Messi y la vida entre premios y exigencia: de sus 39 años a su etapa con el Inter de Miami

Imagen gracias a: El País (América)

Messi y la vida entre premios y exigencia: de sus 39 años a su etapa con el Inter de Miami

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A los 39 años, Leo Messi recibe el Princesa de Asturias de los Deportes en Oviedo y mira atrás con la sensación de que, durante buena parte de su carrera, no pudo disfrutar tanto como merecía. Su trayectoria, marcada por la exigencia y la dedicación constante, culmina con su continuidad en el Inter de Miami hasta 2028.

Leo Messi, con 39 años, comenzó a tomar conciencia de que en muchas ocasiones no disfrutó sus goles y sus éxitos con el mismo nivel que su relevancia imponía. Su forma de entender el fútbol estuvo durante años ligada a una exigencia permanente: ser mejor en cada partido, casi como si el resultado marcara el ritmo. En este contexto, su futuro inmediato queda definido por su contrato con el Inter de Miami, vigente hasta 2028.

La dedicación total y su carácter influyeron también en aspectos personales. No tuvo tiempo ni para estudiar con calma ni para aprender el inglés de manera suficiente para viajar con soltura por el mundo, acostumbrado desde pequeño a contar con un intérprete cuando era necesario para hablar con la profesora en la escuela de Rosario. Incluso existe la posibilidad de que su destino no hubiera sido el fútbol si su abuela Celia no lo hubiera llevado de la mano al equipo del Grandoli. Introvertido en el aula y tímido en el barrio, se comunicó casi siempre con la pelota, convencido de que con su talento bastaba para ser considerado, posiblemente, el mejor jugador de la historia.

Más allá del ámbito futbolístico, Messi alcanzó la condición de figura universal. Ese estatus se sostiene no solo en su virtuosismo, sino también en sus valores y en su vínculo con causas solidarias, además de su ascendencia sobre los niños. Lo hace sin necesidad de ser un rebelde ni de actuar fuera del terreno de juego: basta su respeto por las leyes del juego, por el aficionado y por la camiseta emblemática del 10.

Su carrera también se ha convertido en objeto constante de comparación y análisis, con nombres como Di Stéfano, Maradona, Cruyff y Pelé, ya que su trayectoria se ha seguido a través de los medios más convencionales y también los digitales, alcanzando incluso el ámbito de la Inteligencia Artificial.

Aunque el inventario futbolístico todavía no está cerrado, Messi se mantiene en la idea de que puede seguir sumando goles: en el texto se señala que actualmente supera los 930 y que es capaz de acercarse a la barrera de los 1.000. Ese reconocimiento, como el Princesa de Asturias de los Deportes que recibe en Oviedo, le hace ser consciente de otro aspecto de su historia: que, en gran parte, no se ha permitido divertirse y que su vida como futbolista estuvo marcada por la tensión, algo que incluso sus compañeros llegaron a señalar. Luis Suárez aparece mencionado como parte de ese contraste, con el detalle de que le regaló un pijama del pitufo gruñón, la misma figura que se incluyó en el pastel de aniversario cuando cumplió los 38. Para Messi, la familia y el descanso se presentan como las únicas concesiones en medio de una entrega casi sin interrupciones.

El artículo también describe la percepción que existía alrededor de su forma de jugar: muchos aficionados pensaban que no hacía falta correr ni romperse en sudor para marcar, y que el talento se imponía de forma natural, sin necesidad de esfuerzo. En ese marco, se recuerda su despedida de la Albiceleste tras una excelente Copa del Mundo de 2026, presentada como mejor incluso que la anterior, la que terminó con el título en Qatar 2022. A excepción de la final perdida contra España, se destacan sus partidos magníficos y, de manera especial, su actuación emocionante contra Inglaterra, señalada como la mejor manera de honrar al carismático Maradona. Se subraya que el rosarino pasó de ser señalado como un “pecho frío” que no cantaba el himno a convertirse en un ídolo de Argentina, con los títulos de campeón mundial y de América.

En su relación con el país, el texto menciona un tiempo en el que Messi fue acusado de vivir solo por la causa del Barça, y lo describe como una tarea titánica. No habría conseguido, al mismo tiempo, una felicidad plena con el equipo azulgrana y con la selección albiceleste, en parte por la falta de un encaje social-deportivo en su país más allá de Newell’s. El vínculo que queda como símbolo se resume en dos papeles: la servilleta con la que se formalizó su contrato con el Barcelona y el manuscrito con el que anunció su despedida de Argentina. También se menciona el adiós multitudinario que recibió en Buenos Aires y que, con el tiempo, podría estimular el reencuentro con el Barcelona, pese a la salida de 2021. Se recuerda, además, que Messi lloró tanto a su llegada como en su salida del Camp Nou.

El desgaste físico y emocional se señala como constante para el 10. La necesidad de superación, la competitividad y la ambición no dejaban espacio para distracciones, sino que exigían una dedicación única en un “duelo de Messi contra Messi”. El texto plantea que su decisión de regular el final de su carrera se relaciona con una introspección: su cabeza y sus pies ya no irían al mismo ritmo, y siente que no puede ejecutar cada jugada como antes, que solo puede ser Messi de vez en cuando, incluso ya en la MLS de Estados Unidos. Se remarca que el fútbol extraordinario del 10 no sería cotidiano, aunque no haya imposibles para él, y se lo describe como un delantero de calle, único en la interpretación de los partidos, que aprendió a jugar en equipo en la academia de La Masia.

Como Maradona, el artículo compara su manera de crear con la improvisación. Se afirma que, como el mejor músico de jazz, Messi improvisaba a partir del solfeo. Se presenta el premio como un momento especial para sentirse de nuevo como “crío” y aconsejar a los niños que estudien, que se preparen y que aprendan idiomas, sin desmerecer la enseñanza del fútbol. En el texto también se recoge una frase atribuida a Messi en un podcast Miro de Atrás, en una charla con Nahuel Guzmán: “Es una forma de vivir; te educa también de alguna manera”.

El artículo añade que Messi puede explicar y presumir de que no se tiró ni simuló, y que si un día marcó un gol con la mano que fue concedido fue porque quiso demostrar que, si quería, podía ser como Maradona. A su calidad se le suma una ética del trabajo y un respeto por protocolos exigentes, mencionando el Mundial del que se habla con frecuencia en el texto, pero también se señala que no dudó en saltarse normas para acercarse a los fans, como habría ocurrido en Oviedo.

Se remarca que Messi no quiso ser noticia en la tribuna y que evitó el quirófano, cuidando sus lesiones desde que supo que la alimentación provocaba sus continuas roturas musculares. También se menciona que intentó pasar desapercibido después de comprar con vistas al futuro al Eldense y el Cornellà. Por último, se afirma que no es fácil imaginarlo como amo o directivo, ni verlo sentado en un banquillo, ni como entrenador de categorías inferiores de la Albiceleste o incluso del Barcelona.

Con el paso del tiempo, el texto sostiene que Messi dedicará cada vez más su tiempo al fútbol desde un lugar más alejado de la pelota, y por eso más cerca de homenajes y tributos como el Princesa de Asturias en Oviedo. En esa etapa, “toca recuperar el tiempo perdido” y disfrutar del favor de la gente sin reproches personales, mirando al espejo y hablando de la idea de que fue feliz en los momentos de felicidad. En esa última reflexión, se insiste en que para ser Messi se tenía que comportar como Messi.

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