
Imagen gracias a: El País (América)
Unai Marrero, el portero que volvió a escribir una noche de gloria para la Real Sociedad en la Copa
Matarazzo confió en Unai Marrero para la final de Copa y el portero, formado en la cantera de la Real Sociedad, volvió a ser decisivo en la tanda de penaltis al detener dos lanzamientos.
La Real Sociedad volvió a apoyarse en la épica para conquistar un nuevo entorchado copero, repitiendo el guion de aquellas noches históricas en las que el protagonismo cae del lado de la portería. Si Luis Arconada fue el héroe blanquiazul en una final recordada hace 39 años en La Romareda, este sábado en Sevilla el papel decisivo lo asumió otro guardameta de la cantera: Unai Marrero.
El Azpeitia se convirtió en el gran nombre propio de este título. Su recorrido en la Copa no se ha entendido como el de un actor ocasional en el momento clave, sino como el de un protagonista sostenido en el tiempo, respaldado desde el inicio por la convicción de Pellegrino Matarazzo.
La decisión del técnico estadounidense fue clara: Marrero sería el portero de la Copa. Esa elección se mantuvo incluso con la presencia de Álex Remiro, un guardameta del peso y la regularidad. No fue una apuesta sencilla, pero sí coherente con el modo de ejercer el liderazgo de Matarazzo: no hubo rotaciones en los tramos determinantes y el plan se ejecutó hasta el final.
En el torneo, Marrero solo se quedó fuera de un partido: el de la ida de semifinales frente al Athletic Club en San Mamés. En la vuelta regresó a la titularidad y lo hizo además con una máscara, una imagen que reflejó su compromiso. A pesar de esa circunstancia, firmó una actuación sólida, clave para asegurar el pase a una nueva final.
La Copa también dejó constancia de su capacidad para resolver situaciones límite. Fue determinante en la tanda de penaltis frente a Osasuna, y en la final volvió a ser trascendental para cerrar el título. Vestido de azul, Marrero evocó inevitablemente la figura de Luis Arconada en aquella mítica final de 1987, al consolidarse como el héroe de una noche inolvidable. En la tanda de penaltis detuvo dos lanzamientos, un desenlace que terminó por elevarlo a la categoría de símbolo.
No era la primera vez que demostraba su eficacia en los momentos decisivos, ni tampoco la primera ocasión en la que frenaba al Atlético de Madrid. Antes, en un partido amistoso de hace un par de veranos, Marrero detuvo un penalti a Memphis Depay, que intentó sorprender con un lanzamiento a lo Panenka. El portero no se dejó engañar y, sin moverse, blocó el balón con naturalidad.
La intervención más impactante de aquel encuentro llegó en los últimos minutos. El Atlético volcaba su juego por banda derecha, con César Azpilicueta centrando casi desde la línea de fondo. En el área esperaba Samuel Lino, que conectó un cabezazo franco que parecía encaminado al gol. Sin embargo, Marrero apareció con reflejos y personalidad: con un gesto felino, desvió el balón a córner cuando el tanto ya se celebraba en la grada.
Ese carácter es el que acompañó a Marrero durante toda la Copa y que terminó por darle la razón a su entrenador. En la final, en la que también destacó Ander Barrenetxea —autor del gol más rápido de la historia de las finales coperas, a los 14 segundos—, el protagonismo acabó inclinándose hacia la portería.
Barrenetxea también encarna otra de las grandes historias de superación de este equipo. Lastrado durante años por las lesiones, atravesó su etapa más complicada en 2022, cuando sufrió en el Estadio de Mendizorroza una lesión severa en la musculatura isquiosural del muslo izquierdo, con afectación tendinosa. El golpe lo llevó a pasar por el quirófano en Finlandia, donde fue intervenido por el doctor Lasse Lempainen, especialista de referencia por cuyas manos han pasado futbolistas como Ousmane Dembélé o Sergi Roberto.
Esa lesión marcó un antes y un después: una recuperación larga, exigente y también mental, con meses de silencio, trabajo invisible y dudas. Todo eso quedó atrás, al igual que el camino que condujo a esta final. La Real Sociedad, en esencia, ha sumado historias de fe, decisiones valientes y respuestas contundentes: la de Matarazzo creyendo en Marrero, la de Marrero respondiendo bajo presión y la de un equipo que encontró en su portero a un héroe inesperado, o quizá no tanto.
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