Onésimo Sánchez: el futbolista que se definía por regatear de forma personal

Imagen gracias a: El País (América)

Onésimo Sánchez: el futbolista que se definía por regatear de forma personal

NOTICIAS

La biografía de Onésimo Sánchez retrata a un jugador de los años 90 en España, asociado al regate y a la diversión, con un perfil que acabó convirtiéndose en un apodo popular.

Portada del libro 'Onésimo, el penúltimo regate'.

Los futbolistas con una forma distintiva de jugar suelen pasar con rapidez a la lengua popular. Su nombre se desplaza desde el césped profesional hasta todo tipo de canchas, donde se transforma en un apodo temporal para muchos futbolistas aficionados. Así ocurre con quienes golpean mejor el balón, con los que apenas defienden, con los que no sueltan la pelota, con los que rehúyen las disputas aéreas o con quienes fallan un gol claro. En cada caso, aparece un nombre conocido que resume su manera de estar en el terreno.

Incluso hay jugadores tan particulares que su apellido sirve para expresar lo mismo y lo contrario. El ejemplo más citado es Maradona: durante años, se utilizó para describir tanto a quien jugaba muy bien como a quien no rendía.

En los años 90, en España, a un futbolista que era un poco “chupón” y no levantaba la cabeza del balón podía caerle Onésimo como mote. Se trataba de un jugador con el centro de gravedad bajo y con un talento para el regate aprendido en la calle. Eran perfiles que el público reclamaba, a veces con desesperación para el entrenador; y que, en otros momentos, el entrenador colocaba en el campo con la intención de provocar, a su vez, la desesperación del público.

Onésimo, el penúltimo regate (Altamarea) es el título de la biografía firmada por el periodista Iván Vargas. El libro se integra en la colección Cromos, que reúne en formatos de pequeño tamaño la historia de algunos de los futbolistas más singulares del fútbol. Onésimo Sánchez jugó, entre otros equipos, en el Valladolid, el Rayo Vallecano, el Barcelona y el Sevilla. Tuvo la oportunidad de alcanzar grandes momentos bajo las órdenes de Cruyff, aunque su costumbre de mirar al suelo —a la vida real— hizo que en Vallecas encontrara un lugar donde se sintió especialmente feliz.

La obra lo presenta como un futbolista “hecho para divertir”. La sensación que transmitía era la de que siempre le quedaba un regate pendiente, como si tuviera que volver sobre sus pasos para saldar una deuda. Todavía hoy, cuando se menciona su nombre entre hinchas, emerge una manera particular de definirlo: se regateaba a sí mismo. Una expresión que, según el relato, resume la singularidad de su estilo.

Si quieres más información visita Poder en los Medios

Compartir