La “herencia recibida” en el derbi: el Madrid carga con viejos problemas y nuevas polémicas

Imagen gracias a: El País (América)

La “herencia recibida” en el derbi: el Madrid carga con viejos problemas y nuevas polémicas

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Pedro, el pastor, tenía razón cuando avisó del lobo, pero esta vez el debate se centra en otra cosa: más allá de los errores arbitrales, el Madrid arrastra dificultades previas que se reflejaron en el derbi del Metropolitano.

Los partidos se juegan sobre el césped y, después, llega la conversación en la sala de prensa. A menudo, esa charla termina retratando el momento de un club con la misma claridad que el propio encuentro. En ese contexto, resulta clave identificar quién domina la información y quién, en cambio, se limita a construir un relato con más intención que precisión.

Hay equipos y entrenadores que, tras el partido, prefieren hablar de lo que hicieron o dejaron de hacer: qué funcionó, qué no y qué consideran necesario mejorar. En ocasiones, incluso asumen con crudeza su rendimiento, como cuando afirman que fueron “peores”. Esa franqueza suele ir acompañada de frustración difícil de ocultar.

Otros, en cambio, basan su explicación en el rival y descargan el peso del resultado en el árbitro o en las decisiones que consideran determinantes. En ese tipo de discurso, el partido se cuenta en tercera persona: el árbitro, los contrincantes, las circunstancias. Se reconoce que el equipo se va con el resultado en contra, pero se insiste en que la responsabilidad no recae en ellos.

En el caso del Madrid, el entrenador portugués apoyó su análisis en dos acciones del Atleti que impugnó, ocurridas cuando el marcador aún era 0-0. Además, se subrayó que el club arrastra problemas del pasado y que, en el Metropolitano, se presentó con un centro del campo y una delantera que la pasada temporada encajaron cinco goles en ese mismo estadio.

A ese historial se sumaron dos elementos nuevos en el derbi: un penalti señalado por el que se produjo la expulsión de Huijsen en el minuto 51, y la falta de impacto colectivo del aspirante al Balón de Oro, que no encontró demasiada ayuda en sus compañeros ni ideas propias para inclinar el encuentro. También se destacó un dato llamativo: no hubo ni un solo tiro a portería de Mbappé en todo el encuentro.

Más allá de lo estrictamente deportivo, el texto plantea dudas sobre el papel del VAR y la justicia que prometía. Se señala que la tecnología ha servido para anular goles por fuera de juego, pero que el ojo humano que interpreta las imágenes congeladas sigue fallando con frecuencia en aspectos que pueden ser incluso más decisivos que el gol: las tarjetas rojas. A esto se añade la idea de que, como en cualquier profesión, existen árbitros mejores, peores y también cobardes, con el peso del campo y la presión influyendo en sus decisiones.

De forma general, el debate posterior a un partido suele apagarse en la jornada siguiente, pero en derbis o eliminaciones de Champions la moviola permanece abierta hasta el nuevo duelo entre los implicados. Sin embargo, el relato del agravio puede funcionar como atenuante, no como solución ni como remedio definitivo. En esa línea, se critica la tendencia a justificar la falta de respuestas con la conocida “herencia recibida”, priorizando el discurso sobre el rival en lugar de centrarse en lo que se ha hecho y en lo que se necesita corregir.

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