Pietro Marsetti: del mediocampo con Ecuador a la reinvención en Estados Unidos

Imagen gracias a: Primicias

Pietro Marsetti: del mediocampo con Ecuador a la reinvención en Estados Unidos

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Exfutbolista de Liga de Quito y seleccionado ecuatoriano, Pietro Marsetti reconstruyó su vida en Estados Unidos, donde hoy trabaja fuera de las canchas en Pensacola y mantiene una conexión con el fútbol desde otro rol.

Pietro Marsetti, exjugador de Liga de Quito y parte de la selección ecuatoriana en otra época del fútbol, vive actualmente en Estados Unidos. En Pensacola, Florida, su rutina diaria se centra en el trabajo y en la disciplina que requiere la nueva etapa, lejos de la vida deportiva.

Su día comienza temprano: se levanta a las seis de la mañana, prepara un batido de plátano, se cambia con ropa de trabajo y sale a caminar con su bulldog francés durante media hora. Al regresar, deja comida y agua para su perro y luego se dirige a la oficina. Su jornada, que inicia temprano y se extiende hasta cerca de las 16:30, está compuesta por tareas de mantenimiento en concesionarios de autos, revisiones y pendientes que deben resolverse con precisión.

Marsetti consiguió este empleo por recomendación de un amigo. En su explicación, destaca que en el país “muchas oportunidades siguen dependiendo de contactos cercanos”. Su función consiste en garantizar que los espacios donde se venden autos estén en buenas condiciones, un trabajo que exige responsabilidad constante, capacidad de resolver y orden en los procesos.

Antes de esa rutina, hubo una trayectoria deportiva. Marsetti fue mediocampista, seleccionado ecuatoriano y parte de una generación que sostuvo el fútbol del país cuando aún no era una industria. Con Ecuador disputó partidos internacionales y anotó goles. En clubes, su etapa más extensa fue en Liga de Quito, donde acumuló más de 200 partidos, decenas de goles y un título nacional en 1990. Para él, ese momento del fútbol ecuatoriano ofrecía reconocimiento, aunque no garantizaba el futuro.

Hace seis años dejó Ecuador. La decisión no formaba parte de sus planes iniciales: afirmó que “nunca había pensado siquiera en salir de Quito”. Sin embargo, la combinación de ingresos insuficientes y el contexto de la pandemia lo empujó a tomar una salida calculada ante una realidad económica que ya no alcanzaba.

El inicio en Estados Unidos se dio con una oportunidad concreta. Un amigo lo recibió en Carolina del Sur y le ofreció un trabajo nocturno, físico y exigente. La condición fue clara: si lograba resistir, podía quedarse. En ese primer empleo, en un entorno donde la mayoría hablaba español, encontró el marco inicial para adaptarse a un país donde el idioma representaba una barrera.

En lo económico, Marsetti comenzó desde cero e incluso salió de Ecuador con un préstamo. Reconoce errores, especialmente al prestar dinero a conocidos, pero también identifica factores que le permitieron sostenerse: disciplina, carácter, persistencia y una forma de trabajar que asocia tanto al deporte como a su familia.

Sobre su relación con el fútbol, Marsetti sostiene que “el fútbol no me dejó ningún vacío”. Señala que fue una etapa que disfrutó plenamente y que no siente incompleta, y que hoy encuentra en su trabajo diario una satisfacción parecida. Para él, más que una ruptura, la transición fuera de la cancha se define por continuidad.

En Estados Unidos, su pasado futbolístico no aparece de manera visible. Marsetti explica que, cuando menciona que fue futbolista profesional y que estuvo en la selección, la gente se sorprende, pero que en su vida cotidiana es “uno más”. Prefiere no detenerse en listados de partidos o estadísticas al hablar de la selección; su valoración es directa: representar a Ecuador fue “lo mejor” que le pudo pasar, porque implicaba haber cumplido con sacrificios, disciplina y rendimiento sostenido hasta alcanzar un nivel que lo ubicara en el radar de torneos importantes.

El retiro del fútbol llegó sin ceremonia. En 2002, tras no conseguir equipo, tocó la puerta de Universidad Católica, el club que le había abierto el camino al profesionalismo. Acordó jugar en la Serie B, categoría que ya conocía por su paso por Delfín en 2000, pero con un cambio de fondo: volvió a entrenar, aunque ya no encontró motivación. Recordó ese momento con una idea que resume su percepción: “Comencé a sentir que uno va recogiendo los pasos”. Con dos décadas transcurridas y muchos aspectos que, desde su mirada, no habían cambiado, al finalizar el año entendió que la motivación ya no era la misma y decidió detenerse.

En su balance del período futbolístico en Ecuador, Marsetti recuerda la competencia intensa y el compromiso genuino, y reconoce que también existían dificultades como retrasos en pagos y tensiones con dirigentes, que marcaban el entorno. Aun así, considera que el fútbol le dio estabilidad en su momento, pero no una base duradera. Como muchos jugadores de su generación, no planificó a largo plazo: el dinero se fue en el presente. Hoy habla de ese proceso sin dramatismo, como parte de un aprendizaje que lo llevó a reinventarse.

Aunque en Estados Unidos trabaja lejos de la cancha, Marsetti se mantiene conectado con el fútbol. Los martes, entre 19:00 y 20:00, participa con dos amigos en el programa online WNN GOLIN Ecuador, donde comenta la actualidad de los equipos capitalinos. Para él, es una manera de seguir cerca de ese mundo que aún le interesa, sin que defina su vida diaria.

Su presente lo resume en una idea: seguir creciendo. Trabaja, aprende y acumula experiencia para lo que venga. Al pensar en el futuro, no habla de recuperar el pasado, sino de sostener lo construido. En esa forma de avanzar, sin nostalgia excesiva, se sostiene la historia de su reinvención.

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