sevilla logró salvarse de milagro, a un punto del descenso.

El pasado verano, el presidente impulsó una renovación con la destitución de Orta y de Caparrós. Se incorporaron Antonio Cordón como director deportivo y Matías Almeyda como técnico tras la negativa de Imanol Alguacil. Se remarca que de Cordón no se conoce una decisión determinante. El contexto financiero era especialmente restrictivo: con la política de gastos del club, solo se invirtieron 250.000 euros este verano para la llegada de Mendy. Además, se vendieron a Badé y Lukébakio por 40 millones, y se confeccionó una plantilla a coste cero con jugadores libres y cedidos, algunos muy veteranos y en declive como Azpilicueta y Alexis Sánchez.

Almeyda fue destituido el pasado 23 de marzo, cuando el Sevilla ya estaba fuera de los puestos de descenso. Entonces llegó Luis García Plaza, el séptimo entrenador en menos de tres años, con el dato de que había ganado solo un partido de cuatro. El equipo volvió a quedar situado en posiciones de descenso.

Más allá de lo deportivo, la situación económica es el gran freno. El club reconoce una deuda de 88 millones de euros. Al no disputar competición europea, ha acumulado pérdidas de 19, 81 y 54 millones en los tres últimos ejercicios. Para mantener la estabilidad financiera se solicitaron dos créditos a Goldman Sachs por un valor total de 178 millones de euros, concedidos a cuenta de hipotecar futuros ingresos televisivos. En ese marco, el coste de la plantilla pasó de 178 a 88 millones tras una reconversión brusca, al tiempo que se aplicaron recortes en todas las áreas. Incluso se contrató a un director general, José González-Dans, que apenas duró un año.

Un eventual descenso a Segunda agravaría el escenario: por ejemplo, el club pasaría de cobrar 65 millones de euros por derechos televisivos a solo 12. A la inestabilidad deportiva y financiera se suma la venta del club. En noviembre, los máximos accionistas abrieron el proceso de venta y, hasta el momento, solo la propuesta encabezada por Sergio Ramos y el grupo Five Eleven ha superado todas las pruebas exigidas por los dueños. El grupo inversor sostiene que dispone del dinero, algo menos de 400 millones de euros, para afrontar la compra que debería cerrarse a finales de este mes. Sin embargo, el Sevilla se juega la vida y crece la duda sobre cómo se puede pagar esa cantidad si el club podría bajar a Segunda y con graves problemas económicos.

En el colmo del desorden, el club contempla un proyecto de nuevo Sánchez Pizjuán con traslado a La Cartuja, con el Betis de por medio, como ocurre en el caso verdiblanco. Mientras tanto, la afición aparece como el último gran sostén: “Al Sevilla, de momento, solo le queda su afición”.

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