La FEF y Marcelo Gallardo: entre la leyenda de River y el presente tras Arabia Saudita

Imagen gracias a: El Universo

La FEF y Marcelo Gallardo: entre la leyenda de River y el presente tras Arabia Saudita

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Marcelo Gallardo fue figura en River Plate entre 2014 y 2022, con catorce títulos y dos Copas Libertadores. Después vivió un ciclo sin el mismo impacto en Arabia Saudita y regresó a River para un segundo período que no terminó en coronas.

La conversación sobre Marcelo Gallardo y la posible conducción de la Selección por parte de la FEF generó una fuerte reacción inicial, con entusiasmo y exaltaciones que pasaron por alto el análisis de su trayectoria más reciente. Antes de revisar su rendimiento posterior a 2022, se instaló la idea de que Gallardo debía ser elegido por su grandeza histórica, sin detenerse demasiado en el desempeño de su etapa posterior.

En ese contexto, surgió una pregunta clave: ¿a cuál Marcelo Gallardo busca la FEF, al que quedó asociado a la estatua por su etapa en River o al que representa el presente tras sus experiencias posteriores?

El debate cobra forma al separar, con claridad, dos etapas del entrenador. Por un lado está el Gallardo que construyó su leyenda. Por el otro, el Gallardo que intentó repetir resultados fuera de ese marco y que, al volver a River, no logró sostener el mismo nivel.

El primer Gallardo

Marcelo Gallardo se retiró como futbolista en junio de 2011, a los 35 años, en Nacional de Montevideo, club con el que se consagró campeón uruguayo. Apenas finalizó su carrera, Nacional le ofreció dirigir al equipo y Gallardo aceptó, iniciando allí su camino como entrenador. En su primera temporada ganó el Torneo Apertura y luego el Campeonato Uruguayo 2011-2012.

En 2014, River Plate lo buscó para reemplazar a Ramón Díaz. Su primer ciclo en el club comenzó en junio de ese año y se extendió hasta diciembre de 2022. Durante ese período, Gallardo ganó catorce títulos. Entre ellos se destacan las Copas Libertadores de 2015 y 2018, incluyendo aquella final de Madrid contra Boca Juniors.

Sin embargo, el cierre de esa etapa no fue ideal. En 2021 River ganó la Liga Profesional, mientras que en 2022 terminó sin títulos. En ese año, la eliminación ante Vélez Sarsfield en los octavos de final de la Libertadores fue categórica.

Gallardo anunció en octubre de 2022 que no continuaría y decidió no renovar su vínculo tras ocho años y medio. Se marchó y, siete meses después, River le levantó una estatua junto al Museo River y cerca del estadio Monumental, al lado de la de Ángel Labruna.

El otro Gallardo

Fuera de River, con la fama acumulada durante ocho años y medio, Gallardo esperaba un llamado desde Inglaterra, España, Italia o Alemania. Ese contacto no llegó desde esos grandes escenarios; la única llamada fue desde Arabia Saudita.

Gallardo llegó al Al-Ittihad en noviembre de 2023. Tenía contrato hasta 2025, pero su aventura terminó antes de lo previsto. En junio de 2024 se confirmó su salida, luego de una campaña que fue un fracaso, pese a contar con estrellas como Karim Benzema y N’Golo Kanté. Había dinero, pero no apareció la superación que muchos esperaban del entrenador. El equipo árabe quedó fuera de las principales competiciones internacionales, Gallardo no logró imprimir su sello y fue despedido.

Después regresó a River. El 5 de agosto de 2024 asumió el mando tras la salida de Martín Demichelis. El recibimiento fue el de un rey que regresa, con la memoria de las catorce coronas intacta.

En su segundo ciclo recibió el poder para reconstruir el equipo y River abrió la billetera. Incorporó a 20 futbolistas con una inversión calculada en $ 90 millones. Llegaron nombres importantes, jugadores de selección y otros futbolistas con la expectativa de devolverle a River la grandeza perdida. Aun así, los títulos no llegaron.

El 2025 terminó con malos resultados: River fue eliminado de las competencias que disputó. El derrumbe final fue especialmente duro. Tras la derrota ante Palmeiras en la Copa Libertadores, el equipo entró en una pendiente que concluyó con diez derrotas en sus últimos trece partidos del año.

El inicio de 2026 tampoco trajo la resurrección esperada. River volvió a perder y Gallardo anunció el 24 de febrero que dejaría el cargo después del partido ante Banfield. Se marchaba sin haber conseguido un título. En ese tramo, la historia dejó un contraste: la estatua no sufre, pero el entrenador sí vive las consecuencias de los resultados.

La pregunta para la FEF

De allí nace la interrogante que debería enfrentar la FEF: ¿está apuntando al Gallardo de la estatua o al Gallardo terrenal? El primero, entre 2014 y 2022, ganó catorce títulos, incluyendo dos Libertadores, y convirtió a River en un protagonista del fútbol continental. El segundo, en cambio, fracasó en Arabia Saudita y regresó a River para un segundo ciclo sin coronas, después de una inversión millonaria y con un desenlace pobre.

Diego Latorre, comentarista de ESPN, resumió el enfoque necesario al señalar que para evaluar a un entrenador hay que considerar también los fracasos, no solo lo logrado: “Para decir ‘es un gran entrenador’ hay que contemplar también los fracasos de ese entrenador, no solamente lo que logró. Hay que tener dos miradas, porque podemos caer en el error de elegir la mirada que más nos conviene y no la de la realidad futbolística... Por eso digo: para juzgar la capacidad de un entrenador hay que poner todo en una balanza”.

Ese razonamiento encaja con el caso Gallardo. La FEF podría estar mirando más la estatua que los descalabros en Al-Ittihad y en River Plate. La historia del primer Gallardo no puede borrarse, pero tampoco debería eliminarse la del segundo.

Así, una cosa es contratar a un hombre que alguna vez lo ganó todo, y otra es contratar el presente de ese mismo entrenador. La estatua puede seguir representando el pasado y el brillo de las Copas Libertadores, pero si Gallardo llega a la Selección, no arribaría la estatua: llegaría el hombre. Y con un costo seguramente millonario, la FEF se expondría a reunir dos fracasos que nadie puede negar, el momento de Gallardo y el de la Tri.

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