La Euroliga y el modelo NBA: choque de prioridades que pone en riesgo a 12 equipos

Imagen gracias a: El País (América)

La Euroliga y el modelo NBA: choque de prioridades que pone en riesgo a 12 equipos

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La propuesta de un acuerdo entre la NBA y la Euroliga se percibe como un proceso complejo, con dudas sobre cambios de fondo en el enfoque deportivo. El planteamiento estadounidense implicaría que 12 de los 20 equipos actuales quedarían fuera del escenario si se reordenara la presencia por ciudades.

La posibilidad de que la NBA alcance un acuerdo con la Euroliga se ha instalado como un asunto especialmente complejo, a pesar de la confianza mostrada por el Comisionado de NBA, Adam Silver, en declaraciones realizadas horas después de conocerse la negativa de los clubes europeos reunidos en el Lago Como.

Los interrogantes que venían planteándose desde hace meses no se han disipado. Aunque se filtraron algunas modificaciones respecto al planteamiento inicial, los cambios no parecen alterar las cuestiones centrales que la Euroliga y sus clubes deben considerar. En primer lugar, no se ve viable un giro en la cultura deportiva del modelo NBA que lo acerque al modelo europeo. En Estados Unidos, el éxito se asocia a la capacidad de convertir la organización de una competición deportiva en un negocio. En Europa, en cambio, las competiciones se organizan y el negocio se orienta a hacerlas posibles. Esa diferencia marca objetivos y prioridades distintos.

Por ello, en la visión de NBA tendría poco peso la presencia de equipos en ciudades como Belgrado, Kaunas, El Pireo o Tel Aviv, mientras que sí se valoraría contar con representación en Londres o Manchester. Bajo ese esquema, quedaría en la práctica comprometida la continuidad de 12 de los actuales 20 equipos que hoy disputan la mejor competición de baloncesto en Europa. A esto se suma otra consecuencia, considerada segura: los clubes perderían la capacidad de decidir sobre su propio futuro, un elemento que fue la motivación principal para la creación de la Euroliga en el verano del año 2000. Depender de lo que decida un tercero, antes FIBA y ahora NBA, se describe como un retorno a la casilla de salida y un retroceso histórico sin precedentes. Incluso la UEFA, se recuerda, ha avanzado en dirección contraria al integrar a los clubes en la gestión de la Champions League.

La opción de que los clubes europeos hagan caja mediante la venta de sus acciones en la Euroliga no se presenta como una ventaja real. El argumento central contrasta esa supuesta oportunidad con los 500 millones de euros que, al parecer, cada uno tendría que pagar para comprar una franquicia y participar en una competición que ya era suya y a la que han dedicado esfuerzos deportivos y económicos.

Además, la NBA ha advertido con transparencia que el retorno de esa inversión exigirá décadas para que los clubes alcancen beneficios suficientes como para compensar al inversor. Con ese marco, el escenario de clubes sin pérdidas no aparece como algo cercano en el tiempo.

En este contexto, no se consideran razonables los términos de una operación que la propia NBA describe como una colaboración con la Euroliga, a la que el autor afirma haber animado en estas mismas páginas. Por el contrario, se plantea que el modelo se asemeja más a una compra orientada a eliminar del mercado a un competidor.

Aunque se especula con que la NBA podría mejorar su oferta, no se concreta hasta qué punto esa mejora sería posible sin que la operación perdiera sentido económico para la liga americana y para sus propietarios. Aun si la valoración de la Euroliga aumentara para que los clubes ingresen más por la venta, se sostiene que no se resolverían los inconvenientes señalados anteriormente.

Ante la situación actual, se considera cada vez más lógica la apuesta de la Euroliga por seguir capitalizando los progresos de las últimas dos décadas. La idea es utilizar el crecimiento del negocio global de la liga para reinvertir en ella, ampliar el número de clubes propietarios y seleccionar de forma ventajosa el capital externo interesado, con el fin de mejorar la infraestructura digital y actualizar los pabellones.

Se subraya que movimientos que la Euroliga ya inició en Como, en paralelo a la negativa hacia la NBA, no incurren en los riesgos descritos y, además, permitirían a los clubes monetizar con mayor provecho que lo que plantea la NBA, sin necesidad de esfuerzos económicos que hoy no estarían al alcance ni responderían a la realidad del baloncesto europeo. En opinión del autor, esto debería ser un objetivo y no una táctica de negociación.

Jordi Bertomeu fue el fundador de la Euroliga y su presidente entre 2000 y 2022.

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