Mourinho intensifica su perfil intervencionista en el Real Madrid ante el Villarreal

Imagen gracias a: El País (América)

Mourinho intensifica su perfil intervencionista en el Real Madrid ante el Villarreal

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El entrenador del Real Madrid volvió a activar su estilo más combativo: cuestionó a prensa y árbitros, y aplicó cambios decisivos en el equipo en un momento en el que el equipo mira con inquietud la clasificación tras la primera derrota del curso.

José Mourinho comenzó su etapa en el Real Madrid con la idea de que “el ADN siempre gana”, y aunque en sus inicios también hablaba de no sentirse “emocional” en exceso, dejó claro que no actúa de forma distinta a su manera. Esa postura se fue acentuando con el paso de las semanas, especialmente cuando el equipo entró en una dinámica que no le permite remontar y que lo deja atento a la tabla: a seis puntos del Barcelona y con el calendario a dos semanas de visitar el Camp Nou.

El encuentro con el Villarreal marcó el regreso de un Mourinho más característico: el de la agitación y la intervención constante en los momentos difíciles. En paralelo, el técnico ha buscado controlar el relato cuando aparecen dudas futbolísticas, apoyándose en su repertorio habitual y en argumentos que desplazan el foco hacia el entorno.

Antes del parón de selecciones, tras la primera derrota del curso, Mourinho recuperó su célebre “por qué” ligado a la polémica del penalti fallado por Kylian Mbappé en el descuento por presunta invasión del área, una escena que recordó aquella rueda de prensa de 2011 en Champions tras la expulsión de Pepe en el 0-2 del Barcelona en la ida de las semifinales.

En el inicio de su curso también se vio un patrón: señalar al empedrado, apuntar a un enemigo externo, mover el árbol y dirigir el discurso. Ese esquema apareció con fuerza en la queja por el árbitro del derbi en el Metropolitano, con papelito incluido para exhibir dos jugadas polémicas. La protesta le permitió evitar autocrítica sobre el desempeño del Madrid mientras el partido transcurrió en igualdad numérica, y sin explicar por qué realizó cambios como el de Vinicius tan pronto.

Al regreso de la competición, el portugués volvió a cargar contra el entorno. Acusó a la prensa de impulsar una pitada en el Bernabéu a Mbappé, que finalmente no pasó de silbidos. Después, tras la angustiosa victoria al Villarreal, dejó a los periodistas sin respuesta: el club indicó que su intención era sentarse en el banquillo frente al Sevilla (próximo domingo) y Barcelona (25 de octubre). La tensión con las decisiones del colegiado se percibió durante toda la noche, en una línea que remite a su frase de 2011: “si le digo al árbitro lo que pienso, se acaba mi carrera”.

Esa recuperación de la tirantez con los árbitros, a quienes dijo creerles en su honestidad al regresar, se suma al contexto de la dirección del club, involucrada en una ofensiva contra el estamento arbitral por el caso Negreira, al mismo tiempo que observa con preocupación la falta de mejora del equipo respecto a la pasada campaña. En los dos últimos duelos (Atlético y Villarreal), el Madrid acumuló 1,27 goles esperados en global, un dato considerado bajo teniendo en cuenta que jugó con un futbolista menos durante casi una hora entre ambos partidos.

La no comparecencia ante los medios del sábado por la noche, obligatoria por el reglamento de LaLiga, impidió que Mourinho explicara decisiones deportivas que fueron varias y de calado. En la previa anunció ajustes para corregir carencias, pero lo más determinante llegó antes y durante el choque, cuando tocó puntos sensibles del sistema central del Real Madrid.

Entre las decisiones más destacadas estuvo el hecho de dejar a Vinicius en el banquillo por primera vez. Luego, en otro gesto de su estilo, el técnico corrió a abrazarlo antes de que el árbitro anulara el 2-0 del brasileño por agarrar el pelo de Saliba. A partir de la media hora, también recolocó a Valverde en la banda derecha, una posición que el uruguayo no suele preferir: primero en el centro del campo y después en el lateral.

Con la ausencia en sala de prensa, esas decisiones quedaron sin comentario, a la espera de lo que pueda explicar el martes en Roma, antes de la segunda jornada de la Champions, donde su presencia ante los medios está garantizada por la firmeza de UEFA. Sobre una posible multa de LaLiga, el Madrid respondió con un “no es relevante”.

El contraste con el año anterior también aparece en el relato del propio Mourinho. En el Benfica llegó con un perfil más tranquilo y conciliador, descrito en algunas tribunas como el de “un senador”, mientras la prensa nacional le reclamaba una imagen “combativa, desafiante, provocadora, cruda, irritante y arrogante” para espabilar al equipo lisboeta. En el Real Madrid, en cuanto el camino se torció, el entrenador cambió el registro.

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